EN LA CATEDRAL Y EN LA ESTACION SUD

Dos relojes, dos presentes diferentes

9/9/2012 | 09:00 | Colocados casi en la misma época, dos de los relojes emblemáticos de Bahía Blanca corren por estas horas distinta suerte, a pesar de tener ambos sus maquinarias en perfecto estado. Mientras el centenario reloj de la Iglesia Catedral Nuestra Señora de la Merced --frente a la Plaza Rivadavia-- lleva ocho meses sin funcionar, el no menos tradicional reloj de la Estación Sud ha recuperado su marcha, luego de años de mantenerse quieto.




 Colocados casi en la misma época, dos de los relojes emblemáticos de Bahía Blanca corren por estas horas distinta suerte, a pesar de tener ambos sus maquinarias en perfecto estado.


 Mientras el centenario reloj de la Iglesia Catedral Nuestra Señora de la Merced --frente a la Plaza Rivadavia-- lleva ocho meses sin funcionar, el no menos tradicional reloj de la Estación Sud ha recuperado su marcha, luego de años de mantenerse quieto.


 En el primer caso, el reloj de cuatro cuadrantes adquirido a una firma francesa por suscripción popular y colocado en 1904 en una de las torres de la Catedral dejó de funcionar por la imposibilidad que se tiene hoy para darle cuerda. Es que para cumplir esta tarea artesanal debe accederse a una escalera de madera, también centenaria, que presenta riesgos en su estabilidad.


 "Muchos de sus escalones no dan para más. Realmente es un riesgo utilizarla", explicó a "La Nueva Provincia" el ingeniero Andrés Romero, quien hace varios años se encargó de la reparación del valioso mecanismo y se encarga desde entonces de darle cuerda cada 15 días a la maquinaria ubicada en el piso inferior a los cuadrantes.


 Romero viene alertando desde hace al menos cuatro años sobre el mal estado de ese elemento de acceso, aunque la falta de recursos del templo ha impedido su reparación.


 Por otra parte, llamó la atención sobre el riesgo que supone la presencia de las dos pesadas campanas que marcan las cuartos y las medias horas, las cuales se encuentran sujetas a dos vigas de madera que se muestran en muy mal estado.


 "Esa es mi mayor preocupación. Porque lo de las escaleras se resuelve con no usarlas, pero si esas campanas se desploman puede ser muy riesgoso", agregó.


 Romero indicó que el hecho de no poder acceder al reloj perjudica a su maquinaria, ya que la misma no puede aceitarse de manera adecuada y la falta de funcionamiento la afecta.

Perfecto. Una situación diferente vive el reloj de la estación de trenes de la avenida Cerri, reacondicionado por el propio Romero, con un trabajo que requirió de sus conocimientos, paciencia y dedicación.




 "La maquinaria quedó perfecta, con todas sus piezas originales y funcionando de manera adecuada", explicó el profesional.


 Recién llegado de Inglaterra, donde fue nombrado miembro de la sociedad británica de relojería, Romero resaltó las óptimas condiciones de este reloj de un cuadrante, de origen británico, cuya fabricación data de 1880.


 En este caso, la tarea de darle cuerda se realiza de manera semanal, accediendo a una pequeña terraza donde se ubica el cuarto que contiene la maquinaria. La misma es realizada por personal del museo FerroWhite.


 "Es una tarea sencilla pero que exige hacerla de manera regular, una vez a la semana", comentó Gustavo Monacci, personal del mencionado museo que tomó a su cargo ese trabajo. Básicamente la labor requiere enrollar un cable de acero a un cilindro mediante una manivela, elevando de esa manera un contrapeso de unos 60 kilos.


 "El reloj funciona de maravillas. Está impecable, aceitado y en muy buen estado", señaló Monacci.





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