Viaje al fondo de la verdad
Claveles en el mar. Rojos y blancos como los quería Omar.
Hace 30 años que Gladys se los ofrenda sobre las aguas whitenses, testigos de aquella despedida del 6 de febrero de 1982, cuando cumplían 2 años de casados y quedaron en reencontrarse en abril, para el nacimiento de su primer hijo.***
–¡Tito...! No voy a llegar a conocerlo...
–Pará, Omar... Calmate. ¡Y... tomá un poco más de leche...!
–Tito... ¡tapame las piernas...!***
La bomba de 500 kilos que atravesó el "Narwal" desató un infierno en las heladas aguas. Desde la proa, abrió un agujero de 7 metros de diámetro, bajó 2 cubiertas, siguió en forma recta hasta la sala de máquinas del guinche de pesca y explotó.
El cuerpo de Omar, quien alertaba a sus compañeros del ataque, chocó contra el de Lucio Bussetti.
Alejandro Gómez, el "Cachorro", despertado por los gritos de Omar, vio pasar el proyectil por el camarote del que alcanzó a salir a tiempo. En medio del pánico, a oscuras, corrió hacia las escaleras de proa. Allí vio malherido a quien le había salvado la vida.
Omar agonizó envuelto en una frazada.
–No voy a conocer a mi hijo –repitió sobre la cubierta, mientras Tito Zaragoza le sostenía el último cigarrillo.
Omar se había querido bajar en Mar del Plata para viajar a Bahía y conocerlo. No se lo permitieron.
–Tito, tapame las piernas –volvió a suplicar.
Los aviones volvieron por la banda de estribor con otra bomba de 500 kilos, que pasó entre la red y la cubierta; balas de 20 milímetros, cohetes de 80 centímetros y 4 pulgadas de diámetro. Unos pescadores trataban de tapar los huecos; otros, de armar balsas con tambores y sogas porque los botes salvavidas no estaban en condiciones. Todos fueron un blanco demasiado fácil.
La metralla hizo "patitos" en el mar, como en las películas. Tito trató de desplegar una sábana blanca, pero González Llanos, el oficial de la Armada que estaba en el “Narwal”, no lo dejó.
El cuerpo de Bussetti soportó 37 esquirlas. Otros 3 tripulantes, Tito Zaragoza, el marplatense Carballo y el puntaltense Miño, también fueron alcanzados por las balas británicas
Omar murió sobre las 11, y el "Narwal", 4 días después, se llevó al fondo del océano el triciclo que en Buenos Aires le había comprado a su hijo nacido el 9 de abril, en Bahía Blanca. * * *
Claveles rojos y blancos en el mar, un rito de estos días de mayo.
Las manos de Gladys, sus lágrimas...* * *
Ocho barcos hundidos y 23 con graves daños sufrió la flota inglesa. Las posiciones de muchos de ellos fueron precisadas desde el "Narwal", mientras el teniente de corbeta Juan Carlos González Llanos operaba el equipo de comunicaciones que se le había instalado posiblemente en Mar del Plata.
Alejandro Gómez afirma que en el pesquero no había armas y que de muchas cosas se enteró después.
"Jamás nos dijeron que íbamos a hacer inteligencia", dice.
Tito Zaragoza recuerda que pescaban calamares cuando de repente se fueron a Mar del Plata, donde los recibieron efectivos de la Armada y subió González Llanos.
"Quedamos 25, los más veteranos, salvo el ‘Cachorro’, que se quejó tanto que lo dejaron venir. Sólo nos indicaron que teníamos que rescatar heridos y asistirlos con alimentos y abrigos. Con el paso de los días me empezó a extrañar que no tirábamos las redes. Además, ya se escuchaban palabras raras", evoca.
"Abadejo" significaba portaaviones y "salmón", una corbeta.
Cuando Lucio Bussetti, a las 48 horas de zarpar desde Mar del Plata, se dio cuenta del rumbo por los compases luminosos, notó que el derrotero se proyectaba muy lejos de la costa.
–¿Adónde vamos? –preguntó.
–Callate, Lucio –reaccionó el capitán de pesca Asterio Wagata.
Después González Llanos explicó la situación y no se pescó más, aunque ni bien aparecían los helicópteros ingleses se desplegaban las redes.
–¿Así que vos sos el hombre de la guerra? –lo cuestionó Lucio, quien describe los ojos del oficial “verdes como un hielo”.
–¿Cómo están funcionando las máquinas? –fue la respuesta.
"Nos confirmó que estábamos en un buque espía y se armó un tole-tole... pero a esa altura no teníamos muchas opciones", agrega Tito.
Lucio, quien resalta "el coraje y el valor humano" de González Llanos, afirma que el 27 de abril fueron sobrevolados por helicópteros Sea King y que el 1 de mayo medió el contacto con un submarino.
El 2 de mayo, ante el hundimiento del crucero "Belgrano", donde hubo 323 muertos, el “Narwal” orientó su marcha en procura del rescate de sobrevivientes.
"La zona de exclusión en torno de las Malvinas, fijada por los ingleses, se redujo de 200 millas a 18. Quedamos indefensos. Después vimos los restos de la fragata "Sheffield", abatida el 4 de mayo por aviones argentinos. A las pocas horas nos interceptó otro submarino. Fue la advertencia final. Ya sabían lo que hacíamos por un satélite norteamericano", señala Gómez.
El pesquero quedó entre dos naves inglesas, el "Hermes" y el "Invincible". Una tormenta, con olas de hasta 14 metros, lo dejó sin los tambores de aceite y no hubo más remedio que emprender el regreso al continente.
"Todos los marineros ocupaban la banda de babor, bajo la cubierta principal, pero, curiosidades del destino, se fueron pasando a la de estribor, como Jorge Merino, con quien hemos perdido contacto. Eso, el día del ataque, evitó muchas muertes", reflexiona Lucio.
Casi todos dormían vestidos esa mañana del 9 de mayo. Tito y Omar jugaban a las cartas.
–¡Nos atacan...! –gritó Omar ni bien sintió el ruido de los aviones y corrió hacia los camarotes.
"Omar chocó contra mi cuerpo. Dos días antes me había dicho que ya no aguantaba más sus medias sucias y yo le regalé unas que me habían quedado de mis tiempos en Estrella, cuando él venía a ver los partidos de básquet", cuenta Lucio.
Durante el segundo ataque, Tito cayó al agua.
"Me sacaron muy pronto, de lo contrario me hubiera muerto congelado. Alejandro, que me daba whisky y cigarrillos, me relataba lo que estaba pasando".
De 4 Sea King bajaron 30 hombres de las fuerzas especiales que ocuparon raudamente el "Narwal". Primero arriaron la bandera argentina, izaron la inglesa, tomaron las libretas de embarque y se llevaron a los heridos y el cuerpo de Omar.
"Me apuntaban... Me sentí un prisionero judío frente a un pelotón nazi. Creí que nos fusilaban, hasta que vi que cargaron a Lucio y a Tito. Luego, a todos los demás", se conmueve Alejandro.
Tras varias horas de vuelo en los Sea King, que se reabastecieron en el aire, los heridos llegaron al "Invincible".
El 10 de mayo, envuelto en una bandera argentina, el cuerpo de Omar Rupp cayó al mar desde la nave insignia de la Marina Real Británica.Soup... sopa
Tito se acuerda de un enfermero, Mateo, que le hablaba en español y que él sólo podía decir que se sentía paralítico.
Lucio revive el dolor de las esquirlas, tenía 3 en un mismo agujero, y el momento en que se reencontró con Miño, que había perdido un ojo y tenía un parche de pirata.
"Nos dieron overoles azules y, en total, pasamos unas 2 semanas en el `Invincible´. El primer día me sacaron radiografías y me dormí. Al despertarme vi al comandante John Black y me vino un ataque de risa, tal vez producto de la morfina. El médico que lo acompañaba se llamaba Robert Taylor, como el actor. Cuando Black me preguntó de qué me reía, le dije que me hacía acordar al navegante solitario Sir Francis Chichester, quien había dado la vuelta al mundo entre 1966 y 1967. Todas las noches venía a conversar conmigo porque yo hablaba un poco de inglés. Fue muy extraño. Una vez hasta me armó un cigarrillo y otra, creo que el 13 de mayo, me confirmó que el ‘Narwal’ se había terminado de hundir".
–Soup... soup.... –anunciaban los mozos de la India que servían la comida.
–Sopa de concha otra veeeez. ¡Sopa de cooooncha! –les contestaba Tito.
–¡Sopa de concha! –terminaron por repetir los indios.
"Podíamos salir a la cubierta media hora a la mañana y otra media a la tarde. Recibimos la misma atención médica que los ingleses. Nunca nos maltrataron", puntualiza Lucio.
Quince alarmas rojas contaron los pescadores en el "Invincible" y varias veces comprobaron el pánico que invadió a los ingleses. Ya trasladados al "Hecla", supieron que el legendario portaaviones había sido averiado por los aviones argentinos.
"Los ingleses nunca lo reconocieron, pero vi a una enfermera que lloraba porque a su hermano, que estaba en el ‘Invincible’, lo habían herido", confirma el uruguayo Morales.
Luego de unos días en el "Uganda", los pescadores volvieron al "Hecla", que los condujo al puerto de Montevideo. Buenos Aires estaba cerca. Bahía y White, también.
La carta naval indica que el "Narwal" duerme en el fondo del Atlántico, a 52 grados, 45 minutos de latitud sur y a 58 grados, 2 minutos de longitud oeste.
La carta no dice que sigue despierto en el corazón de sus pescadores... y que cada mayo se cubre de claveles. Rojos y blancos.
Alejandro Norberto Gómez pudo haber combatido en las islas, pero fue exceptuado del servicio militar obligatorio por número bajo. Tenía 20 años en 1981, cuando fue contratado como marinero por la Compañía Sudamericana de Pesca.
Le decían, le dicen, "Cachorro". Varias veces le ordenaron bajarse en Mar del Plata, pero pidió quedarse en el barco junto a sus amigos.
Milagrosamente, no fue herido en el ataque del 9 de mayo de 1982. Tras casi un mes como prisionero, de vuelta en Buenos Aires, fue interrogado por hombres de la Armada.
"Si hablás, a la vuelta de la esquina podés tener una sorpresa", le advirtieron.
Cuando retornó a White, lo recibieron como si hubiera logrado un gran triunfo deportivo.
"Llegué a casa el 6 de junio, en medio del júbilo. En cambio, después de la rendición, los colimbas que pelearon en las Malvinas volvieron de noche y a escondidas", compara.
En 1983, decidió completar las materias que le faltaban en una Escuela de Educación Técnica y luego partió hacia La Pampa. De regreso, ingresó en el Polo Petroquímico, donde todavía trabaja. Se casó y tiene 2 hijos, de 20 y 11 años.
"Hasta 1989 sufrimos la ‘desmalvinización’ y yo perdí precisiones de los hechos, registros... Fue muy duro. Para no encerrarme, trato de ver el problema como si fuera de otro y espero recuperar las islas en honor de quienes perdieron la vida por ellas".
Cada mayo, Alejandro Gómez tiene que volver a enfrentarse con los fantasmas.
U-ru-gua-yo.
Roberto Jesús Morales Araujo es de Montevideo. Tiene 57 años. Por una hermana que vivía en Punta Alta, cruzó el Río de la Plata y se vino por primera vez en 1976. Trabajó en varias partes. Se fue, volvió, sacó la libreta de embarque y en 1981 se subió al "Narwal".
Las balas inglesas no llegaron hasta su cuerpo, pero el drama está latente en su memoria.
"El ataque, que me pareció eterno, se repite para esta época. Después de 6 meses volví a navegar y me radiqué en Bahía Blanca".
Roberto, aunque no lo evidencia, dice que perdió la tranquilidad, pero que no ha recurrido a la asistencia psicológica.
Navegó 15 años más, se casó con una misionera y tiene 2 hijas bahienses. Vive en Villa Harding Green, es portero de la Escuela de Artes Visuales y sigue siendo hincha de Peñarol.
U-ru-gua-yo...
"El cuerpo me quemaba y me sentí morir, pero soy católico y, cuando el final parecía tan cerca, me abracé a lo que creo".
Lucio Bussetti es whitense, tenía 27 años, pesaba 98 kilos y medía 1,95 metros. Había jugado al básquet en varios equipos y venía de ser campeón con Estrella. Cuando se embarcó en el "Narwal" estaba a punto de casarse. Fue herido en el último ataque de los Sea Harrier. Entre las piernas, el abdomen y la espalda recibió 37 esquirlas.
"Fue un campanario de bomba y metralla. El miedo te deja sin aire y lo corroboré después, como prisionero en el ‘Invincible’. Ante los ataques de los aviones argentinos vi cómo las máscaras antiflama de los ingleses se estiraban por ese miedo que impide respirar y que se queda dentro de uno".
Volvió pesando 72 kilos y la rehabilitación le llevó 10 meses. Se las arregló como pudo y casi sin recursos económicos, hasta que se “apiadó” un gerente técnico de la empresa Productos de Mar y pudo embarcarse en el pesquero "Kaleu Kaleu". Tiene un hijo de 25 años. Se jubiló en 2011 como jefe de máquinas.
"Para mí, es imposible olvidar aquella experiencia que por estos días vuelve intensamente. La guerra no sirve por las muertes, pero el hombre no termina de aprenderlo".
Lucio Bussetti nunca pudo apartarse de su destino en el mar.
Aunque ya pasaron 30 años, hasta que no se va mayo a Carlos Roberto Domínguez el tiempo se le vuelve insoportable.
"Revivo todo y se me altera el carácter", asegura.
Carlos es de Villa Mitre y en 1982 tenía 30 años, era marinero, estaba casado y era padre de un bebé. De regreso, tuvo que dar muchas vueltas hasta recuperar el trabajo y ante tantas puertas cerradas se sintió abandonado. Finalmente un tío, militar de alto rango, le permitió emplearse en YPF. Siguió navegando hasta que, con la privatización, dice, se regalaron los barcos. Luego lo tomaron en un pesquero coreano.
"Las Malvinas, como YPF, son argentinas. En 1982, las islas se pudieron haber recuperado sin necesidad de tantas muertes. Fue una guerra que pretendió salvar a los militares que nos gobernaban y que terminó por agravar el conflicto. Hoy, los ingleses no tienen interés en entregarlas, porque desde ellas controlan el paso hacia la Antártida".
Carlos tiene 4 hijos y hace unos 7 años que es portero de la Escuela 403. Nunca estuvo bajo tratamiento psicológico. Para él, la mejor terapia fue la constante comunicación con "los muchachos del Narwal".
Tito Zaragoza soporta las heridas en cuerpo y alma.
El pibe alegre se ha vuelto irritable y sufre un 20 por ciento de discapacidad física.
Llegó al "Narwal" cuando, buscando trabajo, encontró a Omar Rupp y él lo conectó con la Compañía Sudamericana de Pesca. Se embarcó en Buenos Aires, como encargado del sistema de frío.
"Fui testigo de las 2 caras de la Plaza de Mayo. Primero vi cómo la policía reprimió fuertemente a los que se manifestaron en contra de la dictadura y, días más tarde, cómo fue ovacionado Galtieri cuando, con las islas recuperadas, desafió a los ingleses: ‘Si quieren venir, que vengan...’".
Después de los ataques, tardó 11 días en mover las piernas y en controlar los esfínteres. Estuvo internado en el ‘Invincible’. De allí mandó una carta escrita con lápiz, que llegó a Bahía Blanca cuando él ya estaba en su casa.
"Me sostuvieron con suero y morfina. La herida más grande fue la espalda, pero me salvé, pude volver y allí empezó otra dura historia. Tardé en recuperarme. Me hacían ir al hospital de Puerto Belgrano a las 7 y recién me atendían a las 13. Ibamos todos los días con Lucio, hasta que nos acobardaron. Pasé 23 años sin trabajar, con 2 hijos que mantener y sin ayuda del Estado".
Con deficiencias auditivas y una catarata traumática, volvió a navegar, trabajó en YPF y, desde hace 9 años, es cocinero en una escuela de Villa Bordeu.
Luis Roberto Zaragoza, Tito, tiene 54 años. Es bahiense y padre de 3 hijos. Vive en el barrio Maldonado. Mientras habla, sus manos se aferran al pulóver de cuello alto que llevaba hace 30 años, todavía manchado de sangre y con los agujeros de las balas inglesas.
Omar Alberto Rupp y Gladys Susana Sánchez se conocieron por una prima de ella, que era la novia de un amigo de él.
Omar era de White y ya se ganaba la vida en el mar; Gladys vivía en el bulevar Juan B. Justo, cerca de la cancha de Huracán.
Después de 3 años y medio de noviazgo, se casaron en la iglesia del Inmaculado Corazón de María, el 23 de febrero de 1979.
Raúl, el papá de Gladys, quien ocupaba un importante cargo en el ferrocarril, nunca pudo convencer a Omar para que dejara la pesca.
El navegaba durante 3 meses y pasaba uno en tierra. Ella lo esperaba en la casa de sus padres.
"Nos despedimos el 6 de febrero. El ‘Narwal’ zarpó de White y yo estaba embarazada de 7 meses. El había planeado regresar en abril para el nacimiento de Darío. Incluso ya le había elegido el nombre".
Darío nació el 9 de abril. Omar y Gladys hablaron por teléfono unos días después.* * *
La radio Carde, desde Montevideo, anunciaba un ataque al “Narwal” y la muerte de un marinero nacido en Ingeniero White.
Ese 9 de mayo, Gladys amamantaba a Darío.
"La radio decía que había sobrevivientes. Pensé que Omar debía salvarse porque él siempre había estado en el mar. Pasaron los días, se acabaron las noticias y el 14 de mayo sonó el timbre de casa. Mi papá fue hasta el puerto y allí le confirmaron la muerte".
Viuda a los 25 años, Gladys se abrió camino entre la soledad y el dolor. Trabajó en una fábrica de fideos (Barrita de Oro) y cree que salió adelante con el respaldo de sus padres (Raúl y Tití) y la ayuda de los compañeros de su marido.
Desde 1964, vive con sus padres en una casa del barrio San Martín. Está convencida de que Omar nunca hubiera aceptado dejar la navegación.
"El mar era su vida. Nuestro hijo es la razón de mi vida. Lo hubiese visto hoy, todo un hombre y con un hijo de 2 años...".