Un nuevo percance impidió el izamiento de la máquina
Cuando parecía inminente el izamiento de la máquina sepultada en un pozo a trece metros de profundidad y, por ende, el rescate del obrero que permanece desaparecido desde el pasado jueves, un nuevo percance volvió a frustrar las intenciones de los brigadistas, demorando el procedimiento.
Fue así que anoche continuaban llevándose a cabo ingentes esfuerzos en la planta de la empresa Dreyfus, en Puerto Galván, para poder retirar del lugar el cuerpo de César Benítez, de nacionalidad paraguaya y de unos 30 años de edad.
Mientras tanto, en declaraciones formuladas durante la mañana, la mujer de la víctima sembró dudas sobre la seguridad de los trabajadores de la obra, al manifestar que su marido no era especializado en la operación de maquinaria pesada.
"Hasta donde yo sé, él no es especialista en esto. El es carpintero y se maneja en otro trabajo. Me llama mucho la atención; no sé por qué estaba ahí adentro, en el pozo, por qué lo bajaron si era carpintero... El estaba excavando la tierra, era un lugar donde no tenía que estar", afirmó Miriam González.
La mujer, notablemente acongojada por la inexplicable demora en concretar el rescate, mantuvo ayer contacto telefónico con "La Nueva Provincia", ya que permaneció casi todo el día dentro del predio de las instalaciones de la multinacional Louis Dreyfus, escenario del accidente, e incluso tuvo que ser asistida en la enfermería, al sufrir una descompensación.
"No había ninguna cuestión de seguridad, ni escalera, ni salida de emergencia", expresó González.
Al igual que el lunes, cuando se entrevistó con los medios televisivos, la mujer de Benítez recalcó que están "intrigados" por la demora en el procedimiento, teniendo en cuenta que el accidente ocurrió el jueves a la tarde.
"No entendemos por qué no lo pudieron sacar antes, de otra forma, más rápido. Hay muchas cosas que pueden usar y no lo están usando; el gobierno o quien sea tendría que haber puesto otro tipo de material", enfatizó.
Benítez y ella se casaron hace 11 años y fueron padres de un niño de 6 años y una niña de 4, residiendo en el barrio porteño de Villa Soldati, en proximidades de los terrenos que hace algunos meses fueron usurpados y despertaron una gran polémica pública.
"Estamos viviendo momentos agobiantes, de mucho dolor, mucha presión y desesperación por sacarlo de ahí; son seis días que está ahí adentro, estamos todos destrozados", dijo Miriam.
Manifestó, en cuanto al operativo, que "ya tienen" a la máquina virtualmente a la vista, "pero no lo pueden sacar por el tema del barro".
"Están sacando el último escombro al lado, para poder sacarlo y tienen que limpiar toda la máquina, porque está succionando el barro y no la pueden sacar de abajo", amplió.
En su opinión, faltó personal especializado para actuar en la emergencia.
"No hubo expertos en ningún momento, eran compañeros de él y nada más... Están ellos solos y la Prefectura, ahora a cargo", sostuvo.
De todas maneras, admitió que tanto Dreyfus, propietaria de la planta cerealera donde se están realizando los trabajos, como IGM Construcciones, subcontratista de obra, "en todo momento están con nosotros; de eso no tenemos quejas, para nada, porque tenemos gente especializada para contenernos".
Muy cerca
A media mañana de ayer, cuando comenzó la actividad de las grúas, el rescate de César Benítez parecía inminente.
Sin embargo, con el correr de las horas, esa situación volvió a modificarse, por una falla en las planchuelas metálicas utilizadas para el apuntalamiento de la excavación, que en algunos casos cedieron.
Un vocero cercano a la actividad de los brigadistas reconoció que hasta que "hubo un intento por retirar" la pequeña excavadora, tipo Bobcat, en la cual estaría Benítez, pero que no consiguieron hacerlo.
Dos buzos de la Prefectura de Bahía Blanca descendieron mediante una canasta metálica sujeta al extremo de un cabo pendiente de una de las grúas --ayer se sumó la segunda-- e hicieron contacto visual con la máquina, a no más de 30 o 40 centímetros.
Durante más de una hora (bajaron a las 10.41 y los retiraron a las 11.43), inspeccionaron el sector y habrían establecido que la pala mecánica estaría en posición normal.
Sin embargo, luego de que la otra grúa (Grove KMK 6.300), mediante la utilización de una pala tipo "almeja" y otra para prensar, retirara agua, tierra y barro, algunas planchuelas de apuntalamiento se movieron.
En consecuencia, durante las primeras horas de la tarde hubo que detener el operativo y reordenar la acción para reafirmar las paredes, teniendo en cuenta que el nivel del mar (a las 15.08 se produjo la pleamar) dificulta notablemente la labor, a más de diez metros de profundidad.
En el accidente, tal como informáramos ampliamente, además de Benítez, también se vieron afectados otros tres trabajadores: los hermanos Damián y David Flores y Maximiliano Contreras, quienes lograron salir a tiempo tras el primero de los dos derrumbes, pese a que este último sufrió heridas en su mano izquierda y la amputación de tres dedos.
Fracasó un intento por levantar la máquina
Poco antes del atardecer, los brigadistas habían logrado sujetar uno de los brazos de la pala mecánica situada a unos trece metros de profundidad y junto a la cual se hallaría el trabajador desaparecido, pero el mismo se desprendió y hubo que suspender momentáneamente esa tarea, volviéndose a realizar trabajos de extracción de lodo y apuntalamiento.
Así lo informó el prefecto Pablo Alexis Navarro, segundo jefe de la Prefectura de Bahía Blanca, quien se encontraba en el lugar donde se lleva a cabo el operativo.
Por medio de una de las grúas en operaciones, dijo el funcionario, se había conseguido "eslingar" uno de los brazos de la máquina que operaba Benítez al momento del siniestro, pero éste se rompió y el izamiento de la pala se postergó.
Tras ese intento fallido, sostuvo Navarro, se realizó una reunión de la que participaron todos los rescatistas, para establecer de qué manera seguirían los trabajos.
Se pudo observar que, alrededor de las 18.10, una grúa Grove KMK 6300 sacó a la superficie otro de los pesados pilotes situados en el fondo del pozo, para facilitar los trabajos de rescate. Y unos cinco minutos después descendió la canasta metálica con dos brigadistas, quienes ajustaron los cabos para retirar el resto de la columna enterrada.
Pasadas las 18.30, una de las grúas bajó a la excavación una pala para extraer agua y barro, pero la herramienta volvió a subir vacía.
Alrededor de las 19, una segunda grúa Tecmaco comenzó a enterrar a mayor profundidad las planchas de apuntalamiento, con el objeto de evitar nuevos desmoronamientos de tierra, trabajos que continuaron hasta bien entrada la noche.