Millamapu, casi un pueblo con vida propia
Caminar la tarde en Millamapu es similar a hacerlo en un pueblo cercano. Los silencios cotidianos de sus calles sólo se ven interrumpidos por el paso esporádico de vehículos, por los saludos de los vecinos que se conocen por nombre y apellido o por algún que otro ladrido.
Las calles ayudan a esta imagen de lugar remoto. Sin veredas ni asfalto, sólo basta un poco de viento para que una nube de tierra suspendida le brinde otro color al horizonte.
Donde algunas décadas atrás convivían tambos y hornos de ladrillos hoy se desarrolla un barrio de modernas construcciones y un sector comercial que abastece también a comunidades vecinas.
Según señalan antiguos pobladores, desde 1997 el barrio tomó un impulso que hasta hoy no da visos de agotamiento.
Muestra de ello es la redefinición de sus alcances: si bien las avenidas Jorge Newbery (hoy Raúl Alfonsín) y 14 de Julio, junto con la calle Miguel Victorica continúan siendo sus límites, el barrio se extendió hacia el este, desde Matheu y Remedios de Escalada hasta Coronel Rosales.
Hacia estas últimas arterias la edificación crece cada día, así como el proyecto --hoy pronto a concretarse-- de una nueva plaza circular. Este espacio verde se sumará al ya existente y contará con una pista de salud, además de juegos infantiles.
Las falencias. Sin embargo, no todo es evolución y progreso en Millamapu. Como sucede en barrios aledaños, la comunidad reclama desde los años '80 la instalación de desagües cloacales, un servicio que ahora podría hacerse realidad gracias a la ejecución del colector Patagonia.
Asimismo, un 20 por ciento de los domicilios carecen de agua, gas y energía eléctrica, sobre todo en el área recientemente incorporada.
Sin contar con instituciones educativas, la Sociedad de Fomento se ha constituido como el único espacio de contención y promoción de actividades culturales y sociales que abarcan desde talleres de escritura y telar mapuche a taekwondo y tallado en madera.
Postergado quedó el proyecto de instalar una unidad sanitaria -- debido a su cercanía con la del barrio Patagonia--, así como el de una guardería destinada a una parte significativa de la comunidad: los niños.
Tierra dorada. La escritora Perla Flores logró en dos años reconstruir la historia de Millamapu en base a los testimonios orales de vecinos y material fotográfico en poder de algunas de primeras familias que habitaron el sector.
Según sus relatos, las tierras pertenecieron a doña Hortensia Emilia Cabrera, propietaria de un extenso campo donde se llegaban a obtener hasta 15 bolsas por hectárea de trigo, y existían varios hornos de ladrillo que se disponían en dirección a la actual avenida Newbery.
"El barrio comenzó a surgir en forma espontánea, luego de que Diógenes Cabrera heredara el terreno y vendiera los lotes a precios muy bajos. Las actividades agropecuarias se fueron apagando y las primeras familias empezaron a construir sobre la calle Urtasun", explicó Flores.
A partir de entonces lo que movilizó a la comunidad fue la búsqueda de servicios: no había luz ni electricidad y el agua la debían obtener de un molino.
"El agua fue un tema terrible porque constantemente los vecinos provocaban incendios en los pastizales para ahuyentar a la gran cantidad de víboras que habitaban el lugar e ingresaban en las casas", dijo.
Con el paso de los años la situación cambió, así como el paisaje, sobre todo cuando la laguna que corría por calle Matheu fue secada para dar lugar a más calles de tierra.
También, sobre Spilimbergo, se estableció la Sociedad de Fomento, entidad fundada, entre otros vecinos, por Mario Daria, quien le dio nombre mapuche al barrio: Millamapu. Es decir, tierra dorada.
Datos del barrio
* Alcance: entre 14 de Julio y Coronel Rosales, Victorica y Jorge Newbery (hoy Raúl Alfonsín).
* Gas: 80 por ciento
* Agua: 80 por ciento
* Electricidad: 80 por ciento
* Asfalto: sólo una calle asfaltada.
* Obras sanitarias: no posee.
* Transporte: línea 507.
* Instituciones: Sociedad de Fomento, dos iglesias y un centro de jubilados.
* Actividades culturales: en la Sociedad de Fomento se ofrecen talleres de alfarería, telar, cocina y tallado en madera, entre otras.
* Actividad comercial: sobre la calle 14 de Julio.
Los vecinos tienen la palabra
* "El asfalto y cloacas son las principales carencias. Pero se compensa con la seguridad que me brinda criar a mis hijos acá, porque sé lo que es vivir la infancia en un pueblo y en nada se parece a la vida de la zona céntrica de la ciudad", Andrea Dumrauf, 39 años.
* "Llegué al barrio en 1966, pero recién en la última década se empezó a ver un crecimiento importante. Hoy me siento contento de pertenecer a esta comunidad y, la verdad, nunca pensé en irme. Este es mi lugar", Manuel Marcos Allapi, 65 años.
* "La tranquilidad con la que se vive acá no se encuentra en otro lado. Pero es una lástima tener tantas limitaciones en cuanto al transporte. A la noche puede que ni siquiera pase un colectivo y en caso de una emergencia eso es muy riesgoso", Ricardo Rebolledo, 27 años.
* "Hace unos días compré la llave de uno de los negocios de calle 14 de Julio. Sé que la zona trabaja muy bien y al conocer a la gente del sector me convencí de que la decisión fue la correcta. Hay muchos vecinos jóvenes que hacen que el barrio esté en continuo crecimiento", Eduardo Paredes, 35 años.
* "Lo que falta desde hace tiempo son nuevos espacios de contención para los más chicos y adolescentes. Que se generen talleres de verano, así como guarderías e instituciones educativas que nazcan acá y se extiendan hacia los demás barrios", María Elena Malaspina, 36 años.
Soledad Llobet/Especial para "La Nueva Provincia"