Bahía Blanca | Miércoles, 08 de abril

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Incidentes tras el fallo a un acusado de homicidio

Con un incidente de importantes dimensiones finalizó ayer el juicio oral y público por un homicidio ocurrido hace dos años en el barrio Stella Maris, cuando familiares de la víctima intentaron agredir al imputado tras conocer que había resultado absuelto por el beneficio de la duda. El hecho se produjo minutos después de que el Tribunal en lo Criminal Nº 2, integrado por los doctores Claudia Fortunatti, Daniela Fabiana Castaño y Guillermo Mércuri, diera a conocer el veredicto del debate llevado adelante contra Juan Domingo Silva (21), conocido como "Nino".

 Con un incidente de importantes dimensiones finalizó ayer el juicio oral y público por un homicidio ocurrido hace dos años en el barrio Stella Maris, cuando familiares de la víctima intentaron agredir al imputado tras conocer que había resultado absuelto por el beneficio de la duda.


 El hecho se produjo minutos después de que el Tribunal en lo Criminal Nº 2, integrado por los doctores Claudia Fortunatti, Daniela Fabiana Castaño y Guillermo Mércuri, diera a conocer el veredicto del debate llevado adelante contra Juan Domingo Silva (21), conocido como "Nino".


 El sujeto se encontraba sospechado de ser autor de la muerte de Daniel "El Loquillo" Marlia (19), hecho consumado el 17 de noviembre de 2007.


 De la misma forma, los magistrados condenaron al imputado a 5 años de prisión, al considerarlo coautor de un asalto consumado poco después del hecho de sangre en perjuicio de una pareja.


 Producto del violento episodio (ver "Corrida, golpes, gritos..."), Silva recibió un corte en uno de sus hombros, por lo que debió ser trasladado a un hospital para recibir atención.


 Al momento de realizar los alegatos, el fiscal Christian Long había solicitado la pena de 18 años de cárcel
para el joven, mientras que el defensor oficial Eduardo Zalba reclamó su absolución.



 De acuerdo con los testimonios y pruebas recibidas durante el juicio, el tribunal dio por acreditado que el hecho ocurrió a mediados de noviembre de 2007, poco antes de las 23, en Leopoldo Marechal y Crámer.


 Marlia, de acuerdo con lo que se estableció, recibió un único disparo en el pecho, cuando se encontraba frente a una plaza, donde funciona un quiosco familiar.


 El incidente tuvo lugar cuando la víctima, acompañada por su amigo Marcos Sebastián Blanchini, se disponía a comprar cervezas en el comercio de Daniel Huenten, y fue atacada virtualmente sin advertencia previa, según los dichos de los testigos.

Sin certezas




 Al momento de plantear su postura, la doctora Claudia Fortunatti, acompañada por el voto del doctor Guillermo Mércuri, sostuvo que las pruebas expuestas durante el debate "no la llevaron a un grado de certeza tal que formen la sincera convicción de que el encartado haya provocado la muerte de Roberto Daniel Marlia".


 Para arribar a su decisión la magistrada analizó las declaraciones de las dos personas que estuvieron en el lugar de los hechos, Marcos Sebastián Blanchini y Juan Carlos Rosales.


 El primero dijo que la tarde del 17 de noviembre de 2007, alrededor de las 18, se movilizaba en su moto cuando vio en una esquina a Daniel Marlia junto a Hernán Ulloa, alias "Copihue", la mujer de éste, y dos sujetos más, identificando a uno de ellos como Silva.


 Agregó que Marlia lo llamó y cuando se acercó al lugar notó que estaba discutiendo con "Copihue", que hubo un cruce de manos con una chica a quien apodan "La Rusa", y que el incidente acabó cuando se hizo presente una hermana del fallecido.


 Mencionó que más tarde se volvió a encontrar con Marlia y aceptó una invitación para tomar cerveza en su casa. Agregó que se encontraron en la vivienda y que salieron a comprar las bebidas a un quiosco del barrio.


 Declaró que descendió de la moto para adquirir la cerveza y que Marlia se quedó junto al rodado. Explicó que luego de tocar timbre en el lugar advirtió que dos sujetos venían caminando hacia ellos, argumentando que para él eran los mismos que esa tarde estaban junto a Ulloa.


 Comentó que, mientras esperaba ser atendido, escuchó que Marlia intercambiaba palabras con los individuos, pudiendo ver que uno de ellos, el de mayor altura, se llevaba la mano a la cintura.


 Al girar, escuchó un disparo y, al mismo tiempo, recibió un golpe en el rostro. Admitió que en ese momento salió corriendo por miedo a que lo maten, aunque a los pocos metros regresó y pudo ver a su amigo tendido en el suelo.


 Respecto de dichas consideraciones, Fortunatti resaltó que a preguntas de las partes sobre si estaría en condiciones de reconocer al acusado como el autor del mortal disparo, Blanchini expresó que "puede ser que fuera el imputado quien disparó pero no lo puede asegurar, porque había consumido varias cervezas y además había tomado algunas pastillas de clonazepam".


 "De lo expuesto surge claramente que el testigo Blanchini, `supone', `cree', `presume', que el autor del disparo sería el mismo sujeto alto que viera a la tarde y que identificara como Silva, por una campera azul con franjas rojas en las mangas que le viera vestir en otras oportunidades en que estuviera en el barrio, pero sin aportar la certeza necesaria para dar por ciertas sus afirmaciones", refirió Fortunatti.

El otro testimonio




 Respecto de lo declarado por Rosales, manifestó que el testigo relató haber escuchado un estruendo y que luego se dirigió hacia el quiosco para atender al llamado y ver el estado de la moto que había estacionado en la vereda.


 Dijo que al abrir la ventana vio a Blanchini y a dos personas que se encontraban a unos metros de distancia, una de las cuales esgrimía un arma de fuego. Mencionó que uno de esos individuos se acercó al local y agredió a Blanchini, por lo que cerró la ventana y se dispuso a salir a la calle.


 Describió que en ese momento pudo ver que dos personas se retiraban caminando y que un individuo se encontraba herido y tendido en el suelo.


 "Este relato, que resulta por demás creíble, no sólo choca con algunas afirmaciones efectuadas por Blanchini, resquebrajando el poder convictivo del testimonio brindado por aquel, sino que abre dos hipótesis distintas sobre el modo que en concreto se puede haber desarrollado el hecho aquí juzgado".


 En este sentido, Fortunatti sostiene que si los hechos se hubieran producido como relató el primer testigo, no hay explicación para que Rosales no hubiera visto el momento en el que le dispararon a Marlia.


 Por otra parte, resaltó el hecho de que Blanchini haya reconocido el consumo de alcohol y pastillas durante esa tarde.


 "Esa circunstancia no puede más que generar, cuanto menos, una duda que impide arribar al pronunciamiento pretendido por la fiscalía".

Posición diferente




 Por su parte, la doctora Daniela Castaño sostuvo que la autoría y responsabilidad penal de Juan Domingo Silva no admite dudas.


 "No concuerdo con la valoración que se ha efectuado de los principales testigos del evento criminoso, es decir de Juan Carlos Rosales y Marcos Blanchini", comenzó diciendo la letrada en el fallo.


 Mencionó que éste último dijo que el autor del disparo se parecía al imputado y que vestía una campera azul y roja, la que reconoció cuando le fue exhibida en el debate.


 Agregó que al solicitársele precisiones terminó reconociendo a "Nino" Silva como el responsable del disparo letal, mencionando que en principio "no lo dijo por temor, pero que esa noche no pudo conciliar el sueño, y luego de conversarlo con su familia, se decidió".


 "Estoy convencida que ambos testigos coincidieron en lo esencial, pero no lo han hecho en relación al momento en que se escuchó el disparo".


 Castaño consideró que la realidad se condice con lo expresado por Blanchini, al tiempo de destacar que no hay elementos que permitan afirmar que éste tuviera alterada su percepción debido al alcohol y pastillas.


 "A más de que conducía una moto sin inconvenientes, ha efectuado un detallado relato de lo ocurrido en la tarde de ese día, como asimismo lo sucedido en la noche".


 Por último, la jueza se refirió a la versión del acusado durante su declaración indagatoria, cuando adujo haberle prestado su campera el día jueves anterior a Ulloa y que le fue devuelta el lunes posterior al hecho.


 "Lo cierto es que Ulloa era conocido de Blanchini, durante la tarde tuvieron el altercado en la esquina y lejos de sindicarlo como uno de los atacantes, dijo que `le parecía' y luego lo afirmó que se trataban de los mismos hombres de Villa Rosario. No dijo que entre esos dos, se hallara `Copihue' Ulloa".

Autor de un asalto




 Pese a la disidencia anterior, los jueces coincidieron en condenar a Silva como uno de los dos sujetos que poco más de una hora después del crimen, asaltaron a una pareja en la intersección de Baigorria y Misioneros.


 Ese día, alrededor de la 0.15, en circunstancias que Carla Fernández y Martín Valdivia se encontraban charlando en la vía pública fueron abordados por dos sujetos que, previo exhibirles a ambos un arma de fuego y manifestarle "quédense piola que tengo un fierro", les sustrajeron una Zanella de 110cc., dominio DEW 512, un teléfono celular y las zapatillas.


 Cabe destacar que el vehículo fue recuperado por la policía, la que por aviso de la madre de Marlia lo secuestró en el domicilio donde residía el mencionado Ulloa. Durante el debate declaró la mujer, quien relató lo ocurrido y no dudó en sindicar a Silva como uno de los autores del atraco.

Corridas, golpes, gritos y llantos




 El desenlace del juicio seguido a Juan Domingo Silva resultó el desencadenante de un violento incidente que se inició dentro de la sala de debate y finalizó en el hall central del Palacio de Justicia local, cuando la guardia policial debió retirar al acusado ante el ataque de allegados a la víctima.


 El hecho se produjo inmediatamente finalizada la lectura del fallo, cuando cuatro familiares de Marlia (tres de ellos mujeres) que concurrieron a la audiencia rompieron en llantos y comenzaron a reclamar justicia.


 Allí se produjo el primer tumulto, cuando una mujer intentó llegar hasta Silva y comenzó a forcejear con varios efectivos policiales.


 En ese instante, personal del Servicio Penitenciario Bonaerense retiró a Silva de la sala, ubicada en la planta baja del edificio de Estomba 34, aunque los familiares lograron salir del lugar y evitar que pudieran llevarlo hasta la alcaidía.


 En ese momento se produjeron los hechos más graves, cuando otra de las mujeres se acercó a Silva y virtualmente le arrancó la camisa.


 Fuentes consultadas mencionaron que en medio de la refriega Silva resultó con un herida en la zona cercana al hombro derecho, la que le habría sido provocada con un elemento punzocortante.


 Poco después Silva fue trasladado a la guardia del Hospital Penna, donde se le realizaron curaciones por la herida.