Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

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Cartas y sugerencias

Reconocimiento al Colegio de Abogados




 El 18 de marzo pasado, al leer "La Nueva Provincia", nos informamos de los 100 años del Colegio de Abogados de Bahía Blanca, al que pertenecemos. Expresamos por este medio nuestras sinceras felicitaciones a quienes conducen hoy dicha institución en nombre de esa asociación y todos los colegas que trabajamos por la defensa de nuestros clientes en el Juzgado de Paz Letrado de Carmen de Patagones, el más antiguo de la Patagonia.


 Indudablemente, deben de haber sido tiempos difíciles y pasados escollos aquellos primeros abogados que decidieron, en 1908, fundar una asociación que regulase su actividad y al mismo tiempo se convirtiera en una especie de tejido y vínculo entre los colegas. Es muy importante que aquella primera comisión haya plasmado como principio el conservar la moralidad y la ética en el ejercicio de la profesión y velar para que los magistrados y funcionarios de ese departamento judicial permanezcan dentro del marco que establece la Constitución Nacional y las leyes que conforman el ordenamiento normativo.


 Hoy podemos apreciar que tenemos un Colegio que cumple acabadamente con sus fines y ofrece distintas actividades a través de los institutos, biblioteca, Internet, cultura y en especial el consultorio jurídico gratuito entre otros. También queremos destacar como un hecho positivo la compra del edificio que perteneciera a "La Nueva Provincia".


 Por todo eso y mucho más, la Asociación de Abogados de Patagones también quiere sumarse a este centenario y mencionar a los abogados que el 10 de septiembre de 1990 se reunieron en la antigua casona de la calle Villegas, donde funcionaba el Juzgado de Paz Letrado de Patagones, para donar una computadora y conformar su asociación.


 Según el libro de actas, se menciona a María Cecilia Garrafa, Inés Beatriz Imperiale, Cecilia Nora Bagli, Blanca Cristina Murat, Marta Elena Cima, Nélida Beatriz Charro, Patricia Alejandra Bissio, Carlos Alberto Larrañaga, Julio Mario Ricca, Carlos Ricardo Malaspina, Alejandro Ricardo Buckland, Eduardo Guillermo Casano, Eduardo Manuel Martirena, Jorge Rubén Muñoz, Alberto Eduardo Visintín, Elvio Atilio Aliberti, Tomás Armando Rébora, Julio Alberto Stangen, Diego Daniel Arriola, Daniel Bergerot, Jorge Bustamante, Jorge Frías, Jorge Eduardo Cámpora y Hugo Alberto Lapidad.


 Presidiendo la misma el Dr. Carlos Alberto Larrañaga, secundado por Carlos Ricardo Malaspina. Los demás integrantes fueron María Cecilia Garrafa, Inés Beatriz Imperiale, Cecilia Nora Bagli, Julio Mario Ricca, Alejandro Ricardo Buckland, Eduardo M. Martirena, Jorge R. Muñoz, Eduardo Cassano, Alberto Visintín, blanca Cristina Murat y Elvio A. Aliverti.


 Ocuparon la presidencia sucesivamente el Dr. Carlos Larrañaga, el Dr. Alberto Visintín y finalmente el Dr. Carlos Larrañaga.


 Auguramos lo mejor para nuestro Colegio Departamental y que siga actuando para que valor y justicia se afiancen, adapte a los tiempos y que ello refleje en la ciudadanía, en el cliente, destinatario final de la ley.

Dr. Carlos A. Larrañaga, presidente, y Dr. Manuel Maza, vicepresidente de la Asociación de Abogados
Carmen de Patagones

Desatinos en la vía pública









 La presente, simplemente, intenta transmitir la coincidencia con el editorial "Desatinos en la vía pública" (LNP 23-4, pag. 10) (falta de coordinación en las obras de empresas de servicio). Agrego que en la vereda de Estomba al 700 se observa similar inconveniente.


 Que esto ocurra en el año 2008 es realmente preocupante. En lo particular, siento que lo relatado me instala en el túnel del tiempo, retrotrayéndome a la adolescencia. Dos recuerdos de los años 50 acuden a mi memoria. Casi seis décadas atrás, en el camino que unía Carhué con Lago Epecuén construyeron un hotel --creo que provincial-- que llegó a lucir sus cortinados, pero antes de instalar el palco figurativo, llegó la topadora y arrasó con todo.


 También de esa época evoco una revista de humor llamada Rico Tipo, que con clara ironía reflejaba una manifiesta irresponsabilidad. En uno de sus grabados, una cuadrilla de obreros aguardaba en una esquina que los obreros que venían pavimentando concluyeran su trabajo, para comenzar ellos el suyo. Es decir, romper lo hecho y, luego, efectuar la instalación prevista.


 Parece que en la Argentina, para mucha gente, el tiempo pasa en vano, como si navegáramos en el vacío.


 Idoneidad, respeto, responsabilidad, honestidad. Cuando maduremos los mayores inmaduros y nos concienticemos de que muchos de los irresponsables viven gracias a los aportes de la comunidad mediante impuestos, exigiremos eficiencia y pediremos el castigo que corresponda a ineficaces y deshonestos.


 Si yo no me involucro o todo se tolera, con esa libertad alguien puede llegar a elaborar la idea de ensamblar el tren bala con el tren de Masacessi o quizás con el transporte que nos trasladará en dos horas al antes lejano Japón.

Alfredo Ogueta
Bahía Blanca

Cambios de nombres









 El 9 de junio se cumplirán 50 años desde que mi padre fuera nombrado, por primera vez, gobernador de una provincia, en la presidencia del Dr. Arturo Frondizi (1958-62). Logró construir hoteles, hosterías, plantas de almacenamiento de combustibles, hospitales, escuelas, rutas, radios, etc.


 No voy a pecar de modesta, ya que el orgullo que sentimos toda la familia por él, más el reconocimiento de quienes lo conocieron y los que no lo conocieron no se puede dejar de palpar cuando lo mencionan en los homenajes anuales que le ofrecen por el aniversario de su muerte, o por alguna cosa que hizo hacer para el bien del pueblo. Sin demagogias, sin clientelismo, sin corrupción.


 Eso sí, tenía varias cosas muy claras. A los hoteles, nombres de pájaros: Albatros, Kaiken, Alakush. ("Si le ponés nombres de personas, se los cambian").


 A las plantas de combustibles, nombres de constelaciones: Orión, Cruz del Sur, Antares. En este momento, el hospital de la ciudad capital lleva su nombre, y también una calle.


 La memoria de mis comprovincianos no será tan frágil. No creo que cunda el ejemplo de Timote, que no supo respetar la memoria del general Aramburu, pudiendo convivir perfectamente y en la misma plaza el militar asesinado y el marino fallecido en el crucero "General Belgrano".

Mercedes Campos
mechitac@hotmail.com

Resucitar algunas vías muertas









 No muchos países pueden darse el lujo de anunciar con bombos y platillos el proyecto de un tren bala entre Buenos Aires y Córdoba y entre Buenos Aires y Mar del Plata. Sería un gran avance en el transporte ferroviario, tan deficitario hoy, que beneficiaría a los pasajeros, mientras en países del primer mundo se amplían las redes ferroviarias para brindar mayor confort a los usuarios y mejor disponibilidad al transporte comercial y de carga.


 En este país se redujeron las vías de 50.000 a 10.000 kilómetros, en críticas condiciones de seguridad, por ser obsoletas por su antigüedad y deficiente mantenimiento. Sería interesante que el pasajero pudiera trasladarse en tiempo mínimo a su lugar de trabajo y no como en la actualidad, sobre todo en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, donde debe disponer de 2 a 4 horas para llegar a sus ocupaciones.


 No estoy en desacuerdo con la creación de un tren bala. Considero que sería utilizado por una selecta minoría para ir a los lugares de jolgorio, mientras que la gran mayoría, integrada por trabajadores, empleados, maestros, obreros y toda esa gente que mueve a este país seguiría condenada a pertenecer a un nivel social indigente, rayando lo pordiosero. Con todo el respeto que me merecen las resoluciones gubernamentales, me parece bien que se piense en el futuro, pero me conformaría con que los ferrocarriles ofrecieran eficiencia, puntualidad y confort como en las décadas del 40 o 50, cuando se viajaba cómodamente sentado, saliendo y llegando a horario a cualquier destino. Eran otros tiempos. Hoy, eso no existe.


 Actualmente, lo que cuenta es el transporte automotor de pasajeros y de carga. El primero de ellos está integrado por unidades de monstruosas dimensiones, dotadas de aire acondicionado y TV que no siempre andan bien y, eventualmente, conducidas por personal de dudosa idoneidad y a veces sin el descanso suficiente que marca la legislación. Técnicamente hablando, su centro de gravedad es altísimo con respecto al suelo (cuanto más alto, más inestable). Prueba de ello es la cantidad de estos vehículos volcados que vemos frecuentemente en las rutas y, lo más lamentable, las pérdidas humanas. No recuerdo siniestros ferroviarios ocurridos en un siglo que superen la cantidad de víctimas mortales que periódicamente inundan las rutas.


 Y respecto al transporte de cargas, no pasa un día que no tengamos la noticia de que en algún lugar volcó un camión, desparramando su carga en la ruta, con los trastornos que ello significa (cortes de ruta, daños emergentes, víctimas, etc.).


 Es mi interés hacer notar la gran ventaja del ferrocarril sobre el transporte por camiones. Se habla de la reactivación de los ferrocarriles; pero estimo que ya es tarde, porque no es solamente traer locomotoras nuevas y coches confortables, sino pensar en los miles de kilómetros de vías y durmientes, alcantarillas, señalización y trabajos complementarios que llevaría muchos años realizar.


 Tal vez algún día, parafraseando a Domingo Berho, se pueda resucitar alguna vía muerta.

Oscar A. Carnicina
Bahía Blanca