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Una sociedad tan macabra como talentosa

Un reciente libro asegura que el barbero asesino Sweeney Todd no sólo vivió, sino que la leyenda que sobre él trascendió involucra varios datos verídicos. Se trata de Sweeney Todd: The real story of the demon barber of Fleet street (2007), de Peter Haining, y sitúa la historia en el 186 de Fleet street y la tienda de pasteles de carne en Bell Yard, en el Londres de la Revolución Industrial.




 Un reciente libro asegura que el barbero asesino Sweeney Todd no sólo vivió, sino que la leyenda que sobre él trascendió involucra varios datos verídicos.


 Se trata de Sweeney Todd: The real story of the demon barber of Fleet street (2007), de Peter Haining, y sitúa la historia en el 186 de Fleet street y la tienda de pasteles de carne en Bell Yard, en el Londres de la Revolución Industrial.


 Las víctimas del macabro relato, señala, ascendieron a un centenar y medio de incautos clientes del barbero, que terminaron como relleno de las tartas de Mrs. Lovett, socia delictiva de Todd.


 El barbero habría nacido en 1756, al Este de la capital inglesa, en un hogar marginal y violento que lo lanzó a la delincuencia temprana y a la cárcel de Newgate con apenas 14 años. Allí habría aprendido el oficio que le permitió ganarse la vida una vez en libertad.


 En Hyde Park Corner, ubican las crónicas de la época a la primera víctima de un certero navajazo. Ya instalado en Fleet street, Todd se vinculó con la viuda Lovett para deshacerse de los cadáveres. Descubiertos en 1801 por el juez Richard Blunt, ella habría confesado sus culpas y se habría suicidado, mientras que Todd moriría en la horca en enero de 1802, a los 46 años. Su cuerpo, señala, fue utilizado para disecciones al Royal College of Surgeons.


 Para otros, Sweeney Todd es sólo ficción plasmada en la novela The string of pearls, de 1846, de Thomas Peckett Prest, autor de otros cuentos macabros que se difundían por entregas. Una adaptación teatral un año después y el exitoso musical de 1979, en Broadway, la hicieron popular. Una pequeña referencia a ese espectáculo se realizó en la comedia Padre soltero de 2005, protagonizada por Ben Affleck.


 Tim Burton transformó la historia con pinceladas propias y un final diferente al de la supuesta historia original. Partiendo desde el regreso de Benjamin Barker a Londres, tras 15 años de injusta condena y decidido a la venganza, desarrolló este libro de trazos tan humorísticos como trágicos y tan sutiles como descarnados, un sello inconfundible del registro del realizador de Beatlejuice, El joven manos de tijeras, La leyenda del jinete sin cabeza y la animada El cadáver de la novia.


 Personajes como un héroe-antihéroe cuya perturbación se traduce en trazos expresionistas; un complemento femenino de fuerte carácter y picardía; y una musa cuya fragilidad se expresa desde su piel transparente y los lánguidos cabellos rubios subrayan la identidad de Burton como narrador.


 El contexto de estética oscura, de colores sombríos intervenidos en este caso por el brillo bermellón de la sangre, es otro elemento que el realizador utiliza enfáticamente para expresar la crueldad de una historia, pero también de un sentido del humor tan sutil como retorcido.


 A poco de iniciado el metraje y en forma de flashback se resumen las instancias de la detención de Barker, en épocas felices y en una Londres mucho más brillante que la gris de chimeneas humeantes, presente del relato.


 En esa actualidad Barker advierte que fue presa de una trampa perversa y que el déspota y corrupto juez Turpin es el responsable de la desaparición de su mujer y la apropiación de su pequeña hija Johanna.


 Entonces cambia su identidad por la de Sweeney Todd y ocupa el cuarto donde antaño moraba, arriba del local de la viuda Lovett, quien comienza a suplir la escasez de carne con los despojos de los macabros actos de Todd, en tiempos cuando el hambre devastaba a familias enteras.


 Conforme avanza el metraje se van develando las reales motivaciones de la mujer, verdadero motor de las acciones de un protagonista enajenado y con el pensamiento enquistado en un único objetivo: el de ver morir a su verdugo.


 Según es su costumbre, Burton contó con una dirección de arte, fotografía, música y un reparto de figuras-musa (es la sexta colaboración con Depp y apela una vez más a su mujer, Helena Bonham Carter) impecables.


 Extendió el grupo, además, con nombres que revelan, no sólo por antecedente sino por desempeño, su vena teatral y exquisita: Alan Rickman (Realmente amor), Timothy Spall (visto recientemente en Encantada) y el intelectual Sacha Baron Cohen (Borat) aparecen en los créditos y resolviendo situaciones que dan cuenta de un talento y predisposición para la experimentación y de una dirección de actores fluidas y empáticas.


 Es un placer escuchar cantar a dúo a Bonham Carter y a Depp, quien lo hace por primera vez para el cine, aunque su carrera artística comenzó, precisamente, en una banda de música.


 Los Globos de Oro que la película ganó como la mejor en el rubro comedia o musical, la estatuilla a Depp, las nominaciones para el director y su mujer en la vida real, y un Oscar de la Academia de Cine y Artes de Hollywood para la dirección de arte, además de las postulación para Depp, son algunas de las cartas de presentación. También el vestuario se candidateó sin éxito.


 Las mejores referencias, no obstante, las pueden ofrecer los propios espectadores, se trate o no, de los fieles "burtonianos".