UN EJEMPLO DE CREATIVIDAD

Hilda Bernard, a los 87 años, jovial, transgresora y audaz

4/2/2008 | 10:00 | BUENOS AIRES (Télam) - La conjunción de la actriz Hilda Bernard y el director José María Muscari puede resultar, si no sorprendente, por lo menos inesperado, y eso ocurre en la obra Fetiche que se presenta en el Teatro La Comedia, inspirada en la vida de la físicoculturista Cristina Musumesi.




 BUENOS AIRES (Télam) - La conjunción de la actriz Hilda Bernard y el director José María Muscari puede resultar, si no sorprendente, por lo menos inesperado, y eso ocurre en la obra Fetiche que se presenta en el Teatro La Comedia, inspirada en la vida de la físicoculturista Cristina Musumesi.


 Creada el año pasado como parte del proyecto Biodramas, Muscari se inspiró en la vida de la deportista, actual presidenta de la Asociación Argentina de Fisicoculturismo y con un historial deportivo que contiene los títulos de campeona argentina, panamericana y tercer puesto en el campeonato mundial.


 El heterogéneo elenco incluye también a Edda Bustamante, María Fiorentino, Julieta Vallina, Carla Crespo y Mariana A, quienes representan diferentes facetas de la atleta o distintos momentos de su vida.


 "En realidad todas formamos una especie de coro, aunque cada una tiene su momento de lucimiento --explicó la protagonista--. De alguna manera todas somos una, todas somos Cristina Musumesi".


 "Tengo ganas de preguntarle a Cristina cómo se imagina la vejez --confesó--, porque si bien es cierto que cada una hace algo de lo que ella es o fue en algún momento de su pasado, está lejos de la vejez porque es una mujer de 49 años y le falta mucho para llegar a los 87 que yo tengo".


 La obra, que fue estrenada la temporada pasada en el Teatro Sarmiento, incluía el nombre de la veterana actriz desde un principio.


 "La ensayé desde un comienzo y la estrenamos, pero yo tenía que usar unas botas de cuero teñido que parecían de madera y comenzó a lastimarme un pie, traté de aguantar hasta que hizo crisis y me fisuró un huesito", recordó.


 "En ese momento, el médico me recomendó un mes de reposo, que resultó ser de un tiempo mucho mayor de lo esperado --agregó--, por lo que tuvieron que reemplazarme. Pero ya estaba en Muscari la idea de hacerlo en otro lugar cuando terminara el contrato y yo ya me había comprometido con él".


 Como ocurre habitualmente con las reposiciones que cambian de sala, la adaptación al nuevo espacio suele terminar por convertirse en una nueva puesta.


 "Este escenario es muy distinto --comentó la actriz--, antes teníamos movimientos en profundidad que ahora no podemos hacer. Además está instalada la escenografía de otra pieza que comparte el escenario con nosotros, El día que Nietzsche lloró, y tiene muchos elementos fijos que tenemos que incorporar necesariamente".


 La puesta en escena de Muscari es muy dinámica, con desplazamientos casi coreográficos, numerosos cruces y utilización de varios niveles, que debieron ser trabajados desde el comienzo.


Llamado a la innovación







 La primera sorprendida por la convocatoria de Muscari fue la misma Hilda.


 "Yo no había visto sus puestas --confesó-- pero me habían hablado de él, bien de algunas obras y de otras no tanto. Pero no era gente muy de Muscari la que opinaba, así que decidí guiarme por mi propia observación".


 "Cuando me llamó combinamos encontrarnos en mi casa, hablamos y grabó mucho de lo que conversamos, cosa que hizo con todas. Por ejemplo el monólogo de la muerte es mío y también usó lo que yo le conté qué pensaba sobre la vejez", destacó la actriz.


 No todo fue un lecho de rosas. Después de una larga y reconocida trayectoria, Bernard debía adaptarse a un nuevo lenguaje escénico, cercano a la estética del off, con ciertas escenas audaces que finalmente se suprimieron.


 "Yo no sé qué me pasó. A los tres días de empezar a ensayar me largué a llorar y dije que no la hacía --contó--. Muscari me pidió que me fuera a casa y lo pensara antes de tomar una decisión.


 "Entonces, ya más tranquila, me dije ¿por qué no? Si a esta altura de la vida me hacen transgredir arriba de un escenario, me sacan de lo que yo siempre hago y tengo que ser audaz, ¿por qué no? Ahora tengo la impunidad de la edad, si sale mal se disculpa porque soy una señora grande --ironizó--. Y me entusiasmé".


 Relató que algo parecido ocurrió cuando actuó en No te mueras del todo, dirigida por Lía Jelín.


 "Yo hacía de una vieja loca, que hacía cosas que para mí no son naturales y que, además, era un personaje medio cómico. Llegó un momento en que le dije a Lía que no quería hacerlo porque yo no soy graciosa", contó.


 "Pero ella, que es muy inteligente, me dijo que hiciera el personaje en serio, sin intentar ser graciosa y que, si lo hacía bien, el público se reiría. Y así ocurrió", agregó.


El peso de la experiencia.





 Hilda Bernard inició su carrera en 1942. Se formó como actriz en el Conservatorio teniendo como compañera a María Rosa Gallo, entre otros muchos nombres que conocieron luego la fama.


 Si bien debutó en el Teatro Cervantes como "damita joven" bajo la dirección de Orestes Caviglia y Enrique De Rosas, pronto incursionó en la radio.


 "Dicen que era porque tenía buena dicción y un tipo de voz interesante para el micrófono, pero me parece que les intrigó alguien que se llamaba nada menos que Hilda Sara Bernard", bromeó.


 Cuando apareció en su vida el llamado de Nené Cascallar las cosas se fueron dando natural y felizmente.


 "Una de las novelas que tuvo muchísimo éxito, la hicimos en teatro y en gira durante mucho tiempo, hasta que terminamos por llevarla a la televisión. Y ahí nos quedamos", relató.


 La vida profesional de la actriz parece más que cumplida. Pero ella no duda en afirmar con cierta nostalgia: "quiero hacer cosas lindas en teatro, porque yo estudié en el Conservatorio para hacer teatro y eso es lo que me falta".



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