Bahía Blanca | Sabado, 04 de abril

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Josefa Balcarce de Gutiérrez Estrada, la heroica nieta de San Martín

Por Oscar F. Larrosa.

 El 14 de julio de 1836 no se celebró en París el 47º aniversario de la Revolución Francesa porque, después de Waterloo (1815), gobernaba a Francia la Restauración monárquica a través del rey Luis Felipe. Ese día, en Ebry Grand Bourg, nacía la segunda hija del matrimonio de Mariano Severo Balcarce y Mercedes Tomasa San Martín. La niña se llamó Josefa Dominga. Josefa, en honor a su abuelo, el glorioso Libertador de América.


 


 El general San Martín vivía desde 1824 en su voluntario exilio europeo. La Patria se desangraba en una cruel guerra civil y él no estaba dispuesto a ser parte de alguno de los bandos en pugna. Su espada jamás se desenvainaría contra sus hermanos. En carta al general Guido, le diría: "Yo no pertenezco a ningún partido político. O mejor digo: Pertenezco al partido Americano".




 La vida en Grand Bourg le daba al general la tranquilidad que había buscado. Era feliz junto a su familia, dedicándose a cultivar una huerta y a la carpintería o a leer los diarios y cartas que le llegaban de América. Mariano colaboraba con Manuel de Sarratea en la legación diplomática argentina en Francia y Mercedes criaba a las niñas y su tiempo libre lo dedicaba a la pintura.




 Un día, el general escuchó a sus nietas llorar. Las niñas estaban jugando con una medalla del abuelo y la madre las reprendió. Era la condecoración que había recibido junto a su ascenso a teniente coronel en la victoria de Baylén, que fue una tremenda bofetada al orgullo del hasta entonces invencible ejército napoleónico. El general tomó la medalla y dándosela a las niñas, dijo: "Esta medalla no vale una sola lágrima de mis chiquitas".




 En 1848, debido a las revueltas producidas en París, San Martín y la familia Balcarce deciden mudarse a Boulogne sur mer. Allí, en el Nº 5 de la Rue Grande, fallecía el 17 de agosto de 1850 el general San Martín, rodeado de su pequeña familia y del representante de la República de Chile, Javier Rosales.




 En 1854, Mariano Balcarce adquirió en el pueblo de Brunoy, a 20 kilómetros de París, una residencia que había pertenecido al conde de Provenza, hermano de Luis XVI y quien luego sería el rey Luis XVIII. El palacete era conocido como Le Petit Chateau y allí se mudó la familia Balcarce.


 


 En 1861, la tragedia se cierne sobre los Balcarce. Merceditas, la hija mayor, fallece a los 27 años. Sus padres deciden enterrarla en el cementerio de Brunoy y, poco después, hacen trasladar los restos del general desde Boulogne para honrar a ambos en el panteón familiar.




 El mismo año de 1861, Josefa se casa con Fernando Gutiérrez Estrada, embajador mejicano en Francia. Cuando fallecen sus padres, Mercedes en 1875 y Mariano en 1880, Josefa se dedica a preservar el legado de su abuelo, donando al general Mitre toda la correspondencia de San Martín. Mitre le envía un ejemplar de su obra Historia de San Martín, agradeciéndole su contribución. Posteriormente dona al Museo Histórico Nacional todos los muebles del Libertador e incluye un croquis de la disposición del dormitorio de San Martín que es reproducido exactamente en el Museo.




 Aunque ella nunca había estado en América, hablaba perfectamente el castellano y en sus cartas se refería a la Argentina como "nuestro amado país".




 En 1904, a los 68 años, Josefa quedó viuda y sin hijos. Tal como había acordado con su marido, decidió ocupar su fortuna para crear una fundación de ayuda a los más humildes. Así, Le Petit Chateau cambió su fisonomía. Las habitaciones se adecuaron para ser residencia de ancianos, el enorme parque se transformó en huerto de frutas y hortalizas para dar de comer a los desocupados y se construyeron anexos a la propiedad para crear una clínica quirúrgica donde atender y operar gratuitamente a quienes no tenían posibilidades económicas. Las hermanas de la Congregación de la Sagresse se ocuparon de ayudar a Doña Pepa en la administración y atención de esta maravillosa y eficiente obra de caridad.


 


 En 1914, estalló la Primera Guerra Mundial y el profundo avance del Ejército alemán llegó casi a las puertas de París. El pueblo de Brunoy quedó prácticamente en la retaguardia del frente de trincheras, en el que durante más de tres años se desarrollaría una guerra tan cruel como nunca antes se había conocido.




 La obra de caridad de Doña Pepa cambió rápidamente su función y se convirtió en hospital de campaña, adonde eran evacuados los heridos del frente, que quedaba a pocos kilómetros de allí.




 Madame Pepá siguió administrando y ocupándose de que nada faltara a los soldados heridos. De hecho, su clínica quirúrgica Nº 89 fue modelo de atención durante la guerra.


 


 Una mañana, se encontraba estacionado frente a Le Petit Chateau un carro lleno de soldados heridos. La Pepa inquirió a un oficial francés por qué no los entraba; éste le respondió que eran soldados alemanes. "¿Están heridos?", preguntó. Y, sin esperar respuesta, ordenó: "¡Pues entonces, éntrelos!".




 Durante toda la guerra, la labor humanitaria de Josefa Balcarce fue incesante, contando siempre con el apoyo de sus colaboradores y del doctor Ladroitte.




 A mediados de 1918, el Ejército alemán, previendo que el ingreso de Estados Unidos a la contienda podría resultar nefasto para sus aspiraciones, puso en práctica un plan de ataque diseñado por el general Oskar Von Uthier y destinado a conquistar París, para desde allí llegar a un acuerdo de paz aceptable para sus pretensiones. Esta sería conocida como la 2ª batalla del Marne. El plan consistía en un ataque demoledor de la artillería que ampliaba su radio de alcance a razón de un kilómetro por hora, seguido de un bombardeo de gas venenoso y el inmediato ataque de tropas de asalto para tomar posiciones y luego el avance del grueso de la infantería para consolidar lo ganado.


 


 El ataque fue tan brutal y efectivo que en un solo día avanzaron 20 kilómetros, rompiendo todo el frente aliado desde Bélgica hasta la frontera suiza.




 Ante tamaña debacle, se dio la orden de retirada general hacia París, debiendo abandonarse todo lo que no se pudiese trasladar con presteza, incluso los heridos graves.


 


 La orden de retirada también llegó al hospital de Brunoy e inmediatamente las tropas y la población se pusieron en marcha. Pero Doña Pepa, con sus 82 años a cuestas, no pensaba irse a ninguna parte. No conocemos su respuesta a la orden de retirada. Y es mejor así, pues debe de haber sido una frase impublicable. Ella no iba a dejar su casa y menos aún abandonar a los heridos graves. Su frágil cuerpo ocultaba un corazón con el temple y el coraje propios de un granadero.
Allí se quedó junto con el doctor Ladroitte y sus soldaditos maltrechos a esperar la tormenta de fuego del ataque alemán.





 Luego de varios días de combates sangrientos, en Chateau Thierry, a orillas del río Marne, las tropas norteamericanas y del Senegal lograron contener el avance germano. Fue la última gran ofensiva de las tropas del Káiser. Pocas semanas después, un profundo contragolpe aliado los obligaba a solicitar el armisticio. En esta batalla, en la zona de Ebry Le Francois, moría el suboficial de artillería Charles Carichou, hermanastro de Bertha Gardes y tío de Carlos Gardel.




 Cuando retornó la calma a Brunoy, Doña Pepa y el doctor Ladroitte fueron condecorados por la Cruz Roja por su labor humanitaria, y el general Le Long del Estado Mayor francés, en una ceremonia a la que concurrió todo el pueblo, les otorgó la Legión de Honor en grado militar. La más alta distinción para los héroes de Francia.




 El día de la ceremonia, algunos soldados tomaron una sábana e hicieron un cartel que colgaron en el frente del Petit Chateau. Ese cartel decía: "Gracias, señora. Usted es más valiente que nosotros".




 Luego de la guerra, la Fundación Balcarce Gutiérrez Estrada retornó a sus anteriores actividades humanitarias. Doña Pepa, consciente de sus años, hizo testamento otorgando la administración de su Fundación a la Societé Philantropique de París, cuya labor continúa hasta hoy, dirigida por Madame Dominique Billard. Sus bienes en la Argentina los donó al Patronato de la Infancia de Buenos Aires.




 El 17 de abril de 1924, se durmió tranquilamente en la paz del Señor. Todo el pueblo de Brunoy acompañó sus restos hasta el panteón familiar en homenaje a la Dama del gran corazón.


 


 Una de las principales calles de esa ciudad lleva su nombre, y tanto Doña Josefa como el general San Martín son considerados Ciudadanos Ilustres de Brunoy.

Agradecimientos: a Mme. Dominique Billard, por su aporte documental y su cortesía. A Nora Errecalde, Manolo Alvarez y Hugo Vaschetti, por su apoyo constante.






 Oscar Fernando Larrosa es vecino de nuestra ciudad.