Bahía Blanca | Lunes, 27 de junio

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Cuchán se declaró inocente del crimen, pero admitió que incineró el cuerpo

El único detenido por el atroz homicidio de Luciana Jimena Moretti (15) declaró ayer en los tribunales locales y, si bien negó haber ultimado a la adolescente, admitió que incineró el cuerpo en el fogón de la vivienda de sus padres, en el barrio 26 de Septiembre de la localidad de Ingeniero White.
Cuchán se declaró inocente del crimen, pero admitió que incineró el cuerpo. Seguridad. La Nueva. Bahía Blanca


 El único detenido por el atroz homicidio de Luciana Jimena Moretti (15) declaró ayer en los tribunales locales y, si bien negó haber ultimado a la adolescente, admitió que incineró el cuerpo en el fogón de la vivienda de sus padres, en el barrio 26 de Septiembre de la localidad de Ingeniero White.


 En el marco de un crudo relato, Pablo Víctor Cuchán desgranó paso a paso cómo fueron, desde su óptica, las horas previas y posteriores al caso que, por sus especiales características, causó conmoción en la ciudad y el país.


 El procesado afirmó que la menor falleció a causa de una sobredosis de cocaína, sustancia que, según él, ambos estuvieron aspirando --una cantidad de entre 3 y 5 gramos-- en ausencia de sus progenitores, en una habitación de Juan José Valle al 3656, de la vecina población.


 Si bien era un secreto a voces que, luego de que pasaran los testigos, en presencia del Tribunal en lo Criminal Nº 1 Cuchán aceptaría someterse a un interrogatorio, resultó sorpresiva la referencia que el encausado aportó en cuanto al sitio donde supuestamente arrojó los restos descuartizados y calcinados de la muchacha.


 Interesantes cruces se produjeron entre el acusado y la fiscal Olga Cristina Herro y los representantes del particular damnificado, doctores Viviana Lozano y Gustavo Giorgiani.


 Lo cierto es que en ningún momento el joven admitió el crimen, pero tampoco supo explicar por qué motivo, luego de creer muerta a Luciana, la llevó hasta el fogón y la prendió fuego, valiéndose de "20 litros de solvente y 10 bolsas de leña", según sus propias palabras.


 Negó, por el contrario, haber desmembrado el cuerpo, así como el empleo de cuchillas y que nadie más que él sabía de lo ocurrido a mediados de octubre de 2004.


 El relato estuvo marcado por el llanto del encartado (cayó en ese estado al menos dos veces) y por revelaciones que generaron estupor en los rostros de algunos de los presentes.


 El debate tuvo desarrollo a partir de las 9, con la declaración de testigos de concepto y del padre del encausado, Jorge Cuchán.


 Con varios cuartos intermedios, el juicio se extendió hasta cerca de las 15, cuando los jueces Mario Lindor Burgos, Hugo Alberto De Rosa y Miguel Adrover (subrogante), resolvieron reanudar las audiencias el próximo lunes, con la declaración del último testigo. Inmediatamente después, el tribunal dará paso a los alegatos de las partes, según adelantó el doctor Burgos, presidente del cuerpo.


 Dos testigos, Rosa Julia Oses y Edgardo Martínez, se sometieron a un careo en la sala, en el cual se mantuvieron en sus dichos. Uno de los puntos giraba en torno del lugar donde se encontraba estacionado el coche de Pablo Cuchán la mañana en que murió Luciana, si dentro o fuera del garaje. El otro aspecto apuntaba al ingreso o no de la mujer en la finca de Juan José Valle, alrededor de las 8 del mismo día.

"Estaba ahí (pero) no pude hacer nada"




 "El día viernes, 15 de octubre, luego de haber realizado tareas laborales en mi casa. Mi papá se fue a Monte Hermoso. Estaba de novio con una chica, empezando a salir, con Cora Dam. La fui a buscar, estuve un rato con ella como hasta las 12 de la noche o más temprano. Ella vivía en Villa Rosas. Me decidí a salir, sobre el momento salía y no programaba las salidas, así que decidí concurrir a un café (Café Muñoz) o a una confitería donde normalmente tomo un café; estando ahí me dieron ganas de ir a bailar y tomé la decisión de ir a El Gigante, porque seguramente iba a ver gente conocida de White", comenzó relatando al tribunal Pablo Víctor Cuchán.


 "Una vez ahí --agregó-- me encontré con Antonella (hermana de Luciana), con la cuñada de Claudia, con Gisele y había más chicas pero no recuerdo quién; luego le pregunté a Antonella respecto de la hermana, me dijo que estaba en la casa; transcurrido un rato le pregunté si la podía llamar a lo cual ella accedió a darme el celular que en ese momento tenía Luciana. La llamé, me preguntó qué hacía, le conté que estaba casualmente ahí y salí, y quedé en encontrarme...en realidad pidió si no la podía ir a encontrar, a lo cual dije que en ese momento no sé por qué le dije que no; que yo más tarde, cualquier cosa, la llamaba. En el transcurso me encuentro con esta chica Melina, seguí estando ahí (en el local bailable), había un grupo musical y como esta chica había perdido a la amiga, me ofrecí a llevarla a la casa, a lo cual luego de dejarla decido encontrarme con Luciana".


 Sin interrupciones, y con la sala prácticamente llena y en completo silencio, el encausado continuó dando cuenta de su versión de los hechos.


 "La llamé, me preguntó dónde estoy, le digo que estoy por llegar a mi casa y me avisa que si yo no tenía inconveniente iba para allá, a lo cual yo no tenía ningún inconveniente. Al llegar a mi casa, a los dos minutos llegó Luciana, estuvimos charlando un rato y en la conversación salió de consumir cocaína y bueno...después, pasó lo que pasó...y no...yo no pude hacer nada en ese momento. Si me preguntan qué pasó con ella no sé; no sé si aguantó, no aguantó; estaba ahí (pero) no pude hacer nada...", expresó para desgranar en llanto.


 Tras ingerir algunos sorbos de agua que él mismo buscó, el acusado retomó el estremecedor relato.


 "Tampoco veía salida alguna; en el apuro, en el arrebato, la veo recostada sobre la cama y con la lengua dada vuelta. En eso empezó a sonar el teléfono, timbre, no sé qué sonaba y...y bueno; la cargué en brazos y la llevé al quincho de mi casa. En la cabeza estaba mi vida entera, dos millones de preguntas y dos millones de respuestas que en ese momento no tenía para dar. La dejo, la apoyo en una silla en un primer momento; me estaban llamando porque llegaba tarde a trabajar; lo primero que decido es abrir las puertas (de chapa) del fogón y Luciana quedó ahí. El fogón, que tiene trabas a los costados, queda completamente cerrado", expresó.


 Añadió que "vuelvo hacia el interior de mi casa, escucho que estaban poniendo las llaves en el portón, era mi tía, le dije que me había quedado dormido, que me iba porque se me hacía tardísimo para ir a trabajar. Fui al negocio y podríamos decir que quedé tildado el resto del tiempo y seguía sin encontrar respuestas de por qué había pasado. En el transcurso de lo que quedó de mañana, busqué salida sin encontrarla, porque tampoco me encontraba en un estado como para tener una salida y una explicación. Volví a mi casa, tenía miedo que mi tía se encontrara con esa circunstancia, que se encontrara ahí y...y bueno, le pedí que me llamara cuando se vaya".

"Rocié todo y prendí fuego"




 A medida de avanzaba el relato de Cuchán, a muchos de sus familiares se les hizo imposible contener el llanto. En cambio, a simple vista Julio Moretti, padre de la menor, se mantuvo incólume, con buena parte del tiempo con sus manos entrelazadas, sentado al lado de sus representantes legales. Eso sí, con la mirada sobre el encausado.


 "Lo primero que hice al momento de quedar solo fue ir al fogón, cuando saqué las tapas Luciana no era Luciana y el cuerpo estaba sumamente pesado. En ese momento agarré las bolsas de leña que estaban ahí, el solvente que estaba en un quinchito, rocié todo, prendí fuego y cerré la tapa. Durante el transcurso de la tarde, me llamó la chica que salía conmigo, quería que nos veamos, traté de estirar el horario de encuentro con ella lo más que pude. En la misma tarde, llamo o me llaman de Monte hablando y a las 6 de la tarde, abrí el fogón y empecé a sacar lo que estaba ahí. Junté todo, lo puse en bolsas y después lo tiré. Limpié el fogón...ordené todo...me fui a tirar las bolsas que tenía en el interior del auto", indicó.


 Tras descartarse de los envoltorios con las piezas descuartizadas del cadáver de la adolescente, Cuchán dijo que regresó a su domicilio, se aseó y salió al encuentro de su novia de ese entonces. Sobre las 22, recibió un llamado confirmando el retorno de sus progenitores desde Monte Hermoso.


 A preguntas de su abogado defensor, el procesado afirmó que tenía una "buena" relación con Luciana, a quien conocía del vecindario. Esa relación se vio fortificada, apuntó, cuando él comenzó un noviazgo con Mabel Cano, cuya cuñada era amiga de Antonella Moretti.


 "Con Luciana tenía buen trato, nunca tuve inconvenientes...excelente me llevaba con Luciana. La veía cuando coincidíamos y no tengo ninguna queja...bien me llevaba con Luciana", reiteró el acusado.


 Refirió que con la víctima "tomábamos mate en la puerta de la casa, hubo cumpleaños en los que hemos coincidido", para admitir que mantenían relaciones sexuales.

De horarios, medidas y cantidades




 Pablo Víctor Cuchán dijo, a preguntas de la fiscal Herro, que el solvente sobre el cadáver lo esparció alrededor de las 13 o 13.30, y que los restos los retiró de la parrilla --tiene aproximadamente 1,50 metros de ancho-- sobre las 18.30 o 18.45. Antes de volcarlos en cuatro bolsas plásticas tipo consorcio, los enfrió con "agua".


 Cuando la representante del ministerio público le pidió que explicara cómo encontró el cuerpo, cuando se abocó a la tarea de retirar los restos que se encontraban sobre la parrilla, indicó: "No. No puedo decirle cómo lo encontré o...", a lo cual Herro le aclaró: "Sí me puede decir, porque usted los sacó".


 "Le puedo decir que empecé a juntar las cosas con una pala y las empecé a poner en una bolsa", añadió.


 La funcionaria le solicitó que detallara cómo había colocado el cuerpo en el fogón, respondiendo el sospechoso: "Boca arriba, con las piernas dobladas y la cabeza mirando hacia el interior del fogón".


 La doctora Lozano interrogó a Cuchán acerca del supuesto estado de shock de la adolescente tras la supuesta ingesta de droga.


 -- ¿Por qué cuando vio que se le daba vuelta la lengua, no llamó a una ambulancia?


 -- Porque en ese momento...yo no estaba en el mismo estado que ella pero...son preguntas que usted me está haciendo hoy y yo me las vengo haciendo hace tres años.


 -- ¿Y usted pensó que se estaba muriendo ella?


 -- En ese momento sí.


 -- ¿Tiene conocimientos de medicina usted?


 -- No. Tengo conocimientos de drogarme.


 -- ¿Y cómo constató que ya estaba muerta?


 -- Pasó bastante tiempo y no respondía. Le agarré las muñecas y no...las muñecas y se le desplomaban las manos.


 -- ¿Y con eso usted consideró que ya estaba muerta?


 -- Con eso solo no.


 -- ¿Con qué más?


 -- Los párpados, la lengua para atrás y el pulso.


 -- ¿Para usted eso era indicativo que estaba muerta?


 -- En ese momento sí.


 -- ¿Por qué dijo que no había salida alguna? En el relato manifestó eso


 -- Por el pasado, por mi pasado, por circunstancias similares en las que yo me encontré, por la situación familiar; por la dificultad en ese momento de explicar lo que había pasado.


 -- ¿Usted le proporcionó la droga?


 -- Yo no le proporcioné, la compartimos...en otras ocasiones fumamos marihuana y no la proporcionaba yo. Sí, la tenía yo.


 -- ¿Dónde está el resto del cuerpo de Luciana?


 -- Todos juntos tiré.


 -- Pero usted dejó una parte en la ferretería. Dejó bolsas con restos de Luciana que dejó en la ferretería...


 En este segmento del diálogo, el defensor y el juez Burgos le recordaron a Lozano que esas circunstancias no estaban acreditadas y que reformulara la pregunta.


 -- ¿Dónde están los restos de Luciana?


 -- Los restos de Luciana fueron dejados justo enfrente del ex frigorífico San Martín, en una zanja que hay ahí.


 El doctor Giorgiani intervino para preguntarle al acusado si se refería a un lugar próximo al sitio donde fue hallado el cráneo de la chica.


 -- Físicamente no sé dónde se encontró el cráneo, pero en esa zona. Yo le digo el lugar específico. Es una zanja que está justo enfrente del frigorífico San Martín.

Olor a ácido




 Lozano retomó el cuestionamiento con el procesado.


 -- ¿Qué olor quedó en el quincho?


 -- El olor era un olor ácido, que al abrir las ventanas, prender los ventiladores y bañándose, fue yéndose. Las ventanas de por sí estaban abiertas; las persianas eran las que estaban cerradas y cuando empecé a limpiar sí levanté las persianas y prendí los ventiladores.


 Giorgiani tomó la palabra y le preguntó a Cuchán si había sepultado en el terreno en que se encuentra emplazado su domicilio algunos de los restos de la menor.


 -- Quedaron cenizas, las cuales en el momento las dejé ahí en el jardín.


 A pedido de la fiscal, admitió que la bolsa que dejó dos días después en un taller mecánico de calle Avenente contenían, además de ramas de la poda de una enredadera y tierra, algunas piezas del cuerpo que habían quedado en el brasero del fogón.


 -- Dentro de eso no tenía olor, y quedó en el baúl del auto.

Pidió perdón. Sobre el epílogo de su relato, Pablo Cuchán le pidió perdón a sus padres y hermana, a la familia de Luciana y a "todos los que confiaban en mí". "A todos los psicólogos, psiquiatras, se lo he contado. Es difícil la situación en la que me encuentro hoy. Mucho más difícil poder pedir perdón a una familia. A las consecuencias que tendrían que haber sido, se sumaron un montón más ¿no? Con el paso del tiempo se fueron haciendo para mí por ejemplo mucho más difícil pedir perdón a la familia de Luciana...como también a mi familia y a la gente que siempre confió en mí...y a mí mismo ¿no?", concluyó.