La "otra" pastilla de la felicidad
Cuando en julio de 1998 se presentó la medicación oral para la disfunción eréctil conocida en todo el mundo como Viagra (citrato de sildenafil), hubo una revolución tanto a nivel médico como popular.
La pastilla auguraba una plena vida sexual, pero sus ventas en ese momento no fueron las esperadas: aún se veía al fármaco con demasiado respeto, alentado en parte por la comunidad médica.
A ocho años de su aparición, el "viagra" pasó a ser parte de la cultura, de los chistes y cada vez más gente se acerca a los especialistas.
Llegó mucha gente, no solamente por el medicamento sino porque hubo un cambio en el discurso público: se comenzó a hablar de pene, de penetración, de coito, de orgasmo y también de impotencia.
"Empezaron a aparecer en los consultorios más hombres con problemas de eyaculación precoz o retardada, y se difundió más el tema de la andropausia", manifestó el psiquiatra y sexólogo Adrián Sapetti, del servicio de Urología del Hospital Durand y presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).
Según el especialista, desde que apareció la pastilla las consultas aumentaron un 30 por ciento, en general.
En la Argentina se estima que se consumen 15 millones de comprimidos de sildenafil por año.
A nivel mundial, se dice que se consumen 9 o 10 comprimidos por segundo.
Por efecto de la excitación sexual, las neuronas de los cuerpos cavernosos y las células endoteliales liberan naturalmente óxido nítrico.
Es este el que va a promover una serie de cambios en la enzima GMPc que relajan el músculo liso cavernoso y permiten la vasodilatación de las arterias del pene y la subsiguiente erección.
Pero la GMPc puede ser degradada por otra enzima, la fosfodiesterasa tipo 5 (PDE 5), responsable de la pérdida de la erección.
El sildenafil es un inhibidor altamente selectivo de la PDE 5, que finalmente inhibe la detumescencia peneana.
Quiénes la usan
El perfil del usuario también cambió en los últimos años y, si bien el promedio de edades de los consumidores sigue siendo de entre 40 y 50 años, cada vez son más los jóvenes que toman la medicación, en algunos casos recetada correctamente y, en otros, como parte de un consumo frívolo que muchas veces puede llevarlos a poner en riesgo la salud.
"Hay hombres que lo toman fuera del marco de la contención médica y del uso bajo receta. Esto puede ser fatal porque hay quienes mezclan el medicamento con alcohol, con éxtasis y también con cocaína", explica Sapetti.
El problema se extendió tanto, que en algunos boliches de Europa incluso colocan un cartel advirtiendo sobre sus combinaciones con otras sustancias que se utilizan para generar erección.
"Todo esto --describe-- escapó a los controles médicos y ya es un problema sanitario".
Las bebidas alcohólicas tienden a bajar la presión arterial y eso puede verse potenciado por el uso conjunto con este medicamento.
Por otra parte, el "poper" "nitrito de amilo, el famoso "lanzaperfume de antaño" que por sí mismo puede marear y producir hipotensión con desmayos, mezclado con sildenafil puede llevar a las lipotimias y estados de shock.
Entre los jóvenes que toman la pastilla bajo receta y consulta médica la edad oscila entre los 18 y los 30.
Hay muchos chicos jóvenes que tienen problemas de impotencia y hubo un aumento de estos casos.
Por un lado, eran pacientes que antes no se acercaban por pudor casi siempre.
"Las causas más frecuentes entre las jóvenes --señala Sapetti-- son psicogénicas: las exigencias, ansiedad y las fobias".
Cibersexo y ciberdroga
Internet facilitó que muchos pacientes que antes se espantaban ante una voz femenina que atendía su consulta, pudieran sacar un turno por primera vez.
Pero también trajo consigo el rápido acceso al medicamento que se publicita y hasta se vende a domicilio como si fuera una pizza.
Y hoy la pastilla se vende a domicilio, en puestos de diarios, en quioscos, hasta en estaciones de servicio, según le cuentan al especialista sus propios pacientes.
De esta forma, evitan ir al médico pero ponen en riesgo su salud ya que pueden ser copias, falsificados, robados o vencidos.
"Lo mejor que le puede pasar al hombre que los toma es que sean robados porque, por lo menos, son originales", explicó el profesional.
Antes de recetar la pastillita
Si bien depende de cada caso, en general antes de recetar la pastilla hay que hacer estudios de rutina: colesterol, glucemia, ácido úrico, triglicéridos e, incluso, en algunos casos, análisis hormonales, porque la testosterona al bajar trae problemas de respuesta al sildenafil.
Hay que saber qué medicación toma el paciente.
Lo importante es llegar a un buen diagnóstico, saber qué es lo que le está produciendo la dificultad eréctil, si se trata de una depresión, de un problema prostático, un problema vascular, neurológico, de diabetes.
A veces ni el mismo paciente sabe.
"Hay hombres que fuman tres o cuatro atados por día, están obesos, hipertensos, tienen el colesterol alto, la glucemia alta y en ninguno de estos casos reciben tratamiento para éstas afecciones", subrayó el especialista.
Advirtió que si un paciente sufre de una afección previa, además del problema de la dificultad eréctil, y el médico no lo advierte, al recetarle alguna de estas drogas puede condenarlo a la muerte, pero no por el medicamento en sí, sino porque las otras variables están desajustadas.
Lo que viene
Se han agregado a la lista de inhibidores de la fosfodiesterasa 5 el tadalafilo y el verdenafilo, de acción más prolongada uno y más rápida el otro de acción más rápida este último.
Sin embargo, según marcó Sapetti, aún faltan fármacos de acción central, que una vez tomada la pastilla enciende el deseo, la excitación y la erección en un nivel cerebral.
Actualmente varios laboratorios están investigando medicamentos para distintas disfunciones sexuales.
Entre ellos se encuentran:
1. Nuevos inhibidores para la PDE-5 (5-fosfodiesterasa) de la familia del sildenafil, tal vez con formulaciones sublinguales o intranasales.
2. Inhibidores de la enzima rho-kinasa (un mecanismo de acción diferente del sildenafil).
3. Medicamentos de acción central (bremelanotide o PT-141) derivados de la hormona estimulante del melanocito, que podría mejorar el deseo y el orgasmo, sobre todo en mujeres.
4. Prostaglandinas de uso tópico (local en el glande o en uretra).
5. Prótesis inflables con protección antibiótica (ya disponibles).
6. Terapias con células madre o embrionarias que, colocadas en un lugar con células dañadas, se transformarían adquiriendo la formas y funciones de las deterioradas
7. Ingeniería tisular. Consiste en la construcción de tejidos nuevos en órganos viejos.
8. Terapia génica: produciendo cambios en los genes se reestablecerían funciones alteradas.
9. También se está estudiando el uso de andrógenos en mujeres, porque durante la menopausia también cae la testosterona.