Bahía Blanca | Jueves, 02 de abril

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Coleman en casa

De pie, frente a los vitrales de su vivienda de la avenida Alem 53, se ve a Arthur Henry Coleman, por entonces máxima autoridad de la empresa inglesa propietaria del Ferrocarril del Sud y de los puertos de Ingeniero White y Galván. Frente a él, dentro de la mansión y asomando por el ventanal, su mujer desde hacía 48 años, María Emilia Labadié.
Coleman en casa . Opinión. La Nueva. Bahía Blanca


 De pie, frente a los vitrales de su vivienda de la avenida Alem 53, se ve a Arthur Henry Coleman, por entonces máxima autoridad de la empresa inglesa propietaria del Ferrocarril del Sud y de los puertos de Ingeniero White y Galván. Frente a él, dentro de la mansión y asomando por el ventanal, su mujer desde hacía 48 años, María Emilia Labadié.


 La conocida casa Coleman fue erigida en 1928 por el vecino whitense Juan de León, uno de los principales contratistas del puerto, quien confió la tarea a Pedro Cabré, con la participación de Francisco Marseillán como autor del proyecto. Coleman la ocupó en 1931, convirtiéndola en un centro de la vida social local y punto de recepción y agasajo de las principales personalidades que llegaban a la ciudad.


 Nativo del sur de Gales, Coleman se radicó en Bahía Blanca en 1905, y aquí decidió terminar sus días. Retirado del ferrocarril en 1949, tras 61 años de servicio, publicó sus memorias bajo el título de Mi vida de ferroviario inglés en la Argentina. Tras la muerte de su mujer, el 23 de febrero de 1942, hecho al que calificó como "el golpe más cruel que he sufrido en mi vida", contrajo enlace, dos años después, con su cuñada María Eufrasia Labadié, en la basílica San José de Flores de Buenos Aires.


 Arthur Coleman, llamado por sus vecinos "don Arturo" y durante décadas apodado El Virrey, por el poder que tenía en virtud de las empresas que manejaba, falleció la mañana de 7 de noviembre de 1952. Sus restos fueron velados en la Asociación Bahiense de Cultura Inglesa, de Zelarrayán 245, desde donde partió el cortejo fúnebre. Apenas dos avisos, uno de su mujer, otro de la Cultura inglesa, dieron cuenta de su muerte.