El pueblo que volvió a los mapas
ENTRE RIOS (Télam) -- Pastor Britos fue olvidado. Ya no estaba en los mapas. Dejó de ser el pueblo que figuraba en la ruta de El Gran Capitán.
Hasta 1993 un total de 250 familias se desparramaban entre el sector urbano y la zona rural, contaban con una estación de ferrocarril y un galpón en el cual almacenaban los granos que los colonos cosechaban de los fértiles campos.
El Gran Capitán pasaba por el lugar diariamente y además del transporte de pasajeros, era utilizados para el comercio porque se llevaban los granos y traía elementos de suma importancia para la vida cotidiana. Los trenes eran la base esencial de subsistencia para esta gente.
Alejados a más de 10 kilómetros del más cercano centro urbano y de una carretera asfaltada, con caminos de tierra que se tornaban intransitables los días de lluvia, el tren constituía la única alternativa de comunicación con el resto del mundo.
La caída
En 1993 el ferrocarril dejó de circular por la Mesopotamia, entonces Pastor Britos vio como su horizonte se oscurecía languideciendo casi hasta la extinción.
"Cuando nos sacaron el tren se nos llevaron el progreso", contó Ricardo Polverieiani, un porteño de 62 años que se afincó en la zona buscando la tranquilidad que había perdido en la Gran Capital.
Muy pronto las familias emigraron, el pueblo se convirtió en apenas algunas casas y un almacén "de campo" y la estación desapareció bajo las malezas.
Una mano pícara desmanteló el viejo galpón de granos, levantó el techo de la estación y vendió todo como si fuese propio.
Entonces Pastor Britos dejó de figurar hasta en los mapas y hubo que buscar muy profundo, bajo los yuyales, un resto de aquél apeadero próspero de otrora.
El pulóver rojo
Polverieiani fue protagonista central de la historia que volvió a poner al pueblo en el lugar que supo tener.
Hace algunos meses tuvo necesidad de viajar a Buenos Aires y cómo había llovido, no había forma de llegar hasta Urdinarrain, entonces se animó y aprovechando que por un circunstancial atraso el tren estaba pasando de día, agitó un pulóver rojo procurando llamar la atención de los maquinistas.
Y el tren paró en el medio de la nada aparente para sumar a este pasajero solitario.
Fue la ocasión entonces para plantear ante las autoridades de la empresa prestataria del servicio, Trenes Especiales Argentinos (TEA), la posibilidad de poder contar con una parada eventual en el lugar ante la necesidad de un viaje.
Desde entonces los habitantes del lugar tienen un código de señales luminosas con los maquinistas cuando hay un pasajero y para facilitar las cosas, limpiaron el lugar, eliminaron los yuyos y dejaron al descubierto el viejo andén.
"El tren nos permitió volver a viajar más seguido y ya no estamos tan alejados de la realidad. Antes teníamos que ir hasta Urdinarrain para poder tomar un colectivo que nos lleve a las principales ciudades", destacó "Pancho" Mera, uno de los agricultores que impulsó la refacción del lugar que hoy sirve de plataforma al convoy.
"Desde que volvió el tren, volvimos a tener noticias, las que traen nuestros familiares, las que nos acercan los diarios que nos dejan, porque aquí, en la era de las comunicaciones y la tecnología, aunque estamos a sólo 300 kilómetros de Buenos Aires, muchas veces parece que estuviésemos en el otro lado del mundo", reflexionó Polverieiani.
El Gran Capitán volvió a hacer sonar su estruendoso paso por el lugar y los vecinos creyeron ver renacer la esperanza.
¿Dónde está?
Pastor Britos es una pequeña población situada entre las localidades de Parera y Urdinarrain, muy cerca de Gualeguaychú, en el centrosur de la provincia de Entre Ríos.
Actualmente es habitada por apenas una veintena de familias y si bien volvió a figurar en los mapas de los trenes no aparece en los registros cartográficos más modernos.