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Olimpo, sólido e inspirado, vapuleó a Independiente

Al "diablo" con Independiente. Olimpo es una fiesta. Cada vez más aplomado y sólido, goleó 3-0 al último campeón y, aun cuando el objetivo primordial es engrosar el promedio, nadie podrá resistirse a observar la tabla del Clausura donde, con 7 unidades sobre 9 posibles, integra el lote de vanguardia a poca distancia del líder Vélez Sarsfield.
Olimpo, sólido e inspirado, vapuleó a Independiente. Deportes. La Nueva. Bahía Blanca


 Al "diablo" con Independiente. Olimpo es una fiesta. Cada vez más aplomado y sólido, goleó 3-0 al último campeón y, aun cuando el objetivo primordial es engrosar el promedio, nadie podrá resistirse a observar la tabla del Clausura donde, con 7 unidades sobre 9 posibles, integra el lote de vanguardia a poca distancia del líder Vélez Sarsfield.


 Compacto, afianzado y homogéneo en su andar, la escuadra que orienta Julio Falcioni cumplió la mejor producción desde que milita en la "A".


 Se mostró efectivo y contundente para aprovechar los errores y la pálida imagen de un elenco muy lejano de aquel virtualmente arrollador de tres meses atrás.


 La labor colectiva e individual de los aurinegros fue casi perfecta. Y las cifras en el marcador prueban las fieles diferencias que existieron entre uno y otro.


 ¿Dónde quedó la actitud de la formación dirigida por Américo Gallego? Seguramente en Avellaneda, porque en Bahía Blanca no dio ningún aviso.


 Las desafiantes palabras del técnico ("verán a otro equipo") en los días previos quedaron para otra oportunidad. Los rojos desnudaron los mismos problemas que acusaron sucesivamente ante Lanús (0-1) y Gimnasia y Esgrima La Plata (0-3).


 Apagadas y neutralizadas sus cotizadas figuras, al Rey de copas no le salió nada positivo y jamás comprometió el rotundo y resonante éxito de los bahienses.


 Olimpo, más prolijo, práctico y veloz, elaboró un excelente primer período. No se permitió descuidos, su estructura conservó permanentemente el orden, sus hombres ganaron todas las pelotas divididas y, a su vez, generaron las situaciones de riesgo frente a la valla de Leonardo Díaz.


 El predomino en esos aspectos del juego le permitió al local superar sin mayores inconvenientes la pobrísima expresión futbolística de su poderoso rival.


 Juan Ignacio Fernández Di Alessio, volcado sobre el carril izquierdo, manejó los hilos con su claridad conceptual, Rogelio Martínez impuso su temperamento en el mediocampo, Silvio Carrario y Cristian Castillo rotaron permanentemente en ofensiva, Eduardo Domínguez y Cristian Tavio clausuraron su sector y Héctor González se convirtió en una preocupación para Federico Insúa y Federico Domínguez por la franja que éstos custodiaron.


 El visitante insinuó, pero no concretó. Al principio se hizo del esférico y, sin embargo, careció de ideas para sortear el esquema que pergeñó Falcioni.


 Insúa y Daniel Montenegro no entraron en sintonía, Pablo Guiñazú no prevaleció en la mitad, tampoco despegó por su andarivel Lucas Pusineri y apenas las subidas de "Fede" Domínguez asomaron como argumento para inquietar con algunos centros.


 Aislado de sus compañeros, el artillero Andrés Silvera fue presa de la correcta marcación de los zagueros y los palos de Jorge Vivaldo atravesaron por una jornada demasiado tranquila. Tanto que los hombres de Independiente no probaron puntería en los 45 minutos iniciales.


 Olimpo comenzó a provocar el desequilibrio después del cuarto de hora. Asumió el protagonismo y forzó las primeras acciones de peligro para una retaguardia donde sólo Gabriel Milito emergió entre las dudas.


 "Leo" Díaz se esforzó en un envío del zaguero en contra de su propia valla tras una habilitación de Fernández Di Alessio y luego mandó al córner un cabezazo de Héctor González, quien le ganó en el salto a Domínguez.


 Al rato, Mannara sacudió cerca del poste y, a los 24, se originó la apertura. Darío Marra trepó por la derecha y cedió para Carrario en la medialuna. El "Tweety" desairó la posición de Darío Franco y posteriormente la de Raúl Damiani para definir con clase, abajo y contra un parante.


 Era justicia, por los méritos de Olimpo y por su paciencia y resolución para hallar los caminos a la red.


 Independiente, extrañamente, no reaccionó. Le faltaron respuestas anímicas y su postura no varió en los más mínimo. Montenegro e Insúa siguieron arrancando desde muy atrás, Silvera no gravitó y, por si fuera poco, antes del cierre de la etapa, el "Pocho" entregó defectuosamente una pelota que robó el venezolano González.


 El volante, tras una pared con Carrario, pisó el área mayor y estampó un disparo que se incrustó en el ángulo alto y estiró los guarismos.


 Delirio por un lado y estupor por el otro.


 Acrecentado ni bien se puso en marcha el complemento, cuando Eduardo Domínguez anotó un golazo con la complicidad de "Leo" Díaz.


 El "32" ejecutó con "rosca" un tiro libre desde unos 40 metros. El balón pegó en horizontal y se metió por detrás del cuerpo del errático portero.


 En ese instante se sentenció la historia del encuentro. Olimpo se acomodó para el contragolpe e Independiente procuró recomponer en algo su flojísima gestión. Especialmente con los ingresos de los juveniles Lionel Ríos y Emanuel Rivas, quienes otorgaron más aceleración, pero no la profundidad necesaria.


 Los aurinegros edificaron una tarea sin fisuras. Domínguez estuvo impasable (e impecable), Marra y Tavio se mostraron muy firmes, Fernández Di Alessio exhibió su inteligencia y Carrario, siempre astuto, esperó la ocasión para usufructuar alguna réplica.


 Al final, Olimpo arrancó los aplausos de su público. Fue la noche soñada y el categórico triunfo ante un gigante del fútbol argentino le dará, sin dudas, el impulso anímico que le faltaba para refrendar la convicción de mantener la máxima categoría.


 A Independiente le espera una semana muy difícil y traumática. Tal vez, con visitas "indeseables". Su realidad es patética. No sumó puntos ni señaló goles y, en contrapartida, recibió siete en un oscuro arranque de campeonato. Además, la inminencia del clásico con Racing, el adversario de toda la vida, aumentan el nerviosismo y complican aún más su panorama.

Néstor Eduardo Avila