Juan Pablo II, guía espiritual de la humanidad
Pocas e insuficientes son las palabras necesarias para llegar a describir y ponderar el legado de Su Santidad Juan Pablo II, partícipe principal de muchos de los más importantes y monumentales acontecimientos de la última mitad del siglo XX, tanto en las alegrías como en las penas de la humanidad. Particularmente para los argentinos, ha sido el Papa de la paz, la libertad y la democracia con crecimiento, solidaridad y justicia social.
Muchos han calificado a este Papa, como el viajero, el peregrino, el itinerante, el de los récord, el Papa que salió al mundo, entre tantas otras calificaciones. Pero creo que lo más importante de su pontificado ha sido la manifiesta voluntad que ha demostrado, con su sacrificio personal, en lo físico y en lo espiritual. Se cuenta que un cardenal le preguntó al Santo Padre por qué no renunciaba, y contestó: "Por la misma razón por la cual Cristo no se bajó de la Cruz".
Recorrió cada rincón del planeta, predicando por la paz, luchando contra la tiranía del comunismo, trabajando por la unión de los pueblos, por la preservación del medio ambiente y predicando el Evangelio como un fiel, decoroso y ejemplar representante de Dios en la Tierra. Eso es para nosotros los católicos apostólicos romanos la encarnación de Dios en la Tierra, el representante y guía de los cristianos y de todos aquellos hombres que creen en Dios. Es él Su Santidad el Sumo Pontífice.
Este hombre, que trabaja de manera extraordinaria, amaneciendo a las 5 de la mañana, y terminando su jornada a las 11 de la noche, el Papa que fácticamente convoca multitudes, más que cualquier otro líder mundial en la historia de la humanidad, es seguido por más de mil millones de fieles en todo el planeta, más tantos otros millones de no católicos que, sin embargo, siguen atentos sus acciones y palabras.
Algunos datos señalan su magnificencia: 25 años de papado, 102 viajes apostólicos a 130 países, por los cinco continentes; recorrió 1.163.865 kilómetros, algo así como 3,24 veces la distancia de la Tierra a la Luna. Casi el 10% de su pontificado estuvo fuera del Vaticano; 578 días de viajes fuera de Italia, 476 nuevos santos, 1.318 nuevos beatos. Entrevistó a 703 jefes de Estado, consagró a 201 cardenales y demostró ser el elegido de Dios, al resistir y pasar la prueba de fuego: la maldad de atentados terroristas. Relevante fue el encuentro para orar por la paz en Asís, con todas las religiones, con el Papa como pastor universal.
Se dice que, antes, los problemas del mundo iban a Roma. Con Juan Pablo II, Roma va hacia la resolución de los conflictos del mundo. Sus críticos señalan que de los diez dedos, utilizó nueve para viajar y uno para gobernar; pero Karol respondió que los Papas no sólo eran sucesores de Pedro, sino también de Pablo, y éste nunca dejó de viajar. Además, agregó: "¿Cómo podría yo de otra forma saber quiénes son y conocer como viven?", demostrando que nunca fue adepto a la lujuria de los palacios. Prefería estar con la gente, lo cual debiera hacer reflexionar a más de un funcionario.
No pretendo señalar hechos históricos que todos conocemos, pero sí destacar, como joven eminentemente político, justicialista y católico, la importancia de su prédica. Para los argentinos, Karol Wojtyla ha sido el garante de la paz, la libertad y la democracia hace casi 30 años. Pero también es quien ha predicado de la mejor manera, que es con el ejemplo.
Cabe recordar episodios que han conmovido a los Argentinos. Temerosos días de diciembre de 1978 se vivían debido a lo que parecía la inminente guerra con Chile. A dos meses de consagrado, Juan Pablo II no dudó en interceder. La llegada de Navidad trajo aires de amor y hermandad, que luego se plasmaron en un tratado de amistad y paz con los chilenos. En 1979, hechos de gran violencia política, y represión en la sociedad argentina motivaron nuevamente la pacificación papal, mediante el angelus dominical. Nuevamente el poder de la Fe se hizo sentir desde esas escasas 44 hectáreas que forman el Vaticano, pero de una dimensión espiritual infinita, que llega a los confines del Universo.
Por ello, en la visita más improvisada de las 102 que realizó, el Papa nuevamente ayudó a nuestra Patria en 1982, y desde el monumento de los Españoles, en Buenos Aires, clamó: "Hagan una cadena de paz más fuerte que las cadenas de la guerra", a fin de evitar el conflicto con Inglaterra. Finalmente, en 1987, nos visitó y no dudó en advertir a nivel mundial "las falencias sociales del neoliberalismo" y en denunciar que "la corrupción y la impunidad corren el riesgo de generalizarse".
Predicó también en el resto del mundo a favor de la consideración ética de la deuda externa del Tercer Mundo y, en 2002, advirtió que la gravedad de la situación social argentina ponía en peligro la estabilidad democrática y la solidez de las instituciones públicas, pidiéndonos un serio examen de conciencia, postergado por algunos dirigentes.
A nivel internacional, ha condenado tanto al comunismo, como al capitalismo salvaje; liberó al pueblo polaco al visitar su país natal en 1979; en 1998, fue a Cuba e inició el proceso de libertad. "Que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba", sentenció al llegar a La Habana. En 2000, fue a Tierra Santa y dejó un mensaje en el Muro de los Lamentos, a pesar de las amenazas de grupos fundamentalistas. Por otra parte, ahora que vivimos en tiempos del fundamentalismo terrorista internacional, el Papa hace años que comenzó a dialogar con el pueblo musulmán de manera civilizada. Desde luego, defiende el derecho a la vida, para garantizar la continuidad de la especie humana, conservando el seno de cualquier sociedad, que es la sagrada familia y condenando la cultura de la muerte, que es la maldita droga.
Es interminable el legado de Karol Wojtyla, propio de un gigante de la historia de la humanidad. Como jóvenes, debemos reflexionar y actuar en consecuencia a lo que ya nos ha enseñado: hacer un examen de conciencia, ver la realidad y trabajar para corregir y combatir los errores y afianzar las virtudes, en búsqueda del Bien Común; esto es, un mundo más justo, solidario, en progreso, paz y libertad. Es también oportuno recordar que quienes, además de ser católicos, somos justicialistas, estamos doctrinariamente comprometidos con Dios, ya que la doctrina justicialista, sustancialmente, es concordante con la Doctrina Social de la Iglesia.
Especialmente los jóvenes debemos valorar a Juan Pablo II, quien nos calificó como "mi esperanza del futuro". Es oportuno recordar sus palabras del 27 de julio de 2002, en Toronto: "Como jóvenes, miran al futuro. No están estancados en el presente. Deben decidir en qué dirección quieren ir. Los ideales mediocres no gustan a la gente joven. Prefieren zambullirse a fondo. Es vuestro derecho o, mejor, vuestro deber tener altas miras. Vuestras aspiraciones deben ser excelsas; vuestros ideales, elevados. Esforzáos por formar un carácter que sea fuerte, rico y coherente, que sea libre y responsable, sensible a los valores verdaderos; un carácter que asuma la superioridad del "ser" sobre el "tener", que resista frente a los retos y tentaciones de la evasión, el compromiso fácil y el cálculo inhumano y egoísta".
No es tarea fácil, pero es el gran desafío de la humanidad, y así como Juan Pablo II ha sido el guía de esta tarea, todos nosotros debemos ser los garantes de que ello se lleve a cabo por el propio bien de las generaciones que nos sucedan, por los siglos de los siglos. Y así como esto no es fácil, tampoco fue fácil la situación de Cristo en la cruz, pero en esa cruz de Cristo reside hoy la fuerza extraordinaria de la humanidad, en la búsqueda de un próspero porvenir. Así como en la Navidad de 1978, la luz de la víspera trajo la paz. Espero, trabajo y ruego a Dios que esta Navidad traiga a nuestra nación paz y prosperidad y la felicidad de nuestro pueblo.
Lucas Marisi, ex asesor del Senado Nacional, es director ejecutivo de la organización Recomponer el Ser Ciudadano.
contacto@lucasmarisi.com.ar