Se adelantó la lluvia de dólares
Se suponía que el arreglo con los fondos buitre, cuya fecha límite es el 14 de abril, abriría las compuertas para el ingreso de dólares a través del canal financiero. Pero está claro que los tiempos se adelantaron: a la emisión de un bono de u$s 1.250 millones de la provincia de Buenos Aires se sumaron dos colocaciones por parte de empresas: u$s 1.000 millones de YPF y u$s 360 millones de IRSA.
Ya el ingreso del dinero de la provincia generó un dolor de cabeza al Central, ante el peligro de que semejante ingreso provocara una fuerte presión bajista sobre el tipo de cambio. Al final, la autoridad monetaria optó por comprar u$s 500 millones para lo cual tuvo que emitir $ 7.200 millones. El resto de los fondos quedó en una cuenta de la provincia, lo que se reflejó también en un aumento de las reservas internacionales por encima de los u$s 29.000 millones.
Pero este ingreso por emisión de deuda recién comienza. Se estima que luego del acuerdo con los holdouts, el gobierno deberá buscar por lo menos u$s 10.000 millones en los mercados internacionales (sin contar los u$s 12.000 millones para pagarles a los bonistas que entran en la oferta), las empresas u$s 3.000 millones y las provincias otro tanto. Es decir que no resulta descabellado pensar que a lo largo del año ingresarán como mínimo unos u$s 15.000 millones de dólares.
La paradoja es que semejante ingreso se producirá en medio de un contexto recesivo. Se supone que, en una situación así, el peso debería depreciarse, mejorando así la competitividad. Sin embargo, las expectativas que genera el gobierno entre las empresas y el regreso del país a los mercados cambia el panorama.
Ahora el Central enfrenta el desafío de evitar una prematura apreciación de la divisa. A los dólares financieros comenzarán a sumarse los provenientes de la cosecha de soja, en especial a partir de la segunda semana de abril. Será un problema pero temporario, ya que se estima que la balanza comercial finalizará neutra o incluso levemente negativa en el balance de 2016.
Una apreciación exagerada del peso en un contexto inflacionario generaría nuevamente problemas de atraso cambiario. Desde el ministerio de Hacienda y el Central están alertas, ya que el peligro es que esa situación termine complicando la reactivación de la economía, que imaginan a partir del segundo semestre.
Casi de la noche a la mañana, en apenas 100 días de gobierno, la economía pasó de sufrir una feroz fuga de capitales provocada por el cepo a tener exactamente el problema opuesto, es decir un ingreso de divisas de tal magnitud que incluso podría llegar a demorar o directamente a ahogar el esperado repunte.