Invitación a la aventura

12/12/2021 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   En pocos días comienza el verano y la estación se asocia con el incremento de las aventuras o relaciones efímeras. Es como si el calor cursara invitaciones para lanzarse a una experiencia y habrá quien acepte, quien rechace y quien ignore y quien desee pero no se anime.

  ¿Cuál es la fecha de vencimiento de una aventura? No hay muchas vueltas, una mentalidad práctica traduciría el interrogante en si hay o no futuro en este tipo de relaciones.

   Investigaciones, resultados en buscadores, expertos en la materia (profesionales) y expertos aventureros/as coinciden en que hay fecha de vencimiento y la duración de un vínculo que se inicia “sin querer queriendo” tiene una duración de entre 6 meses y dos años.

   Las causas son diversas y es adecuado conocerlas antes de lanzarse a la aventura que siempre es tentadora. Si bien la andanza al comienzo dispara los niveles de oxitocina lo es esperable es que entre los nueve y dieciocho meses comience a descender. Por ende, el calor de los primeros tiempos, las miradas sugestivas como llamaradas y “la pasión al palo” se desvanecerán.

   Paralelamente a este bajón químico se le agrega otro motivo. Mi abuela diría “escoba nueva barre bien”, por lo tanto al comienzo de la aventura hay predisposición para escuchar, conocer, comprender. Todo es novedad y los relatos de historias de vida son atrapantes. Luego de un tiempo la historia suele ser siempre la misma, la confianza hablita la queja y esas experiencias enriquecedoras se convierten en obstáculos con la llegada del otoño, problema que se profundiza si la economía no acompaña.

   A su vez al comienzo de toda relación, sea o no en el marco de una aventura, cada integrante muestra su mejor versión, es el tiempo de causar buena impresión, agradar y ciertos comportamientos se mantiene bajo control. Al cabo de unos meses deviene la rutina, la confianza construida distiende y sale a las superficies esos aspectos y características que se mantuvieron dominados, es decir todo lo que estaba debajo de la alfombra o explota o erosiona las bases.

   Una aclaración merece si la aventura es extramatrimonial, si bien hay culturas, parejas y acuerdos que la toleran, dejan pasar o se hacen los/as distraídos, hasta la aventura más pasajera siempre genera problemas y hasta acciones a legales. También hay que distinguir entre aventuras momentáneas y aquellas que duran en el tiempo; no aplica el término “aventura” para relaciones de 10 años de duración.

   Estoy convencida que todo es aprendizaje y todo tiene un comienzo y un final. No se trata de juzgar si una aventura está bien o mal, si corresponde o no, ya que depende de varios factores. Si ambas partes son libres se puede vivir la experiencia a sabiendas que será una relación intensa, de corta duración, sin la consolidación de un proyecto pero seguramente inolvidable.

   Dependiendo de la circunstancia de cada uno, a veces una aventura es una oportunidad d reencuentro con uno mismo, de descubrir aspectos y de revivir a atender ciertas necesidades que estaban adormecidas.

   Quien estaba en una relación tal vez la aventura le permite advertir que su vínculo tiene fisuras que tal vez se puedan enmendar o tal vez recuperar la confianza para dar vuelta una página.

   Queda en cada uno, solo viene a mi mente una inmortalizada frase de una película: “la putx que vale la pena estar vivo”.

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