Un Lautaro histórico y maradoneano, la fiesta en Bahía y el sueño de verlo otra vez en el balcón
El bahiense marcó el gol del triunfo ante Inglaterra y dejó algunas frases para el recuerdo, mientras su ciudad era una fiesta blanca y celeste.
Ahí está Lautaro. Parado frente a la cámara.
Hace apenas un rato hizo un gol que veremos por el resto de los días: el 2 a 1 a Inglaterra, en el minuto 92 y con asistencia de Lionel Messi, para pasar a la final del Mundial 2026.
Pero no conforme con eso, ahora va a hablar con el corazón y también dejará algunas frases para el recuerdo.
Casi no puede expresarse de la emoción. Cuando junta fuerzas y toma algo de aire se acuerda de papá Mario ("Pelusa" para los bahienses) y de mamá Karina.
Mientras el Toro busca las palabras justas, en su Bahía Blanca (y en todo el país) la gente sale a la calle a festejar gracias a él y a una Selección que nos representa casi como ninguna otra en la historia, con alma, corazón y pases cortos. También con golazos, triunfos cargados de épica y un fútbol que nos recuerda al potrero, a la pelota.
"No sé... la verdad...", lanza al aire Lautaro y se quiebra (ver video acá).
A unos cuantos kilómetros de Atlanta y a unas cuadras de su Liniers que lo vio crecer, los vecinos bahienses ya se cuentan de a miles. Banderas argentinas, camisetas, fuegos artificiales, vinchas, Maradona hecho cuadro y las Malvinas como causa nacional. Familias enteras llevan el pueblo a la calle.
Sigue el Toro en el Mercedes-Benz Stadium, donde escribió una página histórica de su vida y del fútbol argentino. No todos los días se les gana a los ingleses con un gol tuyo, en un Mundial. Casi una leyenda.
"Es muy fuerte esto... es muy fuerte de verdad", lanza el delantero, quien lleva su memoria a la infancia en Bahía Blanca y, después, a su presente ya siendo padre.
"La primera vez que mi viejo me compró un par de botines, siempre soné con hacer este gol", dice Lautaro y vuelve a tomarse unos segundos por la emoción.
El talento que lleva en su sangre se lo habrá dado Dios (o en lo que usted elija creer), pero es cierto que muchos de los secretos del fútbol el Toro los "mamó" de pibe acompañando a Pelusa. A lo que le agregó trabajo, disciplina y una mentalidad admirable.
“Cuando empezó a caminar iba conmigo a los entrenamientos", le contó Mario a La Nueva. en 2017 cuando de a poco Lautaro dejaba de ser el hijo dé y Pelusa arrancaba a ser el papá dé.
"No tenía ni dos años y pateaba con fuerza -relató Mario-. Era mascota en los partidos y después, ya más grande, entraba al vestuario y escuchaba las charlas técnicas. Siempre estuvo atento a todo. Miraba tele y me preguntaba por las faltas o el offside. Le gustaba con locura”, explicó Mario, exdefensor de Liniers, Villa Mitre, San Francisco y Rosario Puerto Belgrano, entre otros.
No sorprende. Nada es casualidad.
Ahora Lautaro sigue recorriendo su historia, se acuerda de Karina, de Nina y de Theo, del irse de casa, mientras Bahía ya es una fiesta. Las primeras cuadras de avenida Alem y sus alrededores son un puñado de gente, ya no hay calle y vereda todo es un gran escenario para compartir la felicidad con los otros y que todos seamos uno.
"Para mi vieja que... desde el día que me fui a Racing jamás dejó de tender mi cama", dice Lautaro con ojos llorosos, los sentimientos a flor de piel y deja para el recuerdo una frase con sello maradoneano.
"Eso vale más que un gol, que una final", agrega y vuelve al presente, que lo tiene con 28 años, siendo padre y capitán de uno de los clubes más grandes del mundo.
"Con mi hija bajé un cambio y con mi hijo tres -admite-. Soy un hombre, que disfruta de todo esto", redondea el Toro mientras la congoja empieza a quedar atrás.
Acá en Bahía también disfrutan y en una danza eterna festejan todos: el niño y el adulto, el que más y el que menos, el que todo y el que nada.
La mayoría lo hace ahí, cerca del Teatro Municipal, donde hace apenas unos años también estuvo Lautaro, pero desde el balcón y festejando el título conseguido en Qatar.
"Levántense todos los días y disfruten; somos campeones del mundo", decía el Toro aquella tarde del 24 de diciembre de 2022 ante una multitud.
Y aunque lo vivido en estos días fue histórico y muy fuerte, todavía queda un parada más: el domingo Argentina juega contra España en busca del bicampeonato del mundo.
Ojalá el final sea el mismo que en Lusail y, por qué no, podamos disfrutar de tener otra vez a Lautaro saludando desde el balcón.
Y si no es así, todo lo vivido valió la pena, pero sobre todo valió el disfrute.