Hidrosilo: Innovación sustentable para el manejo del agua en el campo
La singularidad de este proyecto de estudiantes universitarios bahienses, que ganaron un premio internacional, es que todo se construye con material de descarte fácilmente hallable en cualquier campo.
Un grupo de diez estudiantes, nueve de los cuales cursan en la Universidad Nacional del Sur, alcanzó el primer lugar en Argentina en el Rally Latinoamericano de Innovación con una idea sencilla, de bajo costo y ambientalmente sustentable para manejar el recurso hídrico en pequeños establecimientos rurales.
La singularidad de este proyecto es que todo se construye con material de descarte fácilmente hallable en cualquier campo.
El grupo estuvo integrado por los estudiantes de la UNS Álvaro González Martínez, Nicolás Agustín Schaller, Valentín Dottori, Julieta Pereyra Huertas, Tadeo Vega, Joaquín Daniel Braun Liguori y Selene Borromeo, de Ingeniería Industrial; Tomás García, de Ingeniería Electrónica y Santiago Hiebaum, de Medicina. Además participó Agustín De Pascale, quien cursa la Licenciatura Comunicación de la Universidad Salesiana.
El Rally es una competencia por equipos que se realiza en varios países en simultáneo para promover la creatividad aplicada a la resolución de problemas tecnológicos, productivos y sociales.
Los participantes se anotan y eligen alguno de los desafíos planteados por los organizadores.
Luego, tienen 24 horas de corrido para idear una solución y explicarla de manera fundamentada en un video de dos minutos. En Bahía Blanca la sede fue la casa de la Cultura de la UNS.
“El régimen irregular de lluvias en muchas regiones genera drásticas pérdidas en la economía de pequeños y medianos productores rurales. Por eso creamos “hidrosilo”, una solución accesible y sin efectos secundarios, que tiene triple impacto”, explicaron sus creadores.
La idea consiste en crear micro embalses aprovechando el desnivel natural que posea el terreno para recolectar agua de lluvia. El fondo se impermeabiliza con el material de las silobolsas, que cuenta con las propiedades necesarias para actuar de capa límite entre el agua y el suelo, unido por termofusión.
Para evitar el estancamiento del agua y la proliferación de mosquitos y focos insalubres se incluye en el embalse una boya de desarrollo propio que sigue los principios de la turbina de Savonius. Este dispositivo es un tipo de turbina eólica de eje vertical que convierte la fuerza del viento en par y la traslada a un eje en rotación.
La boya aprovecha la energía del viento para mantener el agua en circulación y evitar la proliferación de larvas.
“La boya se construye con materiales reciclados que son descarte y que pueden encontrarse en cualquier establecimiento rural como caños y barriles plásticos. La instalación es sencilla y económica, con materia prima de fácil acceso”, agregaron.
Además el proyecto propone capacitar al personal rural para la instalación conjunta, la adaptación a distintas geografías y el mantenimiento, lo que genera independencia en el productor.
“Con este proyecto aprovechamos desechos como el material de las silobolsas y los tambores plásticos de productos químicos, generamos reservorios de agua, y promovemos la independencia de los productores ya que es de autoconstrucción”, destacaron desde el equipo.
El segundo lugar a nivel nacional en la categoría “Impacto social” fue para el grupo “Posta”, que presentó una idea para reciclar residuos de construcción.
“Los escombros y residuos en la construcción llegan en muchos casos al 10% del volumen de una obra. Si no se gestionan de manera adecuada, generan contaminación difícil de revertir”, remarcaron Maria Sol Togni, Lara Uribe, Sofía González, Ada Abril Yaupe Brito, Malena Padula, Paloma Escudero, Rosario Stefanazzi, todas estudiantes de arquitectura, junto a la docente de esa carrera Carla Beistegui.
A ellas se sumaron Felipe Monge Hernández de Ingeniería Mecánica y Lucía Maté Solís, de Ingeniería Industrial.
Según cuentan, a grandes rasgos estos residuos se componen en un 10% de perfiles metálicos, 40% de ladrillos y escombros, 40% de mezcla y concreto, y otro 10% de placas de yeso. La propuesta consiste en instalar una planta de reciclado y separación junto al relleno sanitario, para recuperar materiales que tengan valor económico y manufacturación de nuevos productos en base a ellos. Esto genera puestos de trabajo, mejora el medio ambiente y promueve la economía circular.
Con los residuos se propone, entre otros usos, la creación de mobiliario urbano para espacios públicos, lo que también disminuye la utilización de recursos naturales provenientes de canteras que erosionan el suelo.
El yeso y la madera se pueden utilizar para compost, lo que aumenta la fertilidad de los suelos de manera sustentable y ecológica. El triturado de ladrillos, concreto y mezcla sirve para compactar rellenos sanitarios y para la fabricación de mobiliario urbano como bancos, mesas, bicicleteros, etc.