Entre la ficción y la realidad

La maldición de la Muñeca de Losa

20/9/2020 | 06:30 |

En el sótano de la casa de una pudiente y tradicional familia de Bahía Blanca, se guardaría en un arcón envuelto con paños directamente traídos de la Santa Sede, una extraña muñeca de losa, protagonista de un oscuro destino diabólico.

Fernando Quiroga / Especial para “La Nueva.”
fernandodepunta@gmail.com 
www.facetofer.com

   Para cuando estaban dando la última ronda de vigilancia, ya pasadas las 11 de la noche del 4 de septiembre de 1978, en el antiguo y aún enhiesto Cementerio Colina Doble, en la ruta de acceso a Punta Alta, algunos aseguran (tal vez por los tiros oídos a lo lejos), que los conscriptos habrían vaciado cargadores sobre una figura de hombre que, con una saña irreverente, habría estado desenterrando, mientras hablaba incoherencias, un féretro antiguo. Como estas leyendas, generadas a oídas, rebalsan de imprecisiones, lo único que tenemos es la construcción popular como columna vertebral de lo probable; lo cierto es que se dijo que un médico foráneo, que había enloquecido, aseguraba tener que ir a desenterrar a lo que lo llamaba sin descanso. La historia asegura que, tras el cuerpo abatido del galeno, los colimbas, aún con las armas humeando, encontraron en el cajón abierto un cadáver abrazando una muñeca de losa espeluznante.

   Tenía como si fuese pelo real -asegura un suboficial retirado, Cabo en aquel entonces, quién llegó a verla días más tarde en el puesto principal de acceso a la Base Naval- decían que el Jefe de Base no quería saber nada con esa cosa; y que pidió que se la lleven. Imagínese el ‘julepe’ que nos llevamos cuando vimos que venía a llevársela un cura; encima cayó manejando un auto negro, tipo limosina de velorio. Jovencito, un galleguito con sotana larga, creo que de una familia muy importante, de apellido ‘Escrivá’, y que cuando bajó del auto y entró a la oficina de la policía de establecimientos navales, comenzó a persignarse y llenar de agua bendita la caja donde estaba la muñeca...  

   Ya sea desde su origen (si es que alguien puede datarlo con algo de precisión), cómo en su actualidad (sí, sépanlo, sigue entre nosotros) la Muñeca de Losa, y su extraña e irreverente historia, siguen acechándonos como el estropajo olvidado en aquel rincón oscuro por el que nunca queremos pasar.

   El mundo sobrenatural parece ser soberano, de una trama fuerte como el hierro e imperecedera como la piedra. A largo del siglo XX, en varias oportunidades, vemos en nuestra zona la incidencia, tal vez deberíamos decir aparición (aunque suene demasiado pretencioso), de la Muñeca de Losa. Este relato, que comenzó con la narración del desenterramiento en la época de la dictadura, puede iniciarse desde más atrás. En realidad, sin pretender apelar a la técnica de racconto, sepan que el evento anteriormente descripto es quizás uno de los más recientes en el diabólico ministerio del objeto conjetural. 

Una historia siniestra 

   Investigando, llegamos a Becca y Samuel Herdinssen, quienes aparentemente en 1938 la habrían adquirido. Él, coleccionista avezado, había hecho construir, incluso, una cuna de la misma losa de la construcción articulada. Dos años después, por circunstancias que aún se desconocen, el matrimonio aparece muerto; peritaron más de 30 puñaladas en el cuerpo de cada uno; en la casa todo estaba intacto, hasta la caja fuerte estaba abierta y todo el dinero en su lugar, según dieron fe su socio y varios policías. Este primero, Romualdo Boggiani, estuvo en el lugar, aparentemente momentos antes de la masacre, le había entregado todo el dinero de la recaudación de los negocios que llevaba. Hombre de su confianza además de amigo, había sido acompañado, como cada tarde para tal fin, por dos policías, quienes, a las dos cuadras de salir del edificio junto con este, y tras despedirse después del deber cotidiano, fueron alertados por una patrulla que iba en dirección del departamento de los Herdinssen. Un llamado telefónico de una vecina, denunció la locura recientemente acaecida. En el camino al lugar, un joven muchacho, con la cara fuertemente picada de viruela (así constó en el reporte policial), con toda su ropa llena de sangre, corría con la muñeca en brazos mientras espumaba por la boca y profería ilegibles alaridos guturales. 

   El crimen horroroso, al tratarse de una situación inexplicable, y que de trascender podría incluso poner bajo el mando de sospecha de la policía, se transformó en información clasificada. El muchacho de apellido Ibargüengoitia se suicidó el mismo día, horas más tarde, en su reclusión de tránsito, arrancándose las venas con los propios dientes. La muñeca (aparentemente sin mácula después todo este ajetreo) fue entregada a la familia de Becca, la mujer asesinada; su sobrino Dalmacio Schmith, militar de carrera, único heredero de los Herdigssen, y parte de los oscuros militares que, dos años más tarde derrocarían al presidente Ramírez. De todas formas, Schmith no llegaría a presenciar el movimiento golpista; cuatro meses más tarde se suicidaría en una dependencia del Departamento de Polvorines de Puerto Belgrano. El dato que este cronista recibe de una fuente directa es que, su hermano, Roberto Schmith, con la activa complicidad de un capellán franquista, legítimo representante del Opus Dei, se hizo cargo de los negocios de su hermano y, entre otras medidas que incluyeron a bendición de todas las pertenencias del muerto, sin dilación, mandó a enterrar la muñeca en tierra bendita...

El juguete rabioso

   Aprovechando el deceso de Amanda Fumagalli, amante de su hermano (extrañamente fallecida de una repentina complicación coronaria), la muñeca fue depositada en el féretro después de una ceremonia extensa de bendición y exorcismo. A partir de ese momento, representantes no identificados del organismo religioso en Bahía Blanca, custodiaron la tumba, medida que se relajo en la dictadura iniciada en 1976, cuando Juan José Zussini, aparentemente un médico de la Armada Nacional que habría enloquecido, fue quien desenterró el cajón y murió acribillado en el acto. En esos instantes (según un secreto a voces muy fuertes en nuestra ciudad), el Opus Dei habría tomado control en forma directa del temido objeto. 

   En un documento oportunamente filtrado por una aguerrida organización laica española (cuya denominación mantendremos en reserva), con el nombre en clave de mäelstrom, se puede leer: 
“La Muñeca de Losa pertenece a un espacio bastardo de culto satánico, que habría sido un desmembramiento de la Golden Dawn en la Inglaterra, en 1897. Y varias de las entidades espirituales identificadas por Johann burguess, en 1907(Baal Zabub, Belial) podrían estar alojadas en el adminículo de porcelana. Cuatro tentativas de destrucción, tuvo el objeto en los primeros años; todos ellos fueron desbaratados por hermanos (miembros de la organización en cuestión), quienes, en conocimiento intrínseco de la devastación que esto produciría por la liberación de las entidades oscuras, optaron por buscar y aislar la muñeca. A diferencia de lo que se cree, el Opus Dei, no pretende resguardar a los fieles de los espíritus alojados, si no liberarlos con un conjuro cifrado del ‘Malleus Maleficarum’, que redirecciona la voluntad de los demonios para servicios propios. Hoy, 19 de octubre de 1979, al momento de la redacción del presente documento, en pleno proceso de transición democrática; dejamos constancia en el capítulo 34, de la foja XXI de nuestro documento capitular, que la Muñeca de Losa, (n.e.c. Mäelstrom) podría hallarse en posesión de autoridades del Opus Dei de la ciudad de Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina.”

   Como fuere, y claramente se deja constancia en este documento, la Muñeca de Losa estaría aquí, en Bahía Blanca, en manos del sector más radical de la ultraderecha católica a nivel mundial. 

   ¿Nos dará tranquilidad, en esta oportunidad, decir que estamos en Manos de Dios?

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