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Un bahiense en Taiwán, la tierra de los semiconductores

Impactado por la cultura de trabajo del país, el ingeniero bahiense Ramón Miquelarena disfruta de una beca en Taiwán, fabricando semiconductores,  componente clave del mundo tecnológico actual.

Ramón Miquelarena es bahiense, ingeniero electrónico y el único argentino seleccionado para una capacitación internacional en Taipei, Taiwán, relacionada con la fabricación de semiconductores, elementos que son  la base de la tecnología moderna. Sin ellos, miles de millones de dispositivos en todo el planeta no funcionarían

Ramón lleva un mes en la isla y ya vivió un tifón y un terremoto. ¿Qué se dice en la cocina de la Inteligencia Artificial?

“Esta capacitación fue mucho más que un curso sobre semiconductores. Cuando uno piensa en Taiwán, automáticamente piensa en chips, tecnología y empresas como TSMC. Sin embargo, después de casi 120 horas de capacitación intensiva —con jornadas de 8:00 a 17:20, más los traslados y el tiempo de estudio— me di cuenta de que el verdadero secreto no son los semiconductores: es la educación y la cultura del trabajo que hizo posible llegar hasta ahí y liderar los avances en Inteligencia Artificial”.

Miquelarena estudia Procesos de Manufactura de Semiconductores y Tecnologías de Empaquetado. Egresado de la facultad regional Bahía Blanca de la UTN, su mirada oscila en la isla asiática entre el profesional y la persona que convive con una cultura con raíces milenarias.

“Me impactó el enorme respeto que tienen por su historia. Valoran profundamente a quienes construyeron este modelo de desarrollo. Morris Chang, fundador de TSMC (Taiwan Semiconductor Manufacturing Company), es un claro ejemplo. No lo presentan únicamente como un empresario exitoso, sino como alguien que ayudó a cambiar el destino del país a través de una visión de largo plazo, innovación y formación de talento”.

¿Qué observa al desmenuzar ese modelo?

 Se percibe una combinación entre educación, innovación, disciplina, mejora continua, planificación y vocación de servicio. Todo parece orientado a un objetivo común: seguir aprendiendo y seguir mejorando. Esa coherencia explica en gran parte por qué hoy lideran la industria tecnológica mundial.

 ¿Dónde se refleja esa situación?

Hubo un hecho que, para mí, simboliza bastante bien esa cultura. Durante el curso atravesamos un tifón y también un pequeño terremoto. Lejos de generar caos o improvisación, se actuó con tranquilidad, respetando los protocolos, y cuando las condiciones lo permitieron las actividades continuaron normalmente. Esa resiliencia y esa capacidad de organización hablan tanto del país como cualquier fábrica de semiconductores.

 Hablemos de la IA, ya que está en el corazón de esta tecnología que parece magia.

 Los semiconductores son mucho más que un componente electrónico: constituyen la base sobre la que funciona prácticamente toda la tecnología moderna, todo depende de estos dispositivos. Son chips creados por un ecosistema integrado por universidades, centros de investigación, empresas, proveedores y organismos públicos, que soportan una capacidad de procesamiento sin precedentes. La carrera es hacerlos cada vez más avanzados y eficientes. Hoy, quien domina esta tecnología posee una ventaja estratégica en áreas como la inteligencia artificial, las telecomunicaciones, la industria, la salud, la energía y la defensa. Su importancia para la economía mundial es comparable con la que tuvo el petróleo durante el siglo pasado.

   -¿Qué límites les quita el sueño a los taiwaneses?

 Se acuestan pensando en el diseño de procesadores a escala casi atómica, en modelos cuánticos. También en sistemas de enfriamiento o tipos de biosensores para diversas aplicaciones, como medicina hogareña o supervisión de adultos. Actualmente se están enfocando en drones con mayor autonomía y capacidad de carga. Sin embargo, hay un nudo básico difícil de resolver: dar respuesta a la demanda de chips para IA; no se da abasto.

El mañana

La inteligencia artificial es una de las consecuencias de la evolución de los semiconductores.


¿Cómo imagina que la IA transformará nuestra vida cotidiana?

Estamos frente a una transformación comparable a la llegada de Internet, aunque probablemente de mayor impacto. La inteligencia artificial cambiará la forma de trabajar, aprender, producir y tomar decisiones. Muchas tareas repetitivas serán automatizadas, mientras surgirán nuevas profesiones y especialidades. En ese escenario, la capacidad de aprender de manera continua, adaptarse a los cambios y desarrollar pensamiento crítico será tan importante como el conocimiento técnico.

Muchas personas se ven frustradas o con miedo frente a la IA

El avance tecnológico deberá estar acompañado por reglas claras. Será necesario debatir cuestiones relacionadas con la privacidad de los datos, la transparencia de los algoritmos, la propiedad intelectual, la seguridad y la responsabilidad en su uso. El gran desafío será evitar que amplíe las desigualdades entre países o distintos sectores de la sociedad”.

¿Cuán lejos de todo esto está Bahía, la región o el país?

Hoy, el conocimiento ya no reconoce fronteras. La colaboración internacional y las herramientas digitales permiten participar de proyectos de alcance global desde cualquier lugar. Bahía Blanca posee universidades, investigadores y profesionales con un nivel muy destacado. Lo importante es fortalecer los vínculos y compartir experiencias. Más que copiar tecnologías, deberíamos observar el modelo de desarrollo. La cooperación facilita la transferencia tecnológica, acelera la innovación y fortalece la industria. Argentina cuenta con universidades de excelencia, investigadores muy capacitados y empresas con potencial para crecer. Consolidar esos vínculos puede generar empleo de calidad, desarrollo tecnológico y mayor competitividad.

¿Cómo piensa compartir su experiencia, de regreso al país?

Es fundamental fortalecer la formación de profesionales en áreas como electrónica, inteligencia artificial, ciencia de datos y semiconductores, pero también profundizar la vinculación entre las universidades, la investigación y el sector productivo.

La innovación aparece cuando el conocimiento académico logra convertirse en soluciones concretas para la sociedad y la industria. Además, resulta clave fomentar la cooperación internacional para acceder a nuevas experiencias y acelerar el desarrollo tecnológico.

Mi reconocimiento también a la Oficina Comercial y Cultural de Taipéi en Argentina y al International Cooperation and Development Fund (ICDF) por hacer posible esta capacitación y por la calidad del programa desarrollado en Taiwán. El conocimiento adquiere su verdadero valor cuando se comparte y se transforma en nuevas oportunidades para la comunidad.

Le cambiaron el chip…

Si algo cambió en mí después de esta experiencia es la forma de entender el desarrollo tecnológico. Antes pensaba principalmente en infraestructura, laboratorios o inversión. Hoy estoy convencido de que el verdadero motor es otro: una decisión sostenida durante décadas de apostar por la educación, la investigación, el trabajo conjunto entre universidades, empresas y Estado, y una visión compartida de futuro.