A 22 años de la famosa frase del “Flaco” Vivaldo por el “no” de Boca y su frustrado retorno a Olimpo
“Estoy muerto en vida”, fue la expresión del arquero aurinegro aquel 9 de julio de 2022, después de quedarse “sin el pan y sin la torta” y tener que entrenar solo antes de una vuelta tormentosa a Chacarita.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
Me acuerdo como si fuera hoy el diálogo que mantuvimos en la esquina de avenida Colón y Angel Brunel, un mediodía fresco y con una ventolina que acariciaba los papeles que iban y venían entre la calle y la vereda después de haber sido testigos de otra presentación de Olimpo en el mundo de Primera división de AFA.
El había pasado a buscar algunas pertenencias por el vestuario principal del estadio Roberto Carminatti y antes de subir al auto me dijo “Estoy muerto en vida”.
Fue un 9 de julio de 2004 y se cumplen 22 años de la forzada despedida de Jorge Antonio Vivaldo de Olimpo, quien en dos temporadas se convirtió en uno de los arqueros más emblemáticos del aurinegro en sus primeras incursiones en la elite del fútbol argentino.
El “Flaco” debutó en el arco del representante bahiense en la cuarta fecha del Apertura 2002, fue el artífice de la permanencia al cabo del Clausura 2003 y tuvo, según lo que siempre contó él y también su esposa Fabiana, el mejor momento de su carrera en el campeonato 2003-2004, donde Olimpo se salvó “raspando” de la Promoción y el descenso. De 20 equipos, terminó con el 16° promedio.
Después de una campaña épica para un incipiente conjunto olimpiense en el universo de los mejores, Vivaldo, que para ese entonces había cumplido los 37, le manifestaba al por entonces presidente del club del centro bahiense, Jorge Ledo, “que se quería quedar en Olimpo” y que tenía la intención de comprar la casa que alquilaba para quedarse a vivir, “con su familia y para siempre, en nuestra ciudad”.
Aunque un llamado inesperado cambio la ecuación y trastocó el destino futbolístico del afamado golero nacido el 16 de febrero de 1967 en Luján.
Cuando ya parecía demasiado tarde para “picar” en un club de los llamados grandes, Vivaldo tuvo la oportunidad de jugar en Boca. Tras haber sido artífice en dos campañas históricas de Olimpo (disputó 69 encuentros con atajadas memorables), Carlos Bianchi, en ese momento entrenador xeneize, posó sus ojos en él, ante la posibilidad de que su arquero titular, Roberto Abbondanzieri, fuera transferido al exterior. El ayudante del Virrey, Toti Veglio, había sido colaborador de Ricardo Rezza en Colón, donde Vivaldo se lució a mediados de los años ‘90. Todo cerraba.
Existía otra fuerza de empuje: en su juventud, Vivaldo se confesó fanático “bostero”, y en particular, admirador de Hugo Orlando Gatti. Su época como jugador no permite mentir. La vincha y el pelo largo parecen ser una innegable influencia del Loco.
Por ese vínculo, Veglio fue quien llamó a la casa de Vivaldo, a sólo seis días de que Boca disputara la final de la Copa Libertadores 2004.
Los siguientes días fueron maratónicos. Boca tenía una gira programada por Estados Unidos. A contrarreloj, el 1 vinculado a Dios gestionó su visa para poder acompañar al plantel. Incluso, llegó a probarse el traje de Boca para la foto. Sin embargo, la renuncia de Bianchi, tras la inesperada caída ante el humilde Once Caldas, alteraría, otra vez, el plan que parecía perfecto.
Esa semana, Vivaldo fue invitado al programa Palco de prensa, del extinto Canal de Boca. Allí, el conductor Marcelo Palacios lo presentó como “uno de los refuerzos de Boca”. Sin embargo, el Flaco intuía que la dimisión de Bianchi podría torcer el curso de su arribo. “Cuando me enteré de que había renunciado Bianchi no me morí de casualidad. Porque digo, por ahí se cae todo. Entonces lo llamé a José Beraldi (en ese momento, secretario del club de la Rivera), quien me dejó tranquilo porque lo mío seguía igual”, relató en aquella entrevista
Menuda sorpresa se llevó Vivaldo, en vivo, cuando Beraldi se desdijo al aire: “El técnico (por Miguel Brindisi) dijo que él no podía tener otro arquero más dentro del plantel”.
Sereno, Vivaldo contestó: “Para mí, al menos, valió la pena. Es muy duro, seguro, porque tenía una ilusión enorme, pero fue una experiencia. Me sentí jugador de Boca sin siquiera haber pisado ese vestuario, y yo sé que las cosas en la vida pasan por algo. Seguramente, Dios tendrá preparado para mí algo muy importante”.
“Me acuerdo que Bianchi me llamó el mismo domingo que terminó el torneo. Ledo ya me había anticipado que me iba a comprar un porcentaje del pase para que me pueda quedar en Olimpo, porque en ese entonces las negociaciones eran diferentes, más de palabra que papeles firmados”, amplió el cuidapalos que atajó hasta los 44 años, cuando se retiró en Atlético Pilar.
“Tras el llamado de Bianchi me fui a la casa de Jorge para contarle. Yo tenía que viajar a la otra semana, y cuando me estoy por ir, pasó todo esto que hizo que se caiga el pase. Cuando volví a Olimpo, fui a hablar con Ledo y lo noté muy raro. Ahí me dijo que ya había cerrado con Gaona (Julio). Lógicamente, se había quedado sin arquero y tuvo que salir a buscar uno. Así fue como terminé de tener dos años fantásticos en Olimpo y de estar a un paso de Boca a jugar en la B Nacional con Chacarita, que era el dueño de mi pase”, relató una vez más.
Tres días más tardes, el por entonces presidente boquense, Mauricio Macri, se comunicó telefónicamente con Vivaldo para pedirle disculpas por lo sucedido.
Aquel 2004 sería “el peor año de su vida”. Por eso reconoció: “Pasé de estar a punto de jugar en Boca a entrenar solo en mi casa, sin club y con una incertidumbre que me carcomía el cerebro. Estaba muerto.”
El Yuri regresó a Chacarita, el dueño de su pase, pero tras una discusión con Jorge Barrionuevo, cabeza de la institución, quedó apartado del plantel. Así, se entrenó en GEBA durante cuatro meses, deuda mediante, hasta que en 2005, por la lesión de los arqueros titulares, el capitán del equipo, Fernando Gamboa, sacó al Flaco del ostracismo.
Ese año escribiría una de las páginas más gloriosas de su carrera, al ser decisivo en la definición por penales del desempate contra Defensores de Belgrano para salvarse del descenso a la B Metropolitana. El último capítulo de una historia de idolatría y amor entre el arquero y Chaca.
Vivaldo aseguró que su actitud frente al doloroso “no” de Boca (jamás elevó una queja formal) le valió el implícito reconocimiento de los seguidores auriazules. El afecto se materializó, primeramente, en los pasillos de la Bombonera, cuando el futbolista asistió al estadio para ver la final de la Copa Sudamericana 2004. Allí, revela, los hinchas le “pedían disculpas” por el comportamiento que tuvo el club en el accidentado y truncado pase.
La segunda muestra de cariño la vivió en carne propia en su visita a la cancha con el buzo de Tiro Federal de Rosario. Aquella tarde de miércoles, con Diego Maradona en el palco, la hinchada que había insultado al ídolo de Chacarita con la camiseta del Funebrero, esta vez lo ovacionó:”Olé, olé, olé, Flaco, Flaco…”.
A partir de ese día, su nombre y el de Boca quedarían inevitablemente vinculados, a punto tal de que, hasta antes de la pandemia, Vivaldo atajó en el equipo senior del club.
Arquero de área grande. De los que van al frente sin esperar que el delantero haga para luego ellos responder. Jugaba como queriendo escapar de los palos, como si alejarse del arco fuera una manera de ahuyentar los goles contrarios. El Flaco Vivaldo no se tiraba: volaba. Se arrodillaba en los mano a mano haciendo “La De Dios”. “Yo fui arquero por el Loco Gatti. Todavía hablo del Loco y me emociono”.
El segundo paso de su carrera, y el más exitoso, fue en Olimpo, a donde llegó por pedido del DT Julio Falcioni. Supo tener por delante a una de las defensas más temidas del fútbol argentino: Laspada y “Satanás” Páez. Y declarar, por ejemplo: “Hacer un gol en el Carminatti era más difícil que encender un cigarrillo con el viento bahiense a pleno”.
Contemporáneo de grandes arqueros, Vivaldo es de los más recordados de su tiempo. Como un eco del pasado, se hizo a imagen y semejanza de Hugo Orlando Gatti. Vincha y pelo largo. Arqueros pirotécnicos. Artistas de los tres palos.