Girasol: máxima atención para contener una (eventual) aparición del jopo Orobanche cumana
“Lo mejor que nos puede pasar es mantener el estatus sanitario libre de esta maleza”, dijo el Dr. Miguel Angel Cantamutto, tras una reciente disertación en la ciudad serbia de Novi Sad.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
A pesar de que la Argentina se encuentra actualmente libre de jopo O. cumana, una singular planta parásita adaptada a vivir a expensas del girasol (para expresarlo sin rodeos), la mejora genética nacional ya ha emprendido acciones a partir de materiales resistentes.
“En los países invadidos ha sido la mejor estrategia para minimizar el impacto negativo del jopo. Pero no es una estrategia duradera, ya que se trata de un proceso dinámico en el que deben aplicarse técnicas cada vez más refinadas”, aseguró el Dr. Miguel Angel Cantamutto, investigador sobre plantas de la flora espontánea vinculada a cultivos de importancia agropecuaria, ya sea girasol, colza, nabo o vicia.
“Por eso, lo mejor que nos puede pasar es mantener el estatus sanitario libre de Orobanche”, añadió.
Con el apoyo de las instituciones involucradas, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) dispone de un plan de contingencia que estipula las acciones a realizar ante una eventual incursión de la maleza.
“Se ha establecido la obligatoriedad de denuncia ante una sospecha de presencia de jopo. Está claro que, ante un evento inesperado, la intervención temprana puede detener el proceso invasivo, pero para eso debemos estar en alerta”, manifestó.
Estas conclusiones, entre otras relevantes acerca del tema, surgieron tras la disertación de Cantamutto en el VI Simposio Internacional sobre Jopo ORO-Stress, organizado por la Asociación Internacional de Girasol en la ciudad de Novi Sad, en el norte de Serbia.
“Fue una valiosa instancia donde se expusieron, ante la comunidad académica, las acciones emprendidas por las autoridades fitosanitarias nacionales para evitar que esta peligrosa maleza parásita ingrese a nuestro país”, amplió.
¿De qué se trata?
El jopo (broomrape en inglés; Orobanche cumana) es una plaga que emergió como una de las principales limitantes para el cultivo hace más de un siglo, cuando girasol y maleza se encontraron en las costas del Mar Negro, en territorio de la actual Federación Rusa.
A pesar de la pronta selección de variedades de girasol resistentes a esta maleza, el problema se fue extendiendo de manera gradual a todas las regiones de cultivo de Europa, Asia y norte de África.
“Sucede que los mecanismos de resistencia a la parásita tienen una relativa baja durabilidad por la extrema variabilidad genética de la maleza, cuyas poblaciones suelen contar con algunos individuos que superan esa resistencia y dan lugar a nuevas razas más complejas”, explicó el ex director de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Ascasubi.
“Hace unos 15 años, siendo investigador de la Universidad Nacional del Sur (UNS), comencé a estudiar esta maleza que, en ese momento, se encontraba confinada al hemisferio norte. En nuestro abordaje, analizando los suelos y climas de los sectores infestados, encontramos que no había diferencias con los ambientes libres de la maleza”, aseguró.
Las semillas de la planta parásita son muy pequeñas, semejantes a esporas de hongos, que pueden movilizarse adheridas al fruto de girasol, maquinarias agrícolas, medios de transporte, calzado, animales y demás.
“Una vez incorporada al suelo, la semilla puede vivir más de 10 años y germinar solo cuando percibe estímulos químicos secretados por la raíz del girasol en crecimiento”, describió. A partir de entonces, penetra en la planta y comienza la succión de los foto-asimilados del girasol (en beneficio de la parásita).
Cantamutto recordó que, en forma inesperada, hace dos años en Bolivia se encontró que el jopo había infestado cerca de una cuarta parte del área cultivada con girasol. “En realidad se desconoce el origen de este proceso invasivo, puesto que la semilla utilizada en ese país está sujeta a controles fitosanitarios de rigor”, aseguró. Se sospecha que la maleza pudo haber ingresado como contaminante de maquinarias usadas importadas.
Una de las debilidades que pudo facilitar la rápida difusión de la maleza fue el desconocimiento de su poder nocivo. “En el inicio del proceso invasivo en un campo suelen observarse solo unas pocas plantas aisladas que, si bien pueden matar al girasol que las alimenta, no causan mermas medibles en el rendimiento”, dijo.
La supuesta inocuidad de estas colonizadoras aisladas hace que se las tolere hasta que cumplan su ciclo de vida. “Esta situación resulta lapidaria, pues debido a su alta capacidad reproductiva en unas pocas generaciones se alcanzan niveles catastróficos de infestación, en los cuales la pérdida del cultivo puede ser casi total”, aseveró el investigador de nuestra ciudad.
Preocupados por la aparición del jopo en Bolivia, las autoridades fitosanitarias de la Argentina (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, Senasa) fueron alertadas por la Asociación Argentina del Girasol (Asagir). El alerta fue abordado por las autoridades regionales, que apoyaron el trabajo realizado por su par de Bolivia, el Senasag.
Una ausencia bienvenida
Lo cierto es que, hasta la actualidad, la Argentina se considera libre de jopo. En las últimas tres campañas de girasol, técnicos del Senasa, de organismos fitosanitarios provinciales y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) realizaron observaciones en los cultivos comerciales empleando un protocolo oficial.
También se censó el grado de conocimiento de la maleza (en consulta con informantes calificados).
“Atendiendo al valor crucial de la prevención activa y la eventual detección precoz, a través de un comité interinstitucional se propiciaron acciones de divulgación para un mejor reconocimiento de la plaga y su riesgo potencial”, manifestó.
“Asimismo, se emitió material audiovisual y, también, se propició que el tema fuera abordado en reuniones del sector a nivel regional y nacional”, expresó.
En este contexto es que a Cantamutto le pareció conveniente presentar a la comunidad especializada internacional el estado de situación regional y las acciones preventivas de la Argentina.
El profesional bahiense ya había participado en dos seminarios internacionales sobre el jopo, en Moldavia (apoyado por el Senasa) y en España. Del mismo modo, con el apoyo de la Cámara Arbitral de Cereales de Bahía Blanca asistió a la cita realizada en la localidad de Novi Sad, en Serbia. Decididamente, estas reuniones se constituyen en un espacio de franca interacción entre especialistas con amplia trayectoria en la maleza.
“En nuestra presentación en el seminario ORO-Stress dejamos en claro que la parásita del girasol Orobanche cumana está ausente en la Argentina. Consideramos que las históricas medidas preventivas, que aún se aplican, han resultado efectivas para evitar su ingreso”, añadió.
“Está claro que, ante un evento inesperado, la intervención temprana puede detener el proceso invasivo, pero para eso hay que estar alerta”.
“Todas las partidas de girasol originadas en países con jopo deben contar con certificación oficial de proceder de cultivos libres de la maleza. También la importación de maquinarias usadas debe contar con certificación oficial de una rigurosa limpieza previa al ingreso al país”, aclaró.
“Lo que sorprende al mundo girasol es la imprevista irrupción de la maleza a un sector muy particular de Sudamérica, en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, donde el cultivo se produce en condiciones muy particulares, ligeramente semejantes a las del norte argentino”, señaló.
Cuando las sospechas de la presencia de jopo en Bolivia fueron cobrando solidez, Senasa cerró la importación de semilla de girasol de ese origen y realizó un exhaustivo control de las partidas previamente ingresadas. Los resultados mostraron que, en todos los casos, la maleza estaba ausente.
Asociado a la participación en ORO-Stress, Cantamutto tuvo la oportunidad de visitar campos de evaluación por resistencia a jopo, ya sea en Serbia y como en Hungría. “La expresión de la resistencia al jopo en condiciones de campo está condicionada por varios factores complejos”, acotó.
“En los campos infestados la distribución de la semilla suele ser muy irregular y ello puede afectar la clasificación de una línea o un híbrido, dependiendo del diseño experimental. También pueden ocurrir contaminaciones físicas y genéticas, o emergencia de individuos portadores de genes de resistencia, que enmascaran las evaluaciones”, amplió.
Para el control del jopo también puede apelarse a herbicidas imidazalinonas, solo en híbridos que cuentan con resistencia genética a ese grupo químico (girasoles CL, CLP ®).
“Si bien esta tecnología de adopción masiva en la Argentina puede controlar la maleza, posee algunas debilidades. Si las aplicaciones no se realizan bajo condiciones óptimas pueden ocurrir escapes que recargan de semillas el suelo”, detalló.
“También se han detectado poblaciones de la maleza con resistencia al herbicida en dos países distantes en Europa”, concluyó Cantamutto.