Fiebre de sábado por la noche
Es entendible e inevitable la ansiedad en un país que puede ser bicampeón mundial.
Periodista, conductor y realizador televisivo, columnista en medios de difusión nacional. Nativo de Coronel Dorrego, alterna residencia entre Sauce Grande y Capital Federal. Conduce el ciclo ESAS PEQUEÑAS COSAS en BVC Bahía Blanca.
El encuentro entre Argentina y Cabo Verde fue universal, el de mayor audiencia en la historia de los mundiales. Hubo 2.700 millones de personas pendientes del televisor, una cifra sin precedentes para ver a Messi y a la Selección frente a la revelación del equipo africano y su arquero, quienes hicieron historia en el debut y nos complicaron la vida.
El épico triunfo contra Egipto puso al país en «modo mundial». Aparecieron las banderas, la gente salió a las calles y se encendió el clima de fiesta. No hablamos ni vemos otra cosa que no sean los tres goles en diez minutos contra Egipto y los partidos de cuartos de final.
Es entendible e inevitable la ansiedad en un país que puede ser bicampeón mundial. Solo Italia en 1938 y Brasil en 1962 lograron dos mundiales al hilo. Hace 64 años que hay una vacante en ese podio y podemos ser nosotros.
Por eso, ya se siente la fiebre del sábado a la noche que nos espera con Suiza. Para entonces sabremos si Noruega o Inglaterra esperan al ganador en semifinales. No es lo mismo. Para nada. Cuando el domingo pasado los ingleses jugaron con México en el Estadio Azteca, tuvimos sensaciones encontradas y deseos contrapuestos.
Por un lado, queríamos que ganara México; nos tenemos pica, pero es un vecino de la cuadra. Por el otro, un sentimiento profundo nos inclinaba por Inglaterra con una única y explicable razón: volver a enfrentarnos con ellos en una semifinal.
Sin triunfalismos ni gastar a cuenta, porque Suiza es un rival difícil, si mañana se alinean los planetas, otra semifinal con Inglaterra es posible. Fuimos los «faraones» frente a Egipto y, si logramos el milagro, nos asiste el derecho a soñar.
Qué fin de ciclo mundialista sería para Messi despedirse enfrentando a los ingleses por primera vez. ¿Se imaginan el momento que nos espera? Que la historia vuelva a repetirse cuarenta años después.
Verlo a Lionel continuando la obra de Maradona con el gol de todos los tiempos, en el estadio de Atlanta repleto de argentinos. Y nosotros aquí, con el frío del invierno, en casa, en familia o con amigos, como hace cuatro décadas, haciendo el aguante.
Si el partido en semifinales se hace realidad, las Malvinas y los pibes estarán presentes entre nosotros. El barrilete cósmico rondará por el estadio, con un fondo de tribuna recordando que “somos de la tierra de Diego y Lionel / de los pibes de Malvinas / que jamás olvidaré”.
Miles de millones de personas en todo el planeta verán por televisión lo que ocurra en el estadio. A cuatro décadas del gol de Maradona y de la guerra, en buena hora que el mundo sepa que no nos olvidamos de los pibes de Malvinas y que el reclamo de soberanía sigue siempre vigente.