"Esta noche la voy a recordar por mucho tiempo", dijo Nico Guerrero, que nunca había vivido algo igual
Restando cinco décimas el base estaba obligado a meter dos libres para la victoria de Napostá. Y lo concretó, en la final de la LBB Oro.
Ingresó en La Nueva Provincia en 1995. Trabaja en la sección Deportes y fue colaborador en Regionales y Locales de este mismo medio. Se especializa en básquetbol. Formó parte del staff de la revista Encestando y Zona de Básquet durante 10 años. Tuvo experiencia en el programa Radial Contrabásquet, en Radio La Red.
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Bahiense del Norte venía de pasar al frente 81-80 restando 4s01/10 y Nicolás Guerrero había sido el responsable de que su atacante, Augusto Lamonega, iniciara esa jugada que finalmente terminó en doble de Juan Pedro Hollender.
En ese momento, de acuerdo con el resultado que parecía decisivo, Napostá quedaba 0-2 en la serie final de la LBB Oro.
Lo cierto que en la reposición el propio Guerrero, a quien ahora defendía justamente Lamonega -de gran partido-, repuso del lateral, se la dio a Ramiro Heinrich, este se la devolvió en mano, dio un pique y cuando fue a armar el tiro Lamonega pasó de largo; en su intento por evitar el tiro limpio de tres puntos se estiró y le cometió falta.
En manos del pibe estaba gran parte del futuro de la serie, aburrida en el inicio por el 95-53 a favor de Bahiense y altamente atractiva en el segundo por este final.
Guerrero se paró frente al tablero de espaldas a calle Angel Brunel y erró el primero.
Tenía dos más. Si los erraba ganaba Bahiense; si metía uno iban a suplementario y si convertía los dos empataban la serie.
"Sinceramente sólo pensé en tirarlos y, aunque fuera meter uno. Guido (Muzi) su ex compañero me dijo un par de cosas ahí... Cuando erré el primero me quedé tranquilo, porque sabía que tenía dos más y necesitaba meter uno. Y cuando metí el segundo inmediatamente mi confianza subió. Ya el tercero lo tiré más relajado", recordó.
Son esas definiciones que si salen bien quedan grabadas de por vida.
"No recuerdo haber tenido en mis manos una definición así y mucho menos en un contexto de una final y en un torneo de Primera", admitió Nico.
En ese retroceso de imagenes de partido, también se le aparece la jugada anterior.
"Creo, más que nada, fue un premio consuelo. Justo en la última jugada defensiva nuestra, Augusto me intentó enganchar, saqué el brazo e inmediatamente me pasó. Saltó a la ayuda Marcos (Diel), Lamonega falló, pero agarró el rebote Hollender y convirtió. Creo que fue una mala defensa mía", asumió.
"Inmediatamente fuimos al minuto y estaba enojado. El tiro lo tomé como una revancha personal, pero no con Lamonega, sino conmigo mismo que había hecho una mala defensa", admitió.
Napostá estaba complicadísimo para sacar adelante el partido.
"Nunca perdimos el eje. Sabíamos que teníamos que seguir defendiendo. La pelota que robamos por cinco segundos al final, que generó el triple de Marcos (Diel), nos dio una esperanza más y al suplementario entramos con una confianza distinta. Teníamos que salir a ganar el partido, porque, de lo contrario quedábamos 0-2", reconoció.
Guerrero también se refirió a la función que le toca esta temporada.
"Este año tengo un rol distinto a los últimos años en el club, debido a que está Fausto (Depaoli) que, junto con Augusto (Lamonega), para mí son los dos mejores bases del torneo. Los minutos que puedo estar en cancha tengo que generar lo mejor para el equipo, más que hacer puntos. Lo tomo como algo personal y estoy muy feliz. Creo que esta noche la voy a recordar por mucho tiempo", aseguró.