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Adoquines con más de un siglo en la ciudad: impulsan su protección definitiva

Se pretende declarar patrimonio cultural a los históricos corredores de Avda. Pringles y del eje Arias–Estrada–G. Torres, destacando el valor paisajístico y urbano y el rol clave en el desarrollo. La propuesta de Andrés De Leo.

Una parte de la historia bahiense. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

El diputado provincial Andrés de Leo (Coalición Cívica) presentó un proyecto de ley para incorporar al patrimonio cultural provincial al camino empedrado de avenida Pringles y al que conforma el de avenida Arias-Bulevar Estrada y Guillermo Torres. La presentación menciona que se trata de calles que constituyen “una reserva” de gran potencial, “espacios centenarios y arbolados con un gran valor histórico y paisajístico”.

También indican que la falta de protección a los mismos ha derivado en el reemplazo de muchos sectores por asfalto, sin considerar su importancia patrimonial. “Con la actual concepción urbana, estas avenidas han recuperado su valor y se las considera como vías para caminar, esparcirse o la realización de ferias y eventos sociales”, agrega la presentación.

La avenida Pringles tomó ese nombre por ser antiguamente el camino hacia esa localidad bonaerense, siendo además el tradicional recorrido al cementerio. La traza de Arias, Estrada y Guillermo Torres define lo que en su momento fue clave para el funcionamiento de la ciudad como es disponer de un camino que uniera el centro con el puerto de Ingeniero White.

La presentación señala, además, la necesidad de proyectar medidas para garantizar la fluidez vehicular. “Los adoquines son conocidos por su durabilidad y capacidad para el tráfico pesado. Sin embargo, requieren un mantenimiento adecuado para reguardar de su integridad y seguridad”. Desde lo paisajístico, se menciona a las arterias como “verdaderos bosques lineales”.

“Bahía Blanca ha conservado estas calles con su aspecto encantador, una estética única y atractiva. Los adoquines crean un ambiente pintoresco, apreciado por residentes y visitantes”, agrega el escrito.

El adoquinado de la avenida Pringles comenzó a realizarse en 1911, siendo una de las obras más demandadas por el vecindario. Tanto como salida de la ciudad como por su uso cotidiano como el camino que conducía al cementerio, con lo cual los cortejos fúnebres debían transitar un recorrido a veces imposible.

Uno de los momentos más influyentes para la concreción de la obra fue el entierro del vecino y ex intendente municipal Ángel Brunel, fallecido en mayo de 1909, que generó un cortejo fúnebre como nunca antes se había visto en la ciudad.

“El espectáculo de ayer fue vergonzoso. Muchos coches quedaron sin poder moverse, ni para atrás ni para adelante”, se señaló este diario. Los problemas a salvar en el recorrido eran muchos: cuestas, pozos, tramos arenosos y el viento que castigaba con arena los ojos de los usuarios.

Cr. Andrés de Leo, diputado de la Provincia de Buenos Aires.

En el entierro de Brunel varios carruajes se vieron afectados “de manera extraordinaria”, atascados en los pozos e, incluso, el féretro estuvo a punto a caer al suelo.

En octubre de 1910, la revista Caras y Caretas de la Capital Federal le dedicó dos páginas —texto y foto— no solo al camino, sino también al cementerio. “En Bahía Blanca hay cementerio, solo que sería mejor que no lo hubiera y cada uno enterrara sus muertos en casa. Es un potrero o una sociedad anónima para la explotación de cadáveres”, señaló el escrito, al tiempo de mencionar que el mal estado del camino “está tan de acuerdo con el lugar que son concordantes”.

Luego de una discusión sobre el material a utilizar, el intendente Valentín Vergara decidió realizar un primer tramo con adoquines de Tandil, obteniendo un resultado favorable. A partir de ahí licitó las etapas siguientes. Junto con el adoquinado, se dispuso una forestación que le diera el aspecto de una avenida.

“La obra va a significar un adelanto de ponderable importancia y de indiscutible utilidad pública”, señaló este diario.

El camino hacia el puerto

Si complicado era ir al cementerio, qué decir del movimiento de carros y camiones que, a principios del siglo XX, se generaba entre la ciudad y el puerto, con un trazado de tierra y arena, irregular y la más de las veces intransitable.

Cuando en 1910 se planteó su construcción se originó una gran polémica. Muchos particulares vieron la posibilidad de vender sus tierras a precios ventajosos proponiendo un recorrido que no necesariamente era el más conveniente, salvo para sus intereses.

La solución vino de la mano de Arturo Coleman, máxima autoridad del Ferrocarril del Sud en nuestra ciudad, quien propuso al intendente Valentín Vergara cruzar por terrenos de esa empresa, asumiendo parte del costo de la obra. Vergara aceptó la alternativa, por ser práctica y factible, un recorrido desde la plaza Rivadavia hasta el conjunto de puentes La Niña. El ingeniero municipal elaboró los planos y la empresa Reid se encargó, en 1912, de colocar los 3 millones de adoquines traídos desde Tandil.

El camino al puerto fue bautizado con el nombre del gobernador José Inocencio Arias, fallecido aquel año en ejercicio del cargo, quien había propuesto crear una nueva provincia, uniendo partes de territorio bonaerense, de La Pampa y Río Negro, con Bahía Blanca como capital.

El histórico camino conserva el adoquinado en la mayor parte de su recorrido, lo pierde al cruzar Villa Rosas, y en muy regular estado lo mantiene hasta casi llegar a Ingeniero White.