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Maquinaria agrícola e implantación de pasturas: una relación que debe estar aceitada

“Los pilares mecánicos se sintetizan en tener una muy buena cuchilla, una excelente apertura de surco, el adecuado pisado de la semilla y el control estricto de la carga según la velocidad de avance”, dijo el Ing. Agr. Guillermo Marrón, de la EEA del INTA Bordenave.

Ing. Agr. Guillermo Marrón, del INTA Bordenave. / Fotos: Andrea Castaño-La Nueva.

En el marco de la búsqueda constante de eficiencia en los sistemas productivos de la agricultura en el país, el Ing. Agr. Guillermo Marrón, del INTA Bordenave, apunta a un tema crítico: la relación entre la maquinaria y la implantación de pasturas.

“¿Por qué es determinante el papel de la maquinaria en el inicio del proceso? Hay que entender que la pastura no nace de la nada; el cultivo antecesor es el que define el tren de siembra y el momento de entrada de la maquinaria. Ese antecesor suele dejar un suelo con mucho tránsito de herramientas, que lo han compactado y deformado”, sostuvo Marrón.

“En este contexto, el desafío es artesanal porque los fabricantes no hacen sembradoras específicas para pasturas, sino para soja o siembra fina, por ejemplo, y solo agregan un cajón alfalfero como accesorio”, agregó.

“Esto genera complicaciones para los ingenieros mecánicos al momento de decidir dónde colocar el tubo de bajada y cómo garantizar que la semilla caiga correctamente, lo que obliga a los agrónomos a trabajar de forma artesanal para lograr precisión”, dijo.

“Lograr que la semilla caiga donde corresponde requiere una comunión técnica entre el agrónomo y el operario, quien es la persona clave de todo el proceso”, dijo el profesional bahiense de anterior paso por el INTA Castelar, quien es considerado en el ambiente como un referente de esta temática.

—¿Cuál es el secreto para que la implantación se considere bien realizada?

—El objetivo fundamental es garantizar el enraizamiento. La raíz tiene que funcionar como un torpedo que vaya hacia abajo sin obstáculos. Para lograrlo en siembra directa, la cuchilla es el componente que define todo: si la cuchilla trabaja a un 60 % de su capacidad, el resto del tren de siembra multiplicará por ese rendimiento mediocre. Además, mientras una soja se siembra a 3 centímetros de profundidad, la pastura requiere apenas 3 o 4 milímetros.

—Mencionás el pisado de la semilla como un factor crítico, ¿podrías explicarnos esa analogía?

—Es fundamental. Si pisas un poroto de alfalfa, se hinchará, duplicará su peso y cuadruplicará su volumen al absorber agua y quedará trabado en el suelo.

Ing. Agr. Guillermo Marrón, del INTA Bordenave.

“Como la semilla no puede moverse porque está presionada, la raíz no tiene más opción que penetrar hacia abajo. Si la cuchilla hizo bien su trabajo y removió el suelo debajo, la raíz vuela (sic) y la implantación es correcta”.

—¿Qué factores debe cuidar el productor en el lote en cuanto a la dinámica de la sembradora?

—El tren de siembra debe ir metido dentro del suelo formando el surco, y para eso se necesita carga, generalmente provista por resortes. El problema aparece con la velocidad: a mayor velocidad, se necesita más carga de resorte para evitar que la máquina oscile.

—¿Es difícil encontrar maquinaria en el mercado que cumpla con estos requisitos?

—No es sencillo. Como no se siembran tantas hectáreas de pastura en comparación con otros granos, los fabricantes orientan sus proyectos hacia diferentes necesidades. Existen algunas excepciones artesanales en nuestra región, así como en otros lugares del país. Sin embargo, la experiencia me dice que muchas veces es más efectivo adaptar una sembradora que intentar fabricar una de cero.

—¿Cuál es el impacto económico de no prestar atención a estos detalles técnicos?

—Es enorme. Una siembra de pastura puede costar 100 (sic) por hectárea si se hace bien, pero si se hace mal el costo puede escalar a 1.000 por hectárea debido al lucro cesante y a la necesidad de resembrar.

En el caso de la alfalfa, se remarca la importancia de conocer y calibrar de modo correcto la sembradora antes de salir a sembrar.

“A veces conviene negociar una tarifa de contratista un poco más alta si eso garantiza que el operario se tome el tiempo de configurar bien la máquina y trabajar a la velocidad adecuada. Hacer mal una pastura es un problema importante que cuesta mucho tiempo y dinero”.

Los puntos clave

Los ítems para lograr una implantación de pasturas exitosa son una excelente cuchilla, la apertura de surco precisa, el pisado de la semilla y el control estricto de la carga según la velocidad.

Para eso, Marrón insiste en establecer una serie de pilares técnicos y humanos que transforman la siembra en un proceso de precisión. Estos son los puntos fundamentales:

—Garantizar el enraizamiento: para que esto ocurra, el suelo debajo de la semilla debe estar bien laboreado o removido.

—La importancia de la cuchilla: en siembra directa, la cuchilla es el componente crítico que define el éxito de todo lo que viene detrás en el tren de siembra.

—Profundidad de siembra mínima: a diferencia de cultivos como la soja o el trigo (que requieren centímetros), las pasturas necesitan una profundidad de apenas 3 o 4 milímetros.

—El pisado de la semilla: es un factor fundamental para trabar la semilla en el suelo. Al presionarla, la semilla absorbe agua, se hincha y queda fija; esto obliga a la raíz a penetrar en el suelo en lugar de mover la semilla hacia arriba.

—Control de la carga y la velocidad: el tren de siembra debe ir siempre dentro del suelo formando el surco.

—El factor humano (operario y agrónomo): el operario es considerado la persona clave de todo el procedimiento.

“Existe una tensión entre las necesidades del operario de hacer muchas hectáreas por día y del agrónomo de realizar una siembra de calidad, lo que requiere una comunicación constante y, a menudo, negociar una tarifa de contratista más alta para asegurar que se respeten los tiempos técnicos”, agregó.

Este vínculo es determinante para el éxito de la pastura, ya que esta interacción influye en la siembra a través de la comunión de objetivos. “Es necesario que exista una comunicación fluida para que el operario entienda exactamente qué resultados técnicos busca el agrónomo, trabajando de forma casi artesanal para colocar la semilla en el lugar correcto”, manifestó Marrón.

“Es cierto que existe una tensión natural en esta relación; el operario suele cobrar por hectárea, por lo que su incentivo es trabajar a mayor velocidad para facturar más por día. Sin embargo, la implantación de pasturas exige una siembra de calidad que, a menudo, requiere ir más despacio y prestar atención a detalles técnicos”, amplió.

Esta relación tiene impacto en los costos, ya que una mala relación, o falta de entendimiento, puede derivar en una mala siembra.