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Ayer y hoy: la maravilla de unas vidrieras perdidas en el tiempo

Inaugurada como La Ciudad de Bahía Blanca, el comercio dedicado a tienda ocupó un edificio diseñado en base a frentes completamente vidriado y vidrieras en planta alta.

La primera cuadra de calle O’Higgins, entre Chiclana y Brown, fue durante gran parte del siglo XX la calle comercial por excelencia de la ciudad. Por su movimiento comercial, la calidad de sus negocios y la excelencia de sus vidrieras. En la década del 20 se la mencionaba como la Florida bahiense, en relación a esa calle porteña, e incluso se la intentó convertir en peatonal.

A mediados del 30 se la definía como una cuadra “distinguida y prosaica”, atento a que por ella se paseaba lo más granado de la ciudad, movimiento que la convertía en elegante y dinámica.

A eso sumó una variedad de carteles de neón que le daban a la calle un colorido único, al punto que en la década del 50 se comenzó a hablar de La Gran Vía del Sur Argentino.

O'Higgins, década del 30

En la década del 70 se mantenía la costumbre de estacionar en esa cuadra para mirar el paso de la gente. Los comercios, entre tanto, sumaban propuestas para convocar a la gente, mediante descuentos y sorteos. “O’Higgins, calle abierta a la gente feliz”, fue un slogan elegido.

Las vidrieras

“Iba yo paseando, vidrieras mirando y mientras soñando, cuando te vi”. Heleno

Pocos detalles eran tan atractivos en O’Higgins como las vidrieras, verdaderos espacios de exhibición en manos de vidrieristas profesionales. “Salir a mirar vidrieras” era parte de un paseo habitual e incluso hay crónicas que dan cuenta que los hombres se “apoltronaban” contra esas vidrieras para ver el paso de las chicas, generando el enojo de los comerciantes.

Uno de los comercios que más impactó con su propuesta en ese sentido fue el que desde el 11 de abril de 1927 ocupó la tienda Ciudad de Bahía Blanca, en O’higgins 35, casi esquina Drago cuando esa calle todavía no estaba abierta.

A la derecha, las vidrieras de la tienda

El edificio fue proyectado por el ingeniero Adalberto Torcuato Pagano y la obra a cargo de la empresa Cabré. El edificio tenía dos pisos, presentando en la planta baja un bloque de tres grupos de vidrieras sobre la línea municipal, una suerte de hall-pasillo detrás y otro grupo de vidrieras antes de ingresar al local.

La planta alta tenía una resolución completamente novedosa: todo su ancho vidriado con una sucesión de seis ventanas tipo bob window.

Vidrieras y hall, vista hacia la calle

La firma Gasparri y Jaume, especialistas en frentes y vidrieras, participó de esa construcción, utilizando 3.766 pies cuadrados de vidrios y cristales provistos por Pilkington Brthers Limited. La Estrella del Sur, de Antonio Grillo, proveyó los mármoles y Guido Amaducci, taller de letristas, se encargó de las tareas de pintura.

Propiedad de Anselmo Anselmi, Alfonso Fuentes y Antonio Rumí –ex empleados de tiendas La Capital-- el comercio se dedicaba a ramos generales de tienda, con secciones como confecciones de señoras y niños, sastrería, bonetería, sombrerería, camisería, zapatería y tejidos, empleando a 50 personas.

El salón de ventas fue definido como uno de los más “espaciosos y adecuados” del centro, contando con estanterías y mostradores de madera para permitir la atención personalizada.

Tienda Ciudad de Bahía Blanca, interior, 1928

El sucesor

Más allá de la apuesta y la inversión, la tienda Bahía Blanca tuvo una vida efímera: en 1936 el comercio transfirió sus activos y pasivos a Anselmo Anselmi y Antonio Crespi Valls, quienes continuaron operando durante algunos meses bajo el mismo nombre para luego cambiar al de Casa Colombo, la cual hasta entonces había operado con el nombre de Los Vascos en Sarmiento y Zelarrayán. Fundada en 1878 por Ernesto Colombo, la sucursal bahiense era las más destacada del interior y con su traslado buscaba “estar a la altura de su importancia y de las necesidades de la ciudad”.

Colombo respetó el diseño del frente y mantuvo las vidrieras de planta baja y las ventanas de planta alta. Fue la última oportunidad de disfrutar del singular edificio y su hermoso frente.

Casa Colombo, el nuevo comercio, 1938

La tapa

“Presiento el fin de un amor en la era del color, la televisión está en las vidrieras” Charly García

En la década del 50 el lugar tuvo un nuevo ocupante, la tienda Beige, la primera en desentenderse de la fachada al ocultar la planta alta detrás de un gran cartel con el nombre del negocio.

El cartel ed Beige y el adiós a la planta alta con vidrieras

Esa tendencia se mantuvo con los siguientes ocupantes y es la que se puede observar en la actualidad, con la particularidad de haberse dividido el frente en seis paños vidriados con cortinas metálicas individuales.

El edificio en la actualidad

La primera cuadra de O’Higgins ya no es la misma de hace un siglo. La ciudad ha sumado nuevos sitios de comercio y de paseo, los usos y costumbres han cambiado. Aquella fisonomía, que se extraña, marcó décadas del quehacer bahiense y supo de una estética que hoy no es tan frecuente encontrar.