Llega la celebración más esperada de Villa Serrana La Gruta
El próximo 13 de mayo habrá rosarios, confesiones, peregrinación con velas y misa en el santuario en honor a la Virgen de Fátima, en una jornada abierta a toda la comunidad.
En el marco de la festividad en honor a Nuestra Señora de Fátima, el Santuario de Villa Serrana La Gruta, en el partido de Tornquist, será escenario de una jornada especial que combinará fe, tradición y encuentro comunitario.
Las actividades comenzarán a las 11 con el rezo del rosario, meditando la vida de María, una propuesta que se repetirá a las 15 para quienes deseen sumarse en distintos momentos del día.
Más tarde, a las 16, se abrirá el espacio de confesiones, que se extenderá hasta el inicio de la misa.
Uno de los momentos más significativos será a las 17:30, cuando se realice la tradicional peregrinación de velas desde el Cristo Redentor hasta el santuario, un recorrido cargado de simbolismo que cada año convoca a fieles de toda la región.
La jornada culminará con la celebración de la Santa Misa, y luego se propondrá un compartir a la canasta, invitando a los presentes a prolongar el encuentro en un clima de comunidad.
El evento, organizado en el Santuario Nuestra Señora de Fátima y perteneciente a la Arquidiócesis de Bahía Blanca, está abierto a todos aquellos que deseen participar y vivir una fecha significativa dentro del calendario religioso.
Por qué en Villa Serrana La Gruta
Hay historias que nacen de la fe y encuentran su destino con el paso del tiempo.
La del Santuario de Nuestra Señora de Fátima en Villa Serrana La Gruta comienza en 1961, cuando una imagen de la Virgen llega desde Portugal a la Argentina. Fue adquirida por el matrimonio de Carmen y José De Oliveira, inmigrantes portugueses que, con profunda devoción, deseaban donarla a una iglesia en construcción en el conurbano bonaerense.
Pero ese proyecto nunca se concretó y la Virgen, simplemente, se quedó con ellos.
Pasaron los años. Y lo que parecía una espera, empezó a transformarse en algo más.
En la casa de la familia, la imagen se volvió centro de oración. Cada vez más personas se reunían allí, rezaban, pedían… y, sobre todo, se preguntaban cuál sería el lugar que la Virgen había elegido para quedarse.
La respuesta no llegó de golpe, sino como suelen llegar las cosas profundas: de a poco. En uno de sus viajes a la Comarca Serrana, Carmen de Oliveira sintió algo especial.
El paisaje, las sierras, el silencio, todo le recordaba a Fátima, a ese lugar sagrado en Portugal. Y entonces la intuición se volvió certeza: tal vez ese era el destino.
Comenzó así una búsqueda que también fue un acto de fe.
Finalmente, en 1982, el propietario de esas tierras, Miguel De Palma, atravesado por su propia promesa —su hijo estaba en la Guerra de Malvinas—, decidió donar cinco hectáreas de su estancia “La Gruta” para levantar allí un lugar dedicado a la Virgen, agradecido por su protección.
Desde entonces, todo fue construyéndose con esfuerzo y devoción. Primero, una pequeña capilla, sencilla pero llena de sentido, donde los peregrinos comenzaron a llegar. Después, con los años, el predio fue creciendo: espacios de encuentro, de acogida, de descanso.
Hasta que en 2005, aquel anhelo que había comenzado más de cuatro décadas antes, finalmente tomó forma: se inauguró el Santuario de Nuestra Señora de Fátima. Un templo que no solo alberga una imagen, sino una historia de espera, de confianza y de señales. Allí se mantuvo abierto gracias al esfuerzo de la comunidad de Tornquist por sacar adelante la Villa y que cada domingo hacían lo imposible para que se celebre la misa.
Y la historia no se detuvo ahí. Desde 2023, un grupo de mujeres fieles y devotas junto al párroco de Tornquist, el padre Norberto López, continúa dando vida a ese espíritu inicial: sostener el santuario como un verdadero espacio de encuentro, abierto a todos. Con dedicación y compromiso, trabajan para recibir a los peregrinos, acompañar celebraciones y seguir construyendo, día a día, un lugar de fe viva.
Hoy, el santuario permanece abierto todo el año. Y sigue siendo eso que alguna vez se soñó: un refugio espiritual en medio de las sierras, donde cada persona que llega encuentra no solo un lugar sino también una forma de sentir y de creer.