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El sector agropecuario está cada vez más fuerte: ¿habrá derrame en la ciudad?

Los buenos precios y un mejor clima infieren una repercusión en la comunidad bahiense. ¿Cuál es la opinión desde la Sociedad Rural y la Asociación de Ganaderos?

Los remates feria con animales de la región son cada vez más habituales en la ciudad. / Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

De manera comprobada, no es poca la incidencia de los vaivenes de la actividad agropecuaria en nuestra ciudad si se considera la repercusión económica en diversas actividades, desde prestación de servicios diversos hasta eventuales inversiones inmobiliarias.

La coyuntura del campo permite suponer que, desde hace al menos un par de años, la situación representará un eventual derrame económico en Bahía Blanca.

Se parte del hecho que, en realidad, el desarrollo de la ciudad es inseparable de la actividad rural. Y en esto coinciden Juan Manuel González Martínez, secretario de la Sociedad Rural, y Juan Abraham, tesorero de la Asociación de Ganaderos y Agricultores (AGA).

González Martínez destaca que la incidencia del campo es “fundamental” debido a que la ciudad posee uno de los puertos más importantes del país, cuya ubicación y calado lo posicionan como “una de las principales salidas al exterior de productos agrícolas”.

Por su parte, Abraham sostiene que, aunque la ciudad no sea una zona núcleo en volumen de producción propia, “funciona como el punto que aglomera a todo el sudoeste y parte del sudeste bonaerense”, convirtiéndose esta relación en un “nodo logístico por excelencia” gracias a su oferta de servicios y a la competencia entre exportadores en el puerto.

Juan Manuel González Martínez, secretario de la Sociedad Rural de Bahía Blanca (SRBB).

Respecto al impacto económico, los dirigentes matizan el concepto de efecto derrame.

González Martínez prefiere hablar de un beneficio “directo, concreto y palpable”, explicando que la producción agrícola y ganadera moviliza transportes, talleres, repuestos, tratamiento de cereales y servicios como catering y combustible para, por ejemplo, los remates feria (una actividad de importante repercusión).

Abraham coincide en esta visión integral, proponiendo hablar de “complementación y agregado de valor” en lugar de derrame.

Según el representante de la AGA, “el campo genera muchísimo movimiento en insumos, fletes, prestadores de servicios y bancos, demostrando que la actividad no se limita solo a lo que sucede adentro de un alambrado”.

Compromiso social

La relación entre las instituciones y la ciudad de Bahía Blanca es centenaria.

La Sociedad Rural de Bahía Blanca, con 132 años de historia, nació en 1894 como un puente para unir el campo con la ciudad.

González Martínez expresó que, a menos de dos años del bicentenario de la localidad (será el 11 de abril de 2028), el deseo de sus dirigentes es “continuar aunando esfuerzos con todos los gobiernos municipales para seguir acercando el campo a la ciudad”, así como fortalecer lazos que han crecido durante casi dos siglos.

Juan Abraham, tesorero de la Asociación de Ganaderos y Agricultores (AGA).

Desde la Asociación de Ganaderos y Agricultores, fundada el 26 de junio de 1932, Abraham resalta que han compartido “casi la mitad del tiempo de vida de la ciudad”, participando activamente en la defensa del productor y en la vida comunitaria.

Destacó que la institución no es ajena al día a día bahiense, ya que colabora a través de diversas acciones directas e indirectas en entidades como el Consorcio de Gestión del Puerto (CGPBB), la Bolsa de Cereales y la Cámara Arbitral de Cereales. Desde esos espacios, gestionan recursos y soluciones para la ciudad que, aunque a veces no se difunden bajo el nombre de la institución, cuentan con la participación y el compromiso de sus miembros.

Asimismo, en momentos críticos para la ciudad, como temporales o inundaciones, tal como la producida el último 7 de marzo de 2025, se realizaron campañas para recolectar, gestionar y entregar carne, dinero y colchones a los afectados.

Prosperidad compartida

Los referentes de las entidades agropecuarias validan la clásica premisa sobre la prosperidad compartida.

González Martínez señala que “cientos de empresas y miles de puestos de trabajo (directos e indirectos) dependen de la producción agroganadera”, especialmente en años de buenos rindes y recuperación de precios.

Abraham concluye con una visión optimista supeditada a la producción y a las reglas claras: “Si al puerto le va bien y la producción crece, indudablemente a Bahía le irá mejor. Pero en realidad eso puede extenderse a otros sectores ya que, si les va bien, eso repercutirá positivamente en la ciudad”.

De esta manera, el campo se reafirma como un pilar esencial —especialmente en estos tiempos— en la identidad de una Bahía Blanca que empezó a proyectar sus próximos 200 años.