Los inevitables contrastes que cruzan la escena política
La columna semanal del corresponsal de La Nueva. en la capital de la provincia.
Definiciones del Gobierno nacional que vienen provocando una fuerte contracción económica, más aquella inicial decisión del presidente Javier Milei de frenar la obra pública, siguen levantando polvareda en el escenario político por el impacto social y las consecuencias productivas del ajuste sobre la provincia de Buenos Aires.
También, la baja de la inflación según el relato del mileísmo choca contra la pérdida real del poder adquisitivo y los indicadores económicos.
En momentos de incertidumbre, el escenario político comienza a marcar más señales de oscuridad que lo que se admite. Durante la agenda semanal de Milei junto a su jefe de Gabinete, Manuel Adorni, “deslomándose” en Nueva York, el gobernador Axel Kicillof desplegó una agenda en la que logró combinar inauguraciones de obras de infraestructura municipal con un desabrido saludo formal con el expresidente Mauricio Macri al compartir la mesa principal en la cena de Expoagro en San Nicolás.
En paralelo y cuando en términos simples existe voluntad de diálogo, también se empiezan a semblantear algunas señales de sinceramiento y hartazgo por el “fuego cruzado” dentro de la coalición del oficialismo en la provincia de Buenos Aires.
Incluso, algunos confrontan la interna entre el kirchnerismo de La Cámpora con ministros y dirigentes “futuristas” de Kicillof, con la que atraviesa desde hace largos meses el Gobierno nacional, después de acusaciones por supuestos actos de corrupción que involucró a la secretaría general de la presidencia, Karina Milei, más los desplantes públicos y privados contra la vicepresidenta Victoria Villarruel, entre otros.
“También existe otra discusión interna que es más grosera pero parece no tener la misma visualización mediática que es la que se da en el gobierno de Milei”, indican poco amigablemente ante críticos observadores de la coyuntura política en las diagonales.
Ciertamente, todas esas comparaciones asoman regularmente ante un contexto económico y social extenuante. En rigor, no pocos referentes del PJ/K hace buen rato se posicionan en la interna partidaria a través de un micrófono (o redes sociales) y no cara a cara, como en los viejos tiempos.
En el caso de la Legislatura bonaerense aseguran que, al menos por ahora, los bloques de Unión por la Patria “aunque tiene discusiones y fuertes disgustos, sigue unido”, a diferencia de las bancadas de La Libertad Avanza, que se rompió varias veces, y la de los ex-Juntos por el Cambio que viene explotando en mil pedazos y sigue buscando refugio en espacios anti-peronistas, susurran.
Estamos frente a una época, donde Kicillof ensaya darle discursivamente un carácter federal a sus opiniones públicas en contra de la gestión libertaria en la Nación, resumibles tal vez, con aquella frase destinada al Presidente sobre que “el origen de este industricidio, de la destrucción de puestos de trabajo, la caída de la clase media y de que la plata no alcance está en las decisiones políticas de Milei”, según interpreta el ministro de Trabajo bonaerense, Walter Correa.
Desde el microclima de calle 6 no pocos coinciden en la necesidad de “nacionalizar” la figura de Kicillof para ampliar su base territorial, a modo de posicionarse como una alternativa opositora al modelo libertario. Pero por ahora, al menos, la prioridad de l gobernador parece ser la de priorizar su gestión en la PBA y ordenar el tablero interno del peronismo kirchnerista, un frente de tormenta que se volvió más complejo de atravesar por la tensión con el camporismo después de perder “batallas innecesarias” durante el reparto de cargos en el ámbito legislativo.
Desde ese momento, referentes del PJ esperan un gesto de autoridad política del mandatario provincial que, por ahora, no llegó. Entre ellos, los “renovadores” del massismo que esperan definiciones de brazos cruzados pero con la convicción que la unidad partidaria es la única opción para evitar la reelección de Milei en 2027.
Un dato que pateó el hormiguero también pasó por la decisión de la hermana del Presidente de bajarle el pulgar a Diego Valenzuela para la Agencia de Migraciones que se prevé crear bajo la órbita del Ministerio de Seguridad nacional, un cargo que el senador bonaerense en uso de licencia había acordado con su jefa política, Patricia Bullrich.
De ese modo, el exintendente del PRO de Tres de Febrero que se afilió a LLA y hasta redobló sus esfuerzos buscando ser premiado en la estructura nacional, ahora deberá resignarse con asumir su banca para defender discursivamente las políticas violetas y proyectar su futuro electoral cuando los libertarios busquen arrebatarle las llaves de la Gobernación al “aparato territorial” del peronismo.
Son tiempos de alto voltaje. La Provincia no sólo sigue confrontando contra el modelo de Nación, sino que además el ministro de Gobierno, Carlos Bianco, decidió barrer con los tapones de punta contra legisladores y ediles libertarios por una avanzada mediática mileísta para eliminar o reducir tasas comunales por atentar contra la autonomía municipal.
La ofensiva consiste en bajar alícuotas, restringir y hasta suprimir tributos utilizando como argumento la “voracidad fiscal” de los intendentes que terminan afectando la competitividad productiva. Para refutar ese planteo, la PBA citó indicadores externos sobre el impacto de los impuestos nacionales, provinciales y municipales en la renta agrícola. Entre ellos, un informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina que precisó que la presión fiscal en el agro responde sólo al 0,7% de las tasas municipales, mientras que retenciones e IVA representan más del 90%.
Bianco agregó que una parte significativa de “esa presión fiscal nacional corresponde a tributos no coparticipables, es decir que la recaudación queda en manos de Milei”.