Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla: el tango revolucionario
Se cumplen 70 años de la formación que modificó el futuro de nuestra música.
Por Carlos Carrizo / Especial para La Nueva.
En abril de 1955, Astor Piazzolla retornó de París junto a su mujer Dedé Wolff, donde estudiara durante cuatro meses con la famosa pedagoga Nadia Boulanger (fallecida en 1979).
Esta profesora amiga de Igor Strawinsky le dio el mejor de los consejos: “Su música está en el tango; todo lo que aprendió vuélquelo ahí”.
Con esa premisa, Astor decidió formar un conjunto que rescatara al tango de cierta monotonía rítmica y armónica que lo caracterizaba, con nuevos arreglos y sonoridades. Así creó el Octeto Buenos Aires, con dos bandoneones, dos violines, piano, cello, contrabajo y la “irreverente” incorporación de la guitarra eléctrica por vez primera vez en el tango.
Los músicos restantes fueron Roberto Pansera, reemplazado al poco tiempo por Leopoldo Federico, Enrique Mario Francini y Hugo Baralis (violines), Atilio Stampone (piano), José Bragato (violonchelo y, sucesivamente, Aldo Nicolini, Hamlet Greco y Juan Vasallo, en contrabajo.
En una entrevista que le realizara a Leopoldo Federico, expresó: “La música estaba muy bien escrita y no era muy difícil de ejecutar, pero había que estudiarla. Le pedí a Astor que necesitaba más tiempo, a lo que me respondíó: “No, yo largo y vos seguime”.
“Recuerdo que viajábamos a La Plata en una camioneta que conducía el propio Astor y a mitad de camino parábamos para encender una parrilla a gas y degustar unos chorizos. Iba poca gente a escucharnos, la mayoria jóvenes. En una ocasión le dije: Astor, porqué no escribís unos arreglos más simples para que la gente los aprecie mejor; a lo que me respondió: “Esto que parece moderno hoy, mañana será viejo”.
A su vez, Horacio Malvicino (a la sazón 26 años) fue convocado al ser escuchado por Astor en el Bop Club. “Cuando me llamó no lo podía creer. Me explicó que quería incluir una guitarra eléctrica para darle más énfasis al Octeto. Me convocó al bar Electra (avenida Callao y Cangallo) y me presentó a los restantes músicos. Mi asombro fue mayor al ver cómo distribuia las partituras a cada uno de nosotros. Tenía ya todo listo”.
“Si bien mi parte estaba escrita, me daba posibilidades de improvisar la melodía, algo que a Astor le complacía. La función de la guitarra era como una viola dentro de las armonías de un cuarteto de cuerdas. Yo improvisada en los finales”.
El Octeto Buenos Aires pudo grabar dos discos, por fortuna y deleite de las futuras generaciones. En el primer longplay estaban los temas “Haydée” (Héctor Grané), “Los mareados” (Juan Carlos Cobián), “Neotango” (Leopoldo Federico), “El Marne”(Eduardo Arolas), “Anoné” (Hugo Baralis), “El entrerriano” (Rosendo Mendizábal),”Tangology” (Horacio Malvicino), “Arrabal” (José Pascual), “A fuego lento” (Horacio Salgán) y “Marrón y Azul”, uno de los temas compuesto por Piazzolla durante su estada en París.
Fue editado por el flamante sello Disc-Jockey, uno de cuyos hacedores era el mismo Malvicino.
En su contratapa, Astor escribió: “El único propósito del Octeto Buenos Aires es renovar el tango popular, mantener su esencia, introducir nuevos ritmos, nuevas armonías, melodías, timbres y formas; y sobre todo, no pretendemos hacer música llamada culta”.
El segundo disco incluyó “Boedo” (Julio De Caro), “Mi refugio” (Cobián), “Taconeando” (Pedro Mafia), “La revancha” (Pedro Láurenz), “Tema otoñal” (Enrique Mario Francini” y “Lo que vendrá”, compuesto por Piazzolla en abril de 1954. Título premonitorio.
En esta placa de vinilo, el músico e investigador Luis Adolfo Sierra expresó que “el Octeto Buenos Aires, en sus modernas concepciones estéticas y avanzadas realizaciones técnicas, rompe totalmente, y sin concesiones, con regresivos convencionalismos que anquilosan al tango, en sus potenciales riquezas de contenido y forma”.
Horacio Ferrer me contó que presentaba al Octeto cuando actuaba en Mar del Plata. “Yo me lucía con floridos preámbulos sobre la revolucionaria agrupación, a lo que Astor me indicó en una ocasión: “pocas palabras Horacio, porque yo sé hacia dónde voy”.
Por supuesto, que este atrevimiento de Piazzolla tuvo sus serias consecuencias. En varias ocasiones lo amenazaron de muerte si continuaba con su empecinamiento en “destruir” el tango. Algo similar le ocurrió a algunos de sus músicos: “Dejen de tocar ese engendro musical o son boleta”.
También Piazzolla llamó furioso por teléfono a un programa que conducía Julio Jorge Nelson, que tildaba al Octeto de música ajena al tango. “No tenés derecho. Ahora voy a verte y me lo decís en la cara”, lo desafió Astor.
Es conocido también el intercambio de golpes que tuvo con el cantor Jorge Vidal, en un estudio de televisión, por opiniones similares. “Si me atacan, me defiendo, solía decir nuestro músico”.
Recuerdo personalmente cómo en un programa radial nocturno del humorista Delfor, se hacían preguntas a determinados personajes, que salían de una máquina que generaba el clásico ruido de una registradora. Y en una ocasión, el interrogado respondió “Ahh… es el Octeto Buenos Aires”.
La formación pudo actuar –en sus escasos dos años- en la televisión estatal y en un par de radios, amén de recitales en locales de Buenos Aires, Rosario y Córdoba. La “grieta” ya estaba instalada entre la mayoría de los tradicionalistas y la minoría modernista.
Víctor Oliveros -a quien le dedicara el tango “Plus ultra”-- se constituyó en el fanático más vehemente de Piazzolla, poseedor además de uno de los archivos más completos con notas en diarios y revistas editados en nuestro país y el exterior El material sirvió de base al voluminoso libro “Archivo Piazzolla”, del psicoanalista y escritor rosarino Carlos Kuri.