Represas de Santa Cruz: Milei firmó con China mientras EE. UU. busca frenar su avance regional
La firma de la Adenda 12 destraba el envío inmediato de USD 250 millones, reordena el esquema financiero y reactiva una de las principales obras financiadas por Beijing fuera de su territorio.
El presidente Javier Milei autorizó la firma de la Adenda 12 con China para destrabar el financiamiento de las represas de Santa Cruz, el proyecto hidroeléctrico impulsado durante la gestión de Cristina Fernández de Kirchner. La decisión habilita la liberación inmediata de unos 250 millones de dólares por parte del país asiático y se produce en un contexto de creciente tensión geopolítica entre Washington y Beijing.
El mismo martes, en su discurso sobre el Estado de la Unión ante el Congreso de Estados Unidos, Donald Trump centró su mensaje en la necesidad de reducir la influencia global de China. En esa línea, el secretario de Estado, Marco Rubio, inició una gira por el Caribe con el objetivo declarado de limitar la presencia del gigante asiático en la región.
En ese escenario, la reactivación de las represas santacruceñas adquiere relevancia estratégica. Se trata de una de las obras de infraestructura más importantes financiadas por China fuera de su territorio y constituye un componente central del vínculo bilateral en materia energética y financiera.
El proyecto atravesó años de paralización, renegociaciones y tensiones diplomáticas. Durante la gestión de Alberto Fernández la obra fue suspendida, en medio de cuestionamientos ambientales y presiones internacionales. En ese período, sectores del kirchnerismo defendieron la continuidad del financiamiento chino como la alternativa más viable para completar los trabajos.
La Adenda 12 redefine las condiciones financieras del contrato original, contempla los mayores costos derivados de desplazamientos geológicos detectados en el terreno y habilita el reinicio pleno de la construcción. En paralelo, se acordó el reconocimiento de aproximadamente 250 millones de dólares a favor de la Unión Transitoria de Empresas (UTE) constructora, en concepto de sobrecostos acumulados durante los años de inactividad.
La UTE está integrada por la estatal china Gezhouba y las firmas argentinas Eling e Hidrocuyo, que participan desde el inicio del emprendimiento. En las últimas semanas circularon versiones sobre una eventual salida de los socios locales y la posibilidad de que la obra quede bajo control exclusivamente chino.
Fuentes vinculadas a la negociación señalaron que el documento en proceso de firma es un memorando de entendimiento que reconoce los deslizamientos del terreno, establece el esquema de compensaciones económicas y abre la posibilidad de ajustes en la composición societaria durante 2026, una práctica habitual en proyectos de gran escala. Según indicaron, no existe una cláusula automática que obligue a la salida de empresas argentinas ni está previsto el ingreso inmediato de nuevos socios.
Más allá de los aspectos contractuales, la decisión tiene implicancias políticas y estratégicas. Para China, las represas constituyen una obra emblemática dentro de su política de financiamiento internacional de infraestructura. Para Argentina, la reactivación del proyecto se produce en un contexto de competencia creciente entre Estados Unidos y China por influencia en América Latina, lo que añade un componente geopolítico a una iniciativa de carácter energético. (El Patagónico)