Nadar para no hundirse: la nueva normalidad financiera de los bahienses
En un contexto de ingresos que caen y deudas que crecen, los hogares de Bahía Blanca duplican su esfuerzo laboral, acumulan atrasos y dependen cada vez más de la asistencia familiar para sostener consumos básicos. Informe del IIESS.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
La situación financiera de los hogares de Bahía Blanca se asemeja a un nadador que se esfuerza cada vez más para mantenerse a flote, pero se encuentra atrapado en una corriente que lo arrastra hacia atrás.
A pesar de duplicar la brazada (aumentar la carga laboral) y utilizar las últimas reservas de energía (recurrir a familiares), el agua sigue subiendo (los atrasos y el peso de la deuda aumentan) y la orilla (la certeza de pago) se aleja cada vez más. Esa es apenas una analogía de lo que sucede por estos tiempos de crisis en nuestra ciudad.
En un contexto marcado por la pérdida de poder adquisitivo y la necesidad de “estirar” los ingresos, los hogares de Bahía Blanca se han visto obligados a incrementar notablemente su esfuerzo laboral y a recurrir al endeudamiento pasivo (atrasos en pagos) para sostener el consumo básico.
Según el reciente Informe sobre Endeudamiento en Hogares de Bahía Blanca. Encuesta 2025, elaborado por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales del Sur (IIESS, UNS-Conicet), el incremento de la carga laboral no se tradujo en una mejora económica significativa para la mayoría de los bahienses.
El estudio, publicado en el mes de octubre de 2025, revela que la crisis de ingresos ha reconfigurado las finanzas familiares de manera alarmante.
Mayor esfuerzo, menos ganancias
Al igual que en muchas ciudades del país, donde los ingresos alcanzan en promedio hasta el día 17, los hogares bahienses intensificaron su carga laboral para tratar de compensar la caída de ingresos.
Por ejemplo, un 38 % de los encuestados activos debió incrementar su jornada laboral o tomar un segundo trabajo. Específicamente, el 15 % tuvo que asumir un trabajo adicional.
“Yo salgo de mi trabajo y hago viajes de Uber. Antes me rendía bastante, pero ahora hay muchos conductores y ya no es lo mismo. De todos modos, es algo antes que nada. Mi parámetro es poder pagar la luz, el gas y el agua con lo que saco con la changa”, señaló Julián Alvarez, de 27 años, empleado de una empresa dedicada a mantenimiento de molinos eólicos.
A pesar de este esfuerzo, solo un magro 9 % indicó haber ganado más. De hecho, el 55 % de quienes trabajaron más, ganaron menos o casi nada. En total, el 35 % de las personas encuestadas reportó una disminución en sus ingresos y un 3% adicional indicó que sus ingresos se redujeron a cero o casi cero. El aumento de la carga laboral se condice con la tendencia a nivel nacional de incrementar horas o días trabajados para compensar la caída salarial.
Endeudarse como supervivencia
Con este panorama, la toma de deuda sigue siendo una estrategia clave, aunque su composición ha cambiado. Los atrasos en los pagos aumentaron de manera marcada respecto a 2024, pasando del 25 al 38 %.
En cuanto al financiamiento, la mayoría de los hogares (dos de cada tres; o 65 %) señalaron haber contraído deuda mediante créditos. No obstante, este valor representa una tendencia a la baja respecto al 72 % registrado en 2024, sugiriendo que los hogares gestionan sus finanzas de manera más conservadora o que perdieron acceso al crédito.
Según el informe, el incremento de la carga laboral no se tradujo en una mejora económica significativa para la mayoría de los bahienses.
“Nunca me pasó lo de ahora, de usar la tarjeta de crédito para comprar comida. Antes la utilizaba únicamente para gastos extraordinarios o la compra en cuotas de electrodomésticos, pero ahora no me alcanza el sueldo para todo. Y eso que mi marido también trabaja”, contó Alicia Molteni, de 55 años, docente de una escuela pública de la ciudad.
El peso de las obligaciones financieras sobre los ingresos se ha vuelto crítico:
—El 29 % de los hogares declaró haber tenido dificultades para afrontar sus deudas, en un incremento significativo de 8 puntos porcentuales respecto a 2024.
—Un alarmante 18 % de los hogares indicó que los pagos de deuda se llevan la totalidad de sus ingresos (frente al 13 % de 2024).
¿A qué se debe el atraso y cómo se financian?
En la ciudad de Bahía Blanca se produjo un cambio de prioridades en los pagos postergados (atrasos):
—Servicios públicos: es el principal vehículo de atraso, que aumentó del 30 % en 2024 al 41 % en 2025, desplazando a impuestos y tasas.
—Impuestos y tasas: cayeron al segundo lugar (39 %).
—Tarjeta de crédito: se ubican en tercer lugar (34 %).
“Además de dejar de pagar la patente del auto, vengo abonando el mínimo de la tarjeta hace bastante. Soy conciente de que en algún momento se me va a armar una bola de nieve, pero hoy por hoy es la única solución que encuentro”, reconoció Pedro Khoury, de 35 años, empleado administrativo de una empresa de electrodomésticos de la ciudad.
En cuanto a la deuda tomada activamente como crédito, el principal motivo fue nuevamente la compra de electrodomésticos o indumentaria (45 %), aunque su peso cayó 14 puntos porcentuales respecto a 2024. En segundo lugar, sigue la compra de alimentos y/o gastos cotidianos de almacén (37 %), un ítem fuertemente asociado a la necesidad de cubrir consumos básicos. Otro dato preocupante es que el rubro “para pagar otras deudas” creció y se consolidó en el 20 % de los motivos, lo que refuerza la dinámica de sobreendeudamiento de los hogares.
La red de salvataje familiar
Cuando los hogares enfrentaron dificultades para pagar sus deudas, la principal estrategia dejó de ser el uso del ahorro (que descendió al 34 % de los casos).
El primer lugar pasó a ser ocupado por los préstamos de familiares o personas cercanas, que se dispararon al 39 % (frente al 23 % en el año 2024), lo que convalida el peso determinante de estas redes de cercanía como “tabla de salvación”. Sin embargo, en muchos casos, el problema permanece: la categoría “No se resolvió” aumentó 5 puntos porcentuales, alcanzando el 38 %.
El 35 % de las personas encuestadas reportó una disminución en sus ingresos y un 3 % adicional reportó que sus ingresos se redujeron a cero.
“Si no me ayudaran mis padres, sería imposible llegar a fin de mes. Y eso que no me doy ningún gusto. La realidad es que mi sueldo me alcanza para 10-15 días”, señaló Natalia Mijuca, de 26 años, empleada de comercio y habitante del barrio Pedro Pico.
Esta situación ha generado una profunda incertidumbre sobre el futuro: la proporción de hogares que afirman que “con seguridad” podrán afrontar sus deudas cayó drásticamente del 56 % en 2024 al 34 % en 2025. Un signo de la creciente incapacidad de proyectar el futuro inmediato es que el 24 % de los encuestados optó por no contestar si podrá cumplir con sus obligaciones financieras o no.
La vulnerabilidad femenina
El informe del IIESS confirma una marcada feminización de la pobreza y la deuda en Bahía Blanca: los hogares más afectados por la indigencia continúan siendo aquellos con una única aportante femenina (12 %), duplicando el valor del año anterior.
“En estos hogares donde la mujer es la única aportante, la proporción de endeudamiento asciende al 84 %, convirtiéndose en el núcleo de mayor vulnerabilidad”, se especificó.
Los hogares que dependen, única o principalmente, de los ingresos provistos por una mujer, son los más afectados por la situación de mayor carga laboral, menor ingreso disponible y el aumento de atrasos.
El Creebba, en línea
De acuerdo al último Índice de Salarios (ISAL) del Centro Regional de Estudios Económicos de Bahía Blanca (Creebba), publicado en octubre último, se registró un crecimiento del 1,1 % en relación al mes anterior.
En dicho mes, los precios de la economía medidos por el IPC–Creebba se elevaron un 2,2 %. De esta manera, el quinto bimestre del año concluyó con una variación acumulada de 19,9 % para los salarios bahienses, en tanto que la inflación en igual período ascendió a 23,6 %.
Los salarios registrados continúan creciendo por debajo de los precios de la economía, diferencia que se acentuó particularmente en el último bimestre. Esto sucedió en el contexto de ajustes al alza en 10 de los 19 convenios colectivos relevados.
Habiendo concluido el quinto bimestre del año se puede afirmar que el estancamiento del poder de compra de los meses previos se transformó decididamente en un retroceso.
“La variación acumulada del salario real formal fue de —3 % entre enero y octubre del corriente año, reflejándose en la pendiente negativa que adquirió el indicador hacia el último bimestre del mismo. De esta forma, se interrumpió el proceso de recuperación que tuvo lugar hacia fines de 2024, ya que también se registró un decrecimiento (aunque marginal) en términos interanuales (—0,2 %)”, se concluyó en el informe.
Una preocupación nacional
Los datos específicos de la ciudad de Bahía Blanca coinciden con una tendencia nacional. De acuerdo al informe “Estrategias de manutención” publicado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) en este mes de noviembre, en los últimos 20 años las estrategias de manutención de los hogares han tenido grandes cambios.
Mientras que en el segundo semestre de 2003 el 22 % de los hogares en aglomerados urbanos recurría a comprar en cuotas o al fiado con tarjeta de crédito o libreta, en el primer semestre de 2025 este porcentaje llegó al 50,9 %. En ese período también creció la cantidad de ingresos laborales (ocupación principal, segundas ocupaciones e ingresos de ocupaciones anteriores), que pasó del 78,3 al 82 %.
Otro de los indicadores que creció entre 2003 y 2025 fue la cantidad de hogares mantenidos con jubilaciones y pensiones y planes sociales, subsidios y ayudas en dinero.
En la comparativa de esos años se destaca el aumento de 6,3 puntos porcentuales (p.p.) de las primeras de ellas y de 10,1 p.p. de las segundas, que llegaron a 35,7 y 14,6 %.
De acuerdo al estudio presentado por el Indec, a medida que desciende el nivel de ingresos se incrementa la toma de préstamos. En el primer semestre de 2025, uno de cada cuatro hogares se endeudó (25,5 %) y, dentro del estrato de ingreso bajo, lo hizo uno de cada tres (30,4 %). Asimismo, cuatro de cada diez hogares (40,8 %) utilizaron ahorros o vendieron pertenencias en ese mismo período. Al igual que en la estrategia de solicitud de préstamos, es más frecuente en los hogares de menores recursos (42,8 % en el estrato bajo).