Bahía Blanca | Sabado, 24 de enero

Bahía Blanca | Sabado, 24 de enero

Bahía Blanca | Sabado, 24 de enero

Hacia 2035, la balanza comercial energética podría aportar USD 44.000 millones

El crecimiento de la producción de petróleo y gas, junto con el avance de los proyectos de GNL y minería, abre un nuevo escenario para la economía argentina, según las proyecciones oficiales.

La economía argentina comenzó a mostrar un cambio estructural sostenido en el desempeño del sector energético y minero.

Tras más de una década en la que la energía fue un factor de presión sobre las cuentas externas, el país ingresó en una etapa de superávit impulsada por el crecimiento productivo, la sustitución de importaciones y el aumento de las exportaciones.

Las proyecciones oficiales indican que hacia 2035 la balanza comercial energética podría acumular un superávit de USD 44.000 millones, mientras que la minería aportaría otros USD 31.000 millones. 

En conjunto, ambos sectores podrían generar cerca de USD 75.000 millones en divisas, una magnitud sin antecedentes recientes en la economía argentina.

Estas estimaciones fueron difundidas por el ministro de Economía, Luis Caputo, a través de la red social X, donde detalló el impacto esperado de la energía y la minería sobre el comercio exterior en los próximos años.

Cabe destacar en este escenario las exportaciones de crudo neuquino por los puertos bonaerenses de Rosales y Bahía Blanca.

Especialmente el primero, durante el año pasado se consolidó como una de las principales vías de exportación, así como el oleoducto a Chile.

En esto tuvo mucho que ver la ampliación de la red de transporte concretada por Oldelval hacia la costa del sur bonaerense, la cual permitió captar la mayor producción de los pozos neuquinos.

El punto de partida de este escenario quedó marcado en 2025, cuando la balanza energética cerró con un superávit récord de USD 7.815 millones. 

La fuerte reducción de las importaciones también impactó

El resultado se explicó por exportaciones energéticas superiores a los USD 11.000 millones y una fuerte reducción de las importaciones de combustibles, que se ubicaron apenas por encima de los USD 3.000 millones.

La energía explicó cerca del 70 por ciento del superávit comercial total del país, un giro significativo si se considera que entre 2011 y 2023 el sector había acumulado déficits por más de USD 30.000 millones.

El cambio estuvo directamente vinculado al crecimiento de la producción de hidrocarburos. Durante los últimos meses, la Argentina superó el récord histórico de producción de petróleo alcanzado en 1998, estableciendo un nuevo máximo nacional luego de casi tres décadas.

Neuquén y su rol fundamental 

Neuquén fue el principal motor de ese salto. La provincia superó por primera vez los 600.000 barriles diarios de producción, un récord propio que consolidó a Vaca Muerta como el núcleo del sistema petrolero argentino. 

Actualmente, la Cuenca Neuquina concentra más de dos tercios del crudo producido en el país.

El incremento logrado se explicó por el fuerte aumento de la actividad no convencional.

La cantidad de pozos horizontales, el crecimiento de las etapas de fractura concretadas  y la mejora continua de la productividad permitieron elevar significativamente los volúmenes sin necesidad de incrementos proporcionales en la cantidad de equipos empleados.

La producción dejó de mostrar un comportamiento errático y pasó a sostener una curva ascendente mensual, condición clave para respaldar exportaciones estables y contratos de largo plazo.

El sector gasífero acompañó el proceso 

En tal sentido, el mayor nivel de producción permitió cubrir la demanda interna durante los picos de consumo y reducir de manera significativa las importaciones de gas natural licuado y combustibles líquidos.

Este avance abrió el camino a una segunda etapa exportadora vinculada al  gas natural licuado (GNL) argentino.

Los proyectos en desarrollo apuntan a transformar a la Argentina en un proveedor relevante de gas licuado, con capacidad de exportación estacional en una primera fase y exportaciones continuas en etapas posteriores.

El GNL aparece como el principal vector de crecimiento energético hacia la próxima década, con potencial para multiplicar el ingreso de divisas a partir del aprovechamiento de los recursos de Vaca Muerta.

Sobre esta base se construyen las proyecciones oficiales. Para el sector energético se estima un superávit cercano a los USD 10.000 millones en 2026, USD 15.000 millones en 2027 y USD 19.000 millones en 2028. 

Hacia 2030 el saldo positivo podría ubicarse en torno a los 30.000 millones de dólares, superando los 40.000 millones de la moneda estadounidense al inicio de la década siguiente, según precisó el diario La Mañana de Neuquén.

Un objetivo cada vez más cercano

El objetivo es alcanzar un superávit energético acumulado de USD 44.000 millones hacia comienzos de 2035.

Este estará sustentado principalmente en exportaciones de petróleo, desarrollo del GNL y una menor dependencia estructural de combustibles importados.

La infraestructura aparece como condición determinante. La ampliación de oleoductos, nuevas plantas de tratamiento, mayor capacidad de transporte y terminales de exportación serán clave para sostener el crecimiento proyectado.

Impacto futuro de la minería 

A este escenario se suma la minería. El desarrollo del litio, junto con los proyectos de cobre en distintas provincias, permitiría elevar el superávit minero desde niveles cercanos a los USD 6.000 millones hacia 2030 hasta USD 23.000 millones en 2032 y USD 31.000 millones hacia 2035.

La minería se consolida así como un complemento estructural del sector energético, con inversiones de largo plazo y fuerte impacto regional.

La combinación de energía y minería configura un nuevo perfil exportador, con capacidad de generar divisas estables y reducir la vulnerabilidad externa de la economía argentina.

El desafío hacia adelante será sostener el ritmo de inversión, garantizar previsibilidad regulatoria y ejecutar las obras necesarias para que el potencial productivo se transforme en resultados concretos.

Los datos muestran una tendencia clara: récords de producción, balanza energética positiva y proyecciones crecientes ubican al complejo energético y minero como uno de los pilares centrales de la economía argentina hacia 2035.