Un balneario en Ingeniero White
Construido en 1936 en la zona del llamado Muelle Nacional, unos pocos tambores y unas casillas de madera conformaban la modesta propuesta recreativa.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Hace 90 años, en enero de 1936. se daban los últimos toques para la habilitación de un balneario en Ingeniero White, ubicado a continuación del llamado Muelle Nacional.
Con la llegada de Martín Dithurbide a la intendencia, la construcción del reclamado balneario municipal tomó nuevos bríos, luego de varias semanas de paralizadas las obras y con el verano ya avanzando.
A pesar de retomarse las tareas, este diario señalaba que los mismos se realizaban con “demasiada lentitud” y criticaban el tamaño de la pileta, que con sus 80 m de largo por otros 80 de ancho resultaba, mencionaban, “insuficiente para la gran cantidad de bañistas que han de congregarse”.
La obra de carpintería destinada a vestuarios y sanitarios estaba avanzada aunque se especulaba que hasta mediados de febrero no estaría terminada.
La pileta era otra obra con cierto atraso. Tres operarios preparaban la mezcla de cemento para la unión de los tambores de 200 l llenos de arena que formaban el muro de contención. En otro sector, seis peones llevaban al hombro las bolsas de arena para formar el talud, protección que debía realizarse por dentro y por fuera de la pileta.
También estaba pendiente el ahondamiento del centro del balneario para ubicar un trampolín. Conspiraba con mantener un buen ritmo de trabajo que sólo se podía hacerlo durante las horas de bajamar puesto que la marea alta invadía el recinto.
La obra quedó finalmente habilitada los últimos días de enero, a media mañana de un día completamente desapacible, con unos pocos concurrentes y un viento que arreciaba de forma violenta, envolviendo a los asistentes con una nube de polvo y arena gruesa.
El jefe comunal, en su discurso, dejó en claro que ese “modestísimo balneario” no era el que merecían Ingeniero White y Bahía Blanca, pero que una construcción mayor escapaba a las posibilidades de los recursos municipales.