Acuíferos cercanos a la ciudad: ¿hay calidad y cantidad de agua disponibles?
“Ante una eventual escasez resultan clave la planificación y la explotación de fuentes alternativas”, dijo el Dr. Claudio Lexow, de Geología Ambiental de la UNS.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
La provisión de agua para Bahía Blanca, y aun en las localidades de Ingeniero White y General Daniel Cerri, que principalmente llega desde el dique Paso de las Piedras no deja de ser una inquietud permanente, en especial en la medida que se desarrolla la temporada de verano (y por ende altas temperaturas).
Más allá de los anuncios de trabajos que se informan desde ABSA (Aguas Bonaerenses Sociedad Anónima) para consolidar —afirman— fuentes alternativas en razón del crecimiento de la ciudad y ante el riesgo de variaciones climáticas que afecten el embalse, siempre se considera que una medida a tener en cuenta es sumar puntos de extracción de agua subterránea.
La pregunta es: ¿cuáles son las fuentes alternativas y cómo se gestionan?
En tal sentido, el Dr. Claudio Lexow, licenciado en Ciencias Geológicas, investigador de desarrollo tecnológico y docente asociado de la cátedra de Geología Ambiental de la Universidad Nacional del Sur, sostiene que, más de las fuentes existentes en los pozos de Bajo San José y en cercanías de Cabildo, una provisión exitosa depende de una buena gestión del agua.
La siguiente consulta es: ¿de qué se trata?
“La gestión del agua es una mezcla de administración, distribución y control. El objetivo es no castigar la fuente principal, en este caso el dique, e ir suministrando gradualmente agua de otros puntos para tener un resguardo ante situaciones imprevistas”, dijo Lexow.
De forma inevitable, el tema se relaciona con los acuíferos ubicados —de manera accesible— para hacer realidad esa gestión del agua. En tal caso, la información no es poca.
“En nuestra región un acuífero es una formación de origen sedimentario, que está integrado por material tipo arenoso, limo y grava. Es un sedimento que no solo alberga agua, sino que también tiene la capacidad de transmitirla con facilidad. Los objetivos en las exploraciones y explotaciones de agua son encontrar precisamente estos acuíferos, que se diferencian de otros niveles, como una arcilla, que no transmiten tanta agua y por lo tanto se dejan de lado”, explicó el investigador.
La región está caracterizada por tener tres niveles acuíferos muy importantes:
—Freático: es el más superficial. Se explota habitualmente en nuestra zona, ya sea en los campos mediante molinos o en la ciudad con perforaciones para riego o para piletas. Posee limitantes para el consumo humano (léase por la presencia de arsénico y flúor). Es agua bastante salobre y con una conductividad eléctrica que supera los 2.000 micrones por centímetro (que la hace no apta para consumo, aunque sí para otros usos).
—Nivel de 200 metros: se utiliza para la industria. Aunque es salobre (incluso más que el freático), posee una salinidad más constante. Esto la hace adaptable a los sistemas de tratamiento de las plantas industriales para desalinizarla y, luego, utilizarla. Este nivel tiene una cantidad de agua interesante y es explotado por muchas empresas, clubes y piletas importantes de nuestra ciudad.
—Profundo: se lo conoce por tener temperatura. Es un acuífero muy importante en términos de calidad del agua en algunas partes, pero su limitante es la cantidad, ya que no admite un nivel de explotación demasiado alto.
Este nivel tiene algunos puntos de surgencia natural donde, por ejemplo, la gente puede colectar agua. Es de excelente calidad en algunos puntos, como en Puerto Belgrano (a mucha profundidad, cerca de los 1.100 metros o, acaso, una cifra más profunda aún no especificada).
Asimismo, hacia las localidades de Cabildo y Tornquist (en la zona periserrana) existe un acuífero con capacidad de almacenaje importante, donde se ha proyectado una alternativa de explotación complementaria para la población de Bahía Blanca.
“En general, en torno a Bahía Blanca tenemos agua pero no es de buena calidad para el consumo humano, aunque sí la hay a partir de los 5 o 10 metros de profundidad”, amplió Lexow.
—La calidad del agua, determinada por la salinidad o el contenido de flúor/arsénico, ¿se modifica a través de los años?
—En los tiempos de vida humana generalmente no sufre modificaciones. Esto ocurre así, a excepción de lugares muy sensibles, como las zonas medanosas, donde el agua de lluvia puede entrar relativamente rápido y variar la calidad en la capa freática.
“Nuestra región es semiárida, con una precipitación anual media que no alcanza los 600 milímetros. Esto hace que las zonas de recarga sean sensibles al déficit pluviométrico”.
“La composición salina y el contenido de metales o iones están dados por la impronta del sistema hidrológico local o regional, así como por el tipo de sedimento que existe en la zona. Como el sedimento siempre está presente, la impronta que determina se mantiene”.
—¿Cómo afecta el régimen de lluvia, que es bajo en esta zona semiárida, a la recarga y a la calidad de los acuíferos?
—Tiene incidencia. Cuando hay poca precipitación y lentitud en la recarga, se produce un proceso de evaporización que saliniza el agua. Por eso el agua que se recarga tarda más en alcanzar una mejor calidad. Precisamente, la mejor calidad se encuentra en la zona periserrana porque allí la recarga es rápida, el agua penetra velozmente a través de sedimentos gruesos y mantiene una salinidad muy baja”.
—Se han planteado alternativas a largo plazo para asegurar el suministro, ¿cuáles son las más relevantes?
—En un plan integral de abastecimiento de agua del año 1991 se consideraron varios proyectos, incluyendo la batería de pozos y un dique en el puente Canesa, además de la opción más voluminosa y costosa de traer agua desde el río Colorado.
“Recientemente, el embalse en el puente Canesa ha vuelto a ser relevante. Es decir, cumpliría dos funciones: retener agua durante una crecida para minimizar riesgos en Bahía Blanca, y retener también para el suministro industrial local, lo que cubriría su necesidad con agua alternativa, liberando agua tratada y costosa proveniente del dique Paso Piedras. En tal sentido, es necesario realizar más obras debido al crecimiento de la ciudad y a las futuras ampliaciones de las plantas del polo petroquímico”.