Jugó en Huracán y hoy es experto en la cocina de mar: “La vedette de Semana Santa son las rabas”
Se crió en el bulevar, vistió la camiseta del Globo en 125 partidos oficiales de Primera división y a los 56 años siegue siendo permanente colaborador del club. Se convirtió en chef hace más de dos décadas y la paella es su especialidad.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
Mientras revuelve la paella en el rígido y gigante disco que se asoma imponente sobre uno de los ventanales de la sede del club, Pablo Daniel Roa supervisa que a su alrededor esté todo preparado para empezar a servir las porciones que una vez más, y doy fe, reflejaron que su condición de experto en el arte culinario con frutos de mar sigue intacta.
Fue una Semana Santa distinta, al menos para Huracán y todas las instituciones deportivas, sociales y culturales de Ingeniero White que esperan a que llegue la Fiesta del Camarón y el Langostino para arrancar el año “bendecidos” económicamente y tener esa posibilidad de “hacer números” para obras o proyectos a corto y largo plazo.
Por la catástrofe de la inundación y las consecuencias que dejó el paso feroz del agua aquel viernes 7 de marzo, sobre todo en la localidad whitense, la edición Nº 34 de la Fiesta fue suspendida por decisión de la Sociedad de Fomento de Ingeniero White y el Consorcio de Gestión del Puerto.
“Por suerte la gente entendió el mensaje y los que iban a comer al estand de Huracán en el puerto hicieron su pedido desde sus casas o se llegaron hasta el club”, apuró la charla el cocinero Roa, ex lateralista del Globito entre 1986 y 1997.
“Para que te des una idea, en cada una de las Fiestas procesamos dos toneladas de pescado y ahora apenas llegamos a media. En el puerto el récord es de cinco paellas y otras tantas cazuelas en discos de 500 porciones, y entre este jueves y viernes santo se cocinaron seis (tres y tres). Igual se trabajó bien, cubrimos las expectativas y lo que más fuerza nos dio fueron las muestras de cariño y la confianza de siempre de aquellos que vinieron a comprar”, señaló el “cangrejero” de ley y de piel.
“La vedette de Semana Santa son las rabas, antes y ahora también. Es lo primero que piden para acompañar cualquier plato. En segundo lugar, esta temporada, sorprendieron las empanadas de vigilia y después sí, la paella, mi especialidad”, adelantó a modo de prólogo.
“Que sea mi especialidad no quiere decir que le guste a todos, pero tiene buenos comentarios, como la cazuela y los tallarines con mariscos”, aclaró por las dudas.
--¿Cuánto tardás en cocinar semejante paella?
--Entre 45 minutos y una hora siempre y cuando tenga todos los ingredientes listos y a mano. Es el tiempo que lleva la cocción del arroz, porque un día antes se cocina el pescado y se prepara el tuco.
“Después, es todo amor y controlar el fuego. Siempre digo que heredé esta pasión por la cocina, porque aprendí mirando de los maestros, de Víctor Hugo Iglesias y del Gringo Cisneros. Un día, de caradura, me hice cargo, me fui perfeccionando y hoy digo que me la rebusco bastante con los secretos que ofrece el oficio”.
--Y te convertiste en el jefe de paella.
--Ja, ja. En Huracán somos un equipo, todos trabajamos por un mismo fin y nadie pone excusas cuando está el escudo del club de por medio. Soy meticuloso y ordenado: un mes antes de la elaboración hago el pedido y una semana antes ya tengo todo preparado. No hay lugar para las improvisaciones. El mayor orgullo lo sentís cuando escuchás “Pablo, esto está muy rico”.
--¿Sabés cuántos partidos tenés en la Primera de Huracán?
--No.
--125.
--Ahhh... Lo único que me acuerdo es que metí dos goles, ambos en cancha de Olimpo y frente al mismo rival: Libertad. El primero fue en una semifinal de 1990, antes de salir campeones y ascender, y el otro se lo hice a los dos años, ya en la A, a Marcelo Díaz en el arco que da a calle Chile.
--Si te pregunto por el mejor equipo del Globo que integraste, ¿cuál elegís?
--El del '91, que me sale de memoria: Leandro Andragnez; yo, Gustavo Ginder, Gabriel Ginder, Alberto Desideri; Sena, Jimy Barroso, Bobadilla; Barrionuevo, Marcelo Nani y José Luis Quijano. Un equipazo, nos dirigía Chiquito Llietras y después de ascender en 1990 fue nuestro mejor año en la A, llegando al triangular campeonato con Villa Mitre y Olimpo.
“Ese año Villa Mitre, con Eduardo Grispo de DT, profesionalizó el fútbol de la Liga, porque empezó a entrenar a la tarde temprano y contagió al resto. Y de ahí en adelante hubo un cambio de mentalidad en los clubes, porque el jugador no llegaba muerto a las prácticas programadas a la noche después de trabajar casi todo el día.
--¿Mejor lateral que cocinero o al revés?
--Mejor cocinero. Ese equipo que te nombre, adentro de la cancha,“cocinaba” a varios, es verdad cuando dicen que eramos bravos. Venir a jugar al bule era como ir a la selva; si la pelota iba para el lado de la tribuna oficial teníamos algunas licencias y los árbitros lo sabían. Te podías llevar un punto de nuestra cancha, pero seguro te ibas raspado y con dolores por todos lados. Eramos todos chicos del barrio, íbamos al frente como locos y nos sentíamos más hinchas que futbolistas.
--¿Qué extrañas de aquellas épocas?
--Las tribunas llenas, que de acá del bulevar no salgan cinco colectivos llenos de hinchas para ir a Cerri o Punta Alta. Todos los partidos tenían un atractivo; hoy la Liga no es prioridad ni siquiera para los familiares de los jugadores.
--¿El mejor jugador que viste en la Liga?
--El Cabezón Quijano, por lejos. Cuando Pablo Arriagada arrancó yo estaba por retirarme, pero me quedó con Pepe, un crack. Hacía malabares, fintas, quiebres y amagues que no le vi hacer a nadie. Compartimos equipo tres años, pero después, cuando él se fue a Rosario y me tocó marcarlo, no le podía sacar la pelota pese a que sabía lo que iba a hacer o para donde podía arrancar. Era Mago de verdad.
El primer semestre de 1997 fue como refuerzo a Sportivo Belgrano de Espartillar, pero como Huracán peleaba por la permanencia en la Liga, decidió regresar.
Linda foto: Pablo posa con el actual goleador de Huracán, Brian Scalco, y con su socio en el cocina: Elvio Pascetti.
“Fue el año que más sufrí, porque nos salvamos del descenso en la última fecha”, contó quien asegura (aunque nadie le cree) ser más fanático de River que de Huracán.
--¿Qué significa el Globo en tu vida?
--Es parte de mi, un familiar más. Sino vengo un rato al club no duermo tranquilo. Después del trabajo es obligación ir a la sede, es una rutina que hago desde que era cadete en la misma empresa que laburo hoy (la cerealera Agro Moralejo SRL). Tengo 56 años y me acuerdo que, cuando pedía permiso para salir a jugar, mi jefe me frenaba en seco con un “El fútbol o el trabajo”. En ese momento me costó entenderlo, pero hoy soy socio de la empresa.
Y la perlita que lo hizo emocionar: “En cada Fiesta del Camarón y el Langostino Huracán contrata a 30 personas, que esta vez no pudieron trabajar y, por consiguiente, no tuvieron el ingreso de dinero que todos los años reciben para Semana Santa. Para nuestra sorpresa, vinieron igual al club y ayudaron sin pedir un peso. Eso no se ve en cualquier lado. Orgullo huracanense”.