Cada vez más ACV en jóvenes y su relación con el estilo de vida
El Accidente Cerebrovascular ya no es sólo un problema de los adultos mayores. Los especialistas advierten sobre esta epidemia silenciosa, impulsada por el estrés crónico, la mala alimentación y el consumo de alcohol o drogas.
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
Mientras la edad de los afectados va bajando sostenidamente año tras año, las proyecciones también son sumamente preocupantes: se estima que para 2050 la mortalidad mundial por ACV aumentará en un 50% y se cobrará 9,7 millones de vidas.
El Accidente Cerebrovascular ya no es solo un problema de los adultos mayores: cada vez lo padecen más personas menores de 55 años y los médicos advierten sobre esta epidemia silenciosa, impulsada por el estrés crónico, la mala alimentación y el consumo de alcohol o drogas.
Precisamente, el Día Internacional de la Prevención del ACV, que se conmemora cada 29 de octubre, busca generar conciencia sobre la importancia de la detección temprana y la acción inmediata frente a esta enfermedad que, históricamente, se asociaba a adultos mayores.
Pero las estadísticas de los últimos años evidencian un cambio preocupante: personas menores de 55 años representan un porcentaje creciente de casos, afectando no solo su salud, sino también su desempeño laboral, relaciones familiares y calidad de vida.
“Indudablemente hay mayores y mejores datos ahora para comparar. Mi opinión es que detectan más strokes que los que se detectaban antes, pero creo que la cantidad global no ha cambiado significativamente. Sí se ha notado que creció un poco en mujeres”, señaló el doctor bahiense Juan José Rayer, especialista jerarquizado en Neurología, relativizando la edad de los afectados.
“El hecho de que se presenten antes es por la prevalencia cada vez mayor de factores de riesgo. Muchos son modificables: el sedentarismo, la obesidad, las alteraciones en la dieta, el consumo de tabaco y alcohol son cuestiones que se están adelantando en las personas. Muchos jóvenes ya presentan obesidad, amnesia del sueño, diabetes y abusan del tabaco o el alcohol”, amplió.
Aunque en Bahía Blanca no hay estadísticas oficiales, Rayer señaló que “nos caben las generalidades de la ley, aunque no se observa un aumento significativo de la cantidad de casos y sí un poquito de adelantamiento de la edad donde empiezan a aparecer los strokes”.
La percepción de que el ACV era exclusivo de la edad avanzada ha quedado obsoleta, y los especialistas alertan sobre la necesidad de que esta población reconozca los riesgos y señales tempranas para actuar a tiempo.
“Entre los principales factores que contribuyen a esta tendencia en jóvenes se encuentran el estrés crónico, la mala alimentación, el sedentarismo, el consumo de alcohol y otras sustancias, así como problemas cardiovasculares congénitos. Aunque las enfermedades clásicas como hipertensión, diabetes y colesterol alto siguen siendo determinantes, estos factores específicos en adultos jóvenes explican el aumento alarmante de casos y resaltan la importancia de la prevención activa desde edades tempranas”, explicó, por su parte, el doctor Pablo Díaz (MP 2711), especialista en Neurología y terapista.
Precisamente, la aparición cada vez más frecuente de obesidad en personas muy jóvenes es una de las cuestiones más preocupantes en el ámbito sanitario.
“Antes, cuando yo iba a la escuela, había dos o tres chicos obesos en el aula y hoy tenés el 50% de la currícula o un poco más. De hecho, en Estados Unidos hay una epidemia de obesidad. A eso se suma que los últimos reportes dicen que la gente empezó a fumar otra vez más”, comentó Rayer.
¿Qué es?
El Accidente Cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica que ocurre cuando el flujo de sangre que va hacia una parte del cerebro se interrumpe o se reduce, impidiendo que el tejido cerebral reciba oxígeno y nutrientes. En cuestión de minutos, las células comienzan a dañarse y, es por eso que, reconocer los síntomas y actuar rápidamente puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Cuanto antes se reciba atención médica, mayores son las posibilidades de recuperación y menores las secuelas.
Se estima que alrededor de 120.000 personas sufren un ACV cada año en Argentina. Lamentablemente, estos casos resultan en aproximadamente 40.000 muertes anuales.
Los ACV se presentan principalmente en dos formas: isquémicos (provocados por obstrucciones en las arterias cerebrales que impiden el flujo normal) y hemorrágicos (ocasionados por la ruptura de vasos sanguíneos y sangrado en el cerebro, lo que aumenta la presión y daña las neuronas).
“El 87% de los ataques cerebrovasculares son de origen isquémico y el resto son hemorrágicos, que están más relacionados con ciertos factores predisponentes como son la hipertensión no controlada o la angiopatía amiloide; o sea se da en pacientes muy añosos que tienen demencia y eso hace que los vasos sanguíneos se debiliten y puedan tener hemorragia. Generalmente afecta a una subpoblación diferente en promedio”, explicó Rayer.
En ambos casos, la rapidez en la atención médica es determinante para reducir las complicaciones y aumentar las posibilidades de recuperación.
“Cuando una persona sufre un ACV, cada segundo cuenta. A veces, la diferencia entre la vida y la muerte —o entre recuperarse y vivir con secuelas— está en que alguien reconozca lo que ocurre y actúe sin dudar”, resumió Pablo Díaz.
“Respecto a las primeras señales para detectarlo, en Estados Unidos tienen un acrónimo que al que denominan FAST. La F es Face, o sea hay que pedirle a la persona que se ría y ver si tiene una sonrisa asimétrica o si tiene la cara torcida. La A es de Brazos: hay que pedir que los levante y si uno se cae o si tiene menos fuerza en uno, es un signo de una ACV. La S es de Speech, de Habla, en el que se debe pedir que repita o ver si entiende lo que uno le habla y estar atento a si tiene dificultad para expresarse o para comprender. Y la T es de Tiempo, porque si la persona presenta alguno de esos signos, urgentemente se debe llamar al sistema de emergencia y explicar que es un código rojo, de un probable ACV para que la ambulancia no pierda tiempo”, amplió el especialista bahiense.
Para evitar esto es necesario reconocer síntomas como: debilidad o entumecimiento en un lado del cuerpo, dificultad para hablar o comprender, alteraciones visuales repentinas, pérdida de equilibrio o coordinación y dolor de cabeza intenso.
Ante cualquiera de estas señales, acudir de inmediato a un centro médico puede ser determinante para evitar discapacidad permanente y preservar la calidad de vida.
Las secuelas
Además de la atención inmediata, los expertos subrayan la importancia de la rehabilitación temprana. La fisioterapia, la terapia del lenguaje y la atención psicológica son claves para lograr una recuperación más completa y ayudar a los pacientes a reinsertarse en su vida diaria.
“El ACV es la primer causa de discapacidad. Algunos tipos, como los cardiombólicos, son tremendamente discapacitantes. Cada vez hay más gente que sobrevive a un ACV porque ha mejorado la terapia, pero muchísima gente que sobrevive queda con algún tipo de secuela”, anticipó Rayer.
“Decimos que el 70% de lo que va a recuperar lo recupera en los primeros 6 meses; el otro 30% lo puede recuperar en los siguientes 6 meses y todo lo que no recupera después de un año es la secuela definitiva que deja.
Por lo general, los pacientes conviven con algún tipo con una secuela y la mortalidad en los próximos años es alta en aquellos pacientes que tuvieron un ACV”, añadió.
La falta de acceso a estudios preventivos en algunos sectores de la población genera desigualdades que impactan directamente en las posibilidades de recuperación y reinserción laboral.
“Obviamente hay gente renuente a hacerse chequeos de rutina, pero por otro lado está afectando mucho el acceso a la medicina, que en nuestro país se está haciendo muy complejo. No descubro nada al decir que una persona tiene que ir a las 5 de la mañana a un hospital público para sacar un turno, que suele demorar 2 meses para ver al neurólogo. Luego de la visita, se suele pedir una resonancia, que hoy por hoy es un estudio básico, y también los turnos son a largo plazo”.
--¿Qué se aconseja entonces?
--Lo que aconsejamos es ocuparse de los factores de riesgo modificables, como una forma de prevenir. En neurología, nosotros curamos pocas cosas, lo que más hacemos es prevenir. Por eso tratamos de que el paciente controle su peso, que haga una dieta adecuada, que si tiene una arritmia la trate correctamente, que si tiene presión se ocupe de ella; que si tiene diabetes intente corregirla; que no fume; que haga ejercicio; que si ronca y tiene apneas que las resuelva; que si tiene colesterol elevado lo trate.
“Todos esos son factores de riesgo modificables y los definimos como prevención primaria, que es lo más importante en medicina. Después que se tuvo un ACV, llega la prevención secundaria, que es ocuparse de las mismas cosas para que no se vuelva a repetir el episodio”, cerró Rayer.
“Mantener una dieta equilibrada, realizar actividad física regular, gestionar el estrés, evitar el consumo de alcohol y realizar chequeos médicos periódicos son medidas efectivas para reducir el riesgo de ACV. Educar a la población sobre estos hábitos y fomentar la detección temprana de síntomas no solo salva vidas, sino que mejora la calidad de vida”, concluyó Díaz.