Maíz: ¿por qué invertir en nutrición es productivo, rentable y sostenible?
El dato: en nuestro país la producción alcanza sólo el 53 % del rendimiento potencial. Justamente, la brecha está en el bajo nivel de aplicaciones. Análisis de costos y beneficios desde Fertilizar AC.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
“Se hace cada vez más necesario cerrar la brecha de rendimientos a partir de un mejor uso de las tecnologías en nutrición. Esto redundará en un retorno de la inversión que, a su vez, contribuye al cuidado del recurso suelo”.
Lo dijo la Ing. Agr. María Fernanda González Sanjuan, gerenta ejecutiva de Fertilizar Asociación Civil, en un tramo del encuentro organizado por la entidad, en la previa de la campaña maicera 2024/25, en el que se compartió el presente del cereal enfocado en la inversión en tecnología (en un contexto desafiante).
Asimismo, se mostró el costo-beneficio de la fertilización del cultivo y cómo la inversión asegura el retorno económico.
González San Juan también destacó también la importancia de la inversión en fertilizantes, más allá de los altos costos asociados, dado que el potencial de rinde para el maíz podría alcanzar hasta 11.500 kilos por hectárea en el promedio país.
Sin embargo, el rendimiento promedio actual es de apenas 7.600 kilos por hectárea, lo que representa el 34 % del rendimiento alcanzable. Los datos fueron aportados tras el trabajo —publicado recientemente— de Brechas de Nutrientes, del cual Fertilizar AC formó parte.
“Esta pérdida de rendimientos se debe, en gran medida, a una insuficiencia en la aplicación de nutrientes esenciales”, afirmó González San Juan.
En números promedio país, la brecha de nutrientes a cubrir está en el 50 % de deficiencia de nitrógeno; 61 % en fósforo y 81 % en azufre.
“Estamos hablando de una brecha productiva que podría representar casi 4.000 kilos adicionales por hectárea en promedio país”, añadió.
“Al aplicar este aumento en las actuales 6 a 7 millones de hectáreas cultivadas, el impacto sería realmente de gran repercusión en las toneladas producidas”, sostuvo.
La directiva explicó, por otro lado, la conveniencia de invertir en fertilizantes considerando la relación insumo-producto que determina cuántos kilos de maíz se necesitan para comprar un kilo de fertilizante y cuántos kilos adicionales de grano produce ese fertilizante adicional.
El esquema señalado es el siguiente:
—Para el caso del nitrógeno (N), González San Juan enumeró que se necesitan 7 kilos de maíz para adquirir un kilo de este nutriente. Ese kilogramo de N genera entre 15 y 25 kilos de maíz. Esto significa que, después de cubrir el costo del insumo (7 kilos), quedan entre 8 y 18 kilos adicionales de ganancia. Se trata de un balance positivo que justifica la inversión.
—En el caso del fósforo: se requieren, a los precios actuales, 22 kilos de maíz para cubrir un kilo de este nutriente, pero genera entre 25 y 65 kilos de grano. Entonces, aun así, el fertilizante sigue aportando un retorno significativo en forma de mayor rendimiento.
—El azufre demanda también 7 kilos de maíz para ser adquirido y puede generar entre 45 y 95 kilos de grano.
La ganancia es aún mayor. “Por eso fertilizar es una buena inversión”, aseveró.
La ejecutiva de la institución concluyó subrayando que la tecnología de fertilización no sólo se paga a sí misma, sino que también es la que garantiza el rendimiento y la estabilidad de la producción a lo largo del tiempo.
“Al día de hoy, si calculamos la inversión en dólares que requiere un manejo adecuado de fertilizantes respecto de los ingresos adicionales que genera en granos cosechados, tenemos una renta del 40 % en 6 meses”, dijo González San Juan.
“Esto representa un retorno de la inversión (en fertilizantes) equivalente al 80 % anual en dólares”, calculó.
“En este sentido, es fundamental que los productores evalúen cuidadosamente la tecnología de fertilización y busquen asesoramiento profesional para maximizar su inversión y rendimiento”, aseveró González San Juan.
Sobre el adecuado manejo
Durante el encuentro, la Ing. Agr. Cecilia Cerliani, de la Universidad Nacional de Río Cuarto, abordó el manejo del maíz, subrayando cómo una adecuada nutrición puede cerrar la brecha entre el rendimiento actual y el potencial máximo del cultivo.
Cerliani destacó que, en el departamento de Río Cuarto, el rendimiento promedio de maíz es de 5.800 kilos por hectárea.
“De todos modos, existe el potencial de alcanzar bajo riego los 19.000 K/H, en condiciones hídricas y nutricionales no limitantes”, añadió.
“Esto revela una brecha significativa de casi 13.000 kilos por hectárea, entendida, en parte, por la deficiencia hídrica y en otra parte por la nutrición del suelo”, sostuvo.
“Las investigaciones mostraron que las dosis promedio de nutrientes aplicadas por los productores son insuficientes, con brechas importantes en nitrógeno, fósforo, azufre y zinc”, dijo.
Cerliani enfatizó la importancia de un manejo nutricional basado en las denominadas 4R (del inglés right: correcta): fuente correcta; dosis correcta; momento correcto y forma correcta.
En tanto, dijo que, para lograr una nutrición adecuada es esencial comenzar con un diagnóstico preciso mediante análisis de suelo. “Encarar un manejo sin realizar estos análisis dificulta una aplicación eficiente de los nutrientes”, describió.
A la hora de las recomendaciones de aplicación, Cerliani detalló que si el análisis de fósforo en el suelo muestra niveles inferiores a 15-18 ppm (partes por millón) hay una altísima chance de respuesta y, por lo tanto, se requiere el agregado de este nutriente.
En cuanto al nitrógeno, la dosis óptima varía según el rendimiento esperado del cultivo y las condiciones climáticas, siendo menor en años secos y mayor en años húmedos.
La especialista de la Universidad Nacional de Río Cuarto también abordó el impacto económico de diferentes fuentes de nutrientes.
En este sentido, los ensayos mostraron que la aplicación balanceada no sólo incrementa el rendimiento del maíz, sino que también resulta más rentable a largo plazo (a pesar de su costo inicial más alto).
Además, enfatizó en que la aplicación de estas estrategias a lo largo del tiempo le otorgan estabilidad al sistema productivo.
Comparado con estrategias menos completas, Cerliani presentó datos que indican que la aplicación balanceada de nutrientes puede mejorar el margen bruto hasta en 48 dólares por hectárea.
Asimismo, insistió en la correcta aplicación de los fertilizantes.
En este aspecto, mostró algunos resultados que indican que la aplicación de fertilizante nitrogenado en estadios avanzados puede aumentar la eficiencia y el rendimiento (con respecto a aplicaciones al voleo de urea o a la siembra incorporada).
Nutrir el suelo, una cuestión de convicción
En otro tramo de la presentación se contó con el testimonio de Néstor Peinetti, de la localidad de Eduardo Castex, en la provincia de La Pampa. El productor contó la transformación que inició hace 15 años en el establecimiento La Piedad, que pertenece a su familia desde hace 105 años.
Peinetti comenzó por reconvertir el manejo del suelo con la incorporación del sistema de siembra directa. “El suelo estaba agotado. Se volaba y la erosión era un problema grave”, sostuvo.
En el año 2006, decidió implementar la SD para almacenar agua en el perfil. En ese entonces, La Piedad era una explotación mayormente ganadera, donde el maíz no tenía protagonismo, así como tampoco en la zona, y las rotaciones eran escasas.
“El maíz se quemaba con el calor del verano”, recordó.
La cuestión es que, hoy, el cereal es el principal cultivo en la zona como reflejo de un enfoque de diversificación que también incluye cultivos de cobertura, tal como el trigo, a los efectos de evitar la compactación del suelo y mejorar su estructura.
Otro gran cambio que impuso el productor fue el de la convicción en el valor de la nutrición del suelo. Así entonces, Peinetti destacó especialmente el aporte que logra con el fósforo (P), un nutriente que se agotaba rápidamente con el aumento de los rindes.
“Me hice fanático del fósforo porque ayuda a cosechar agua y es esencial para mantener la productividad”, explicó.
En años buenos, con la nutrición balanceada llegó a aumentar los rendimientos en hasta 8.000 kilos por hectárea.
Además del fósforo, incorporó nutrientes como el zinc, que genera diferencias de hasta 500 kilos de grano por hectárea, contribuyendo a un sistema más estable y menos dependiente de las lluvias.
El productor pampeano ha llevado su producción a otro nivel con siembra y fertilización por ambientes, ajustando las prácticas a las necesidades específicas de cada área del campo.
Durante la charla, Peinetti comentó que él mismo desarrolla el manejo a los campos en donde produce bajo arrendamiento.
“La clave está en cuidar el suelo”, sostuvo.
“No importa si es propio o alquilado: todo es suelo. Y hay que tratarlo con respeto como legado para las futuras generaciones”, concluyó el productor.
En este sentido, Roberto Rotondaro, presidente de la Asociación Civil, redobló la apuesta: “Justamente, el propósito de Fertilizar es cuidar el suelo”.