“La cabalgata de las valquirias”: una novela que desentraña una práctica macabra
El libro de Pablo de Santis posee una trama compleja, con hipótesis que se multiplican y una oscura actividad que todos conocen en el pueblo pero nadie se atreve a develar.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
“Si el asesino necesita esta música para matar, es porque el crimen no le sale naturalmente. Es algo que se impone. No es una pasión lo que lo arrebata: es una idea. Algo que puede ser peor que una pasión”. Pablo de Santi, La cabalgata de las valquirias.
***
Un pequeño pueblo de la Patagonia se convierte en el lugar donde ocurren varios crímenes que intentan resolver dos policías que atraviesan distintos momentos de su vida, que tienen visiones distintas sobre cómo actuar.
En ese ambiente de personajes que se conocen y entrelazan, que intentan sobrevivir luego de que el lugar se volviera poco menos que un páramo por la erupción de un volcán que cubrió todo de ceniza, se desarrolla La cabalgata de las valquirias, el último libro de Pablo de Santis.
Una trama compleja, con hipótesis que se multiplican y una oscura actividad que todos conocen en el pueblo pero nadie se atreve a develar.
--La cabalgata es una novela policial. ¿Es un género que le resulta atractivo?
--El policial me atrae porque en la casa donde crecí era un hábito leer novelas policiales: a mis padres les gustaban los libros de Agatha Christie y de Georges Simenon.
“No se trata de un género escéptico, hay una confianza en el hallazgo de la verdad a través de los indicios. También permite tratar sobre las pasiones (el amor, el odio, la ambición, la venganza) y sobre esa otra pasión: la de descubrir algo oculto”.
“La novela tiene una trama y un desenlace, pero hay muchísimo énfasis en el contrapunto entre los dos policías que intentan resolver los crímenes, dos mundos distintos”.
--Hay dos personajes muy opuestos que intentan resolver el crimen.
--Es así. Uno de los ejes de la novela es la oposición entre dos policías: el narrador, Conrado Nebra, que además es abogado y está apegado a las normas, y Gabriel Valeri, que en el pasado fue un héroe y ahora está a punto de ir a la cárcel.
“Antes escribí policiales pero mucho más alejados del realismo. Creo que a través de la oposición entre estos dos policías expreso un poco mi propia dificultad de trabajar con un marco más o menos realista. Además me interesaba Valeri, un personaje cuyo momento de gloria pasó y que se juega su última carta en esta investigación”.
--¿Por qué la trama es en un pueblo chico y con una situación como es la de la ceniza? ¿En qué colaboran para el relato esas condiciones?
--El género policial nació con un cuarto cerrado y la novela policial siempre está en busca de una comunidad cerrada. Agatha Christie reúne a sus personajes en casas de campo, hoteles o trenes. Una comunidad fundada por la sospecha. Incluso en la novela negra, aunque el escenario sea la ciudad, también se trata de descubrir una comunidad: el detective sale en busca del grupo de personajes que tienen un vínculo secreto, ya sea por los lazos de la sangre, del amor o del crimen. Me resultaba atractiva la idea de un lugar chico, para que los personajes se conocieran sin trabajosas casualidades.
--El motivo de los crímenes es algo que empuja a reflexionar sobre cuestiones muy delicadas sobre la vida, la muerte y, sobre todo, cómo la enfermedad de una persona afecta a todo su entorno. ¿Es algo que te ha llamado la atención?
--Los que escribimos novelas no tenemos una opinión firme sobre las cosas, somos los que estamos siempre en conflicto con todos los temas, entonces ponemos en escena personajes distintos que discuten entre ellos. Si uno construye una novela para expresar un único punto de vista, falla, porque la ficción se convierte en la ilustración de una idea.
--Es una novela llena de detalles, de señales, de cuestiones ocultas. ¿Va buscando que el lector vaya haciendo también de detective?
--Es importante que la solución tenga algo de sorpresa y familiaridad, que el lector vea que los elementos estaban allí. Lo que más me preocupa es qué funcione el costado dramático de la historia, que la historia secreta diga algo, que la identidad del asesino no sea el único elemento importante. Los indicios representan un poco la poética del policial: esos objetos que forman una serie incongruente hasta que se los reúne en un orden lógico.
--¿Cuál es la principal idea que pretende trasmitir con la novela?
--Me parece que escribir una novela es como soñar: uno después puede atribuirle algún sentido al sueño o ver como lo construyó, pero no pensamos en eso mientras dormimos. En la escritura aparecen viejos temores, recuerdos de infancia, el peso de la tradición literaria. “Los secretos de la gente” son fundamentales al escribir. No solo por el lugar que la literatura policial reserva al secreto, sino porque todos guardamos secretos, aunque sean tonterías. Y callar algo es más significativo que el contenido del secreto en sí.
El otro costado
“La búsqueda debe ser metódica y desapasionada. Cuanto más atrapado estamos en una conjetura, más riesgo corremos de encontrar indicios que la corroboren. Se lo llama el “sesgo del hallazgo”: tendemos a encontrar en la realidad lo que ya hemos hallado en nuestra mente”. Pablo de Santis, La cabalgata de las valquirias.
***
Pablo de Santis es licenciado en literatura y ha trabajado en el periodismo y como guionista de historietas.
A sus 61 años de edad tiene publicados cerca de 45 libros, muchos de ellos traducidos a varios idiomas, incluidos el chino, japonés, ruso y griego.
Apasionado lector, cree que leer en papel sigue siendo una práctica que no tiene que la equipare y está convencido que los libros jamás dejarán de existir.
--Ha publicado más de 40 novelas. ¿Vive de la literatura? ¿Es tu trabajo cotidiano?
--Sí, vivo de los libros desde hace muchos años. Me han ayudado mucho mis libros para niños y adolescentes, como El inventor de juegos o El buscador de finales, y el hecho de que mis viejas novelas se sigan reeditando.
--Es también un gran lector. ¿Eso viene desde chico? ¿Prefiere leer en papel?
--Desde que tengo memoria me gustó leer. Mis padres, médicos, hijos de inmigrantes, se habían criado en casas sin libros, pero formaron de jóvenes sus propias bibliotecas. A mi padre le gustaban los poemas de Manuel Gutiérrez Nájera y José Asunción Silva y los novelistas rusos; a mi madre, Alfonsina Storni, Borges, Sara Gallardo. Empecé a escribir cuando a los once años mi madre me regaló un libro de Ray Bradbury. Sigo leyendo en papel. No se trata de un mero formato que puede ser reemplazado por otro: el libro es un símbolo y la lectura un ritual.
--¿Qué opinión te merece La cabalgata dentro de su obra? ¿Es algo distinto?
--Frente a mis otros libros, La cabalgata de las valquirias es una novela más realista. A la vez a través de la ceniza volcánica se filtra un elemento gótico (La ceniza volcánica, después de todo, ha estado muy involucrada en la literatura gótica: fue un verano lleno de ceniza aquel en que Mary Shelley escribió Frankenstein). Tengo la impresión de que este trabajo ha gustado, pero los escritores somos muy inseguros y tenemos que descifrar, como detectives, cuando alguien nos elogia, para descubrir si realmente le gustó la novela o si lo hace por buena educación.
--¿Qué lugar ve que ocupan los libros en la sociedad, actual y futura?
--Vivo en Buenos Aires y en lo posible trato de no sacar el auto y de viajar en subte. Cuando veo a alguien leyendo en un vagón del subte me da la impresión de que por ese mínimo acto los libros, que hasta entonces estaban en peligro, han sido salvados.