El Puerto de Bahía Blanca, clave en la estrategia global del país
La estructura existente, sumado a sus características logísticas, lo posicionan como un referente entre todos los demás complejos portuarios de Argentina.
La infraestructura y las capacidades logísticas, consolidan al puerto de Bahía Blanca como un eslabón clave en la cadena de valor de la industria petroquímica, química y energética de Argentina, así como en el comercio exterior.
“El crecimiento de la producción de gas ha impulsado nuevas oportunidades. Recientemente otorgamos una reserva de tierras a Pampa Energía para una planta de fertilizantes que duplicará la capacidad de Profertil, marcando un hito en la expansión de nuestra industria”, explicó Santiago Mandolesi Burgos, actual presidente del Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca.
El titular del puerto, amplió que el polo petroquímico de Bahía Blanca alberga empresas líderes como Mega, dedicada a la separación de gases, y Profertil, productora de urea que utiliza gas proveniente de Vaca Muerta en sus procesos. El impacto del gas no solo fortalece la industria petroquímica, sino que también genera interés en la instalación de nuevas plantas que puedan aprovechar el etano y otros derivados como insumos estratégicos.
“Bahía Blanca sigue siendo un puerto estratégico para proyectos futuros en esta industria debido a su infraestructura y capacidad logística” afirmó.
El petróleo y su impacto
El crecimiento de Vaca Muerta también ha sido un catalizador para la infraestructura relacionada con el petróleo.
En Puerto Rosales, que comparte la vía navegable con Bahía Blanca, se duplicó la capacidad de exportación mediante un ducto de transporte, mientras que TGS y otras empresas invierten en nuevos tanques de almacenamiento de gran capacidad.
“Estas inversiones no solo refuerzan nuestra capacidad logística, sino que también consolidan al puerto como un eje estratégico para la exportación de hidrocarburos en Argentina”, destacó Mandolesi.
A pesar de la decisión de YPF de ubicar su planta de GNL fuera de Bahía Blanca, Mandolesi subrayó la importancia de una visión colaborativa entre los puertos argentinos.
“No somos competidores, somos complementarios. La cooperación con los puertos patagónicos y los del norte, como Rosario y San Lorenzo, permitirá que el crecimiento de Vaca Muerta beneficie a toda la red portuaria del país”, afirmó.
Mandolesi también remarcó la necesidad de desarrollar una estrategia nacional que integre los esfuerzos de todos los actores portuarios para maximizar el impacto de Vaca Muerta en la economía argentina.
Proyectos futuros
El Puerto de Bahía Blanca no solo se enfoca en hidrocarburos, sino que mantiene una posición diversificada al manejar petróleo, petroquímicos, cereales y contenedores.
Esta diversidad lo convierte en un puerto único en su tipo y le permite equilibrar el crecimiento en distintos sectores.
Entre los proyectos futuros, destacan nuevas iniciativas en la separación de gases, el desarrollo de más plantas petroquímicas y la ampliación de las capacidades logísticas para manejar mayores volúmenes de exportación.
“Estamos comprometidos con fortalecer nuestro puerto como un nodo estratégico para el desarrollo industrial del país. Nuestra diversificación nos permite adaptarnos a las demandas de distintos sectores y seguir impulsando el crecimiento regional”, concluyó Mandolesi.
Con inversiones sostenidas, una visión integradora y una ubicación estratégica, el Puerto de Bahía Blanca reafirmó que es un motor clave para la economía de Argentina y el desarrollo de Vaca Muerta.
En tanto, Bahía Blanca apunta a convertirse en un Hub de Hidrógeno de bajas emisiones.
Martin Virdis, coordinador de Desarrollo e Innovación del CGPBB explicó cómo el puerto encara ese camino, con el objetivo final de llegar también al hidrógeno verde.
Lo hizo en uno de los paneles del IV Taller de seguridad y medio ambiente que organizó el Consejo Portuario Argentino.
“Tenemos una oportunidad de desarrollo económico con el hidrógeno, a partir de que Bahía Blanca es un buen lugar en esta materia como principal polo petroquímico, séptimo puerto exportador del mundo, y principal productor de hidrógeno del país”, señaló.
De hecho, de las 400 mil tons de hidrógeno que con emisiones se producen en el país, la mitad tienen origen en Bahía Blanca, que tiene un puerto con una gran diversidad, cerealero y con fuerte presencia de energía, fertilizantes, refinería, exportación de petróleo, en su amplio estuario que incluye a las boyas de Coronel Rosales.
Como se sabe, el desarrollo del hidrógeno, como energía alternativa, despega con las metas globales de transición frente al calentamiento global para reducir gases de efecto invernadero.
Se plantea que para 2050, el hidrógeno verde ocupe 12% del consumo del transporte pesado, para los buques de largo aliento, aviones, plantas de refinería o de producción de acero, por ejemplo.
Hoy el proceso para producir hidrógeno en Bahía es a partir del gas que genera bajas emisiones, la clave es capturar las mismas y almacenarlas geológicamente, lo que lo convertiría en hidrógeno de bajas emisiones para el desarrollo trascendente tanto para el puerto como para la región.
Distinto es el hidrógeno verde que se produce con energías renovables, en base a electrólisis a través de energía solar y eólica. Otra alternativa es el hidrógeno rosa en base a energía nuclear que a nivel internacional tendrá en el futuro su participación.
Advirtió Virdis que ya hay jugadores internacionales en la región interesados en este negocio y si bien Bahía no genera energía por electrolisis y necesita más recursos hídricos; si cuenta en el radio cercano con un importante número de parques eólicos de buen rendimiento.
Como el hidrógeno es muy costoso de transportar, se piensa en la exportación a través del amoníaco o combustibles sintéticos. Precisamente, en Bahía Blanca se produce hidrógeno, amoníaco y combustibles sintéticos.
Y allí Virdis destacó las ventajas del puerto de Bahía Blanca y su hinterland.
Por un lado, está la enorme y eficiente infraestructura. Tiene la posta de inflamables, tres terminales de uso público con combustibles líquidos y petroquímicos, donde cualquier empresa privada puede utilizarlas para importar y exportar.
“Este es un dato sustancial, más allá de que la operación de las terminales sea privada. Así se podría exportar amoníaco y en la medida en que haya crecimiento ya están planificadas nuevas postas para seguir con la filosofía de instalar terminales de uso público, frente a la idea de que cada proyecto privado tenga su terminal”, dijo.
Hoy además de las postas, están las terminales de Mega –que exporta propano y butano, donde amarraba el regasificador e incluso por un tiempo operó una barcaza especializada para exportar- y Profertil –una de las 38 terminales en el mundo que exporta amoníaco- aptas para ese tipo de producto.
Otro punto importante, es que el puerto tiene know how y capacidad con dos terminales para la importación de componentes de parques eólicos, en el caso del desarrollo de hidrógeno verde.
Desde 2017 se importaron equipos para varios parques que movieron unos 40 buques y según Virdis hay pedidos de instalación de nuevos. Hoy a 55 kms. a la redonde de Bahía Blanca hay unos 11 parques eólicos y que cuentan con la ventaja que estar cerca del puerto y esa infraestructura tanto para importar como para exportar. De hecho, una de las empresas productoras de estos equipos con mayor share a nivel global está radicada en su parque industrial.
Por otra parte, YPF y Profertil tienen un proyecto de producir hidrogeno verde, de pequeña envergadura para que la Argentina se incorpore al mercado.
Al mismo tiempo YPF tiene un gran proyecto de hidrogeno azul, que sería en Bahía Blanca para productir 1.200 millones de tons. de amoníaco verde.
Como se dijo, para concretarlo hace falta ubicar el ámbito geológico para almacenar el dióxido de carbono y de concretarse habilitaría inversiones notables en el polo petroquímico.