Bahía Blanca | Jueves, 22 de febrero

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The Strangers Boys, la primera banda bahiense de rock

Contrariamente a lo que suele afirmarse, el movimiento rockero argentino no sólo nació mucho antes de "La Balsa", sino que el fenómeno se multiplicó por todo el país. La historia y las canciones del grupo que fue pionero en Bahía Blanca.

La historia del rock argentino suele ser presentada como un relato del Big Bang: por lo general se tiende a describir un punto de inicio a partir de una explosión decisiva que formó la materia, el espacio y el tiempo de aquel nuevo género musical.

De acuerdo con esa versión casi cosmológica, el origen sucedió en Buenos Aires en julio de 1967, cuando el sello RCA sacó a la venta el primer simple de Los Gatos con las canciones “La Balsa” y “Ayer nomás”, que inesperadamente rompieron los cercos de la popularidad y se instalaron en la memoria emotiva gracias a las más de 200 mil copias vendidas en pocos meses.

Una interpretación alternativa propone situar el instante fundacional casi exactamente un año antes, en junio de 1966, el momento en que Los Beatniks grabaron el sencillo con los temas “Rebelde” y “No finjas más” para la discográfica CBS.

"La balsa", el simple de Los Gatos

Da igual quedarse con una u otra semblanza: ambas -correctas, prolijas, ideales para las efemérides o los homenajes- parecen cumplir exactamente con aquello que el historiador galés Raymond Williams definió como “tradición selectiva”.

Para el autor de Cultura y sociedad cada reseña es “una versión intencionalmente selectiva de un pasado configurativo y de un presente preconfigurado”. A su criterio, las comunidades eligen y acentúan ciertos significados históricos, excluyendo o rechazando otros, según los procesos culturales hegemónicos.

La preeminencia, en este caso, parece estar determinada por la gran concentración e influencia de los archivos gráficos y audiovisuales porteños, que recortaron toda la narrativa a un punto de vista local, ocultando de manera involuntaria lo que sucedió en otras ciudades.

De otro modo es imposible entender cómo quedaron prácticamente en el olvido las decenas de bandas de rock, beat o música progresiva que existieron en diferentes partes del país, casi desde el inicio de los años 60.

Los 4 Planetas, de Mendoza

Hay que sumergirse en los registros para encontrarlas, pero ahí están: Montecarlo y Los 4 Planetas (Mendoza); Los Teen Agers, Los Crazy Boys y Sanders (Córdoba); Dany Alfaro y Los Rockets, Los Halcones y Los Vampiros (Rosario); Los Cluster´s Four y Patas Peludas (La Plata); Jerry y los Hi-Fi (Comodoro Rivadavia); Los Bangs y Los Sabuesos (Tucumán), entre tantas otras.

Muchas de ellas grabaron discos, llenaron teatros, hicieron giras, tuvieron seguidores y conocieron los vértigos del aplauso cuando ni siquiera existía una denominación cercana a “rock argentino”.

Bahía Blanca también tuvo su capítulo en el incipiente fenómeno.

Los orígenes bahienses tuvieron las mismas características que en otras localidades: grupos de entre tres y seis integrantes, en su mayoría jóvenes de clase media sin experiencia escénica, equipados con instrumentos y amplificadores rudimentarios, y una imagen pública marcada por alguna característica distintiva en la ropa o el peinado.

Los Tic Tac

Los recitales, por lo general, incluían una gran cantidad de versiones adaptadas de éxitos internacionales -The Beatles, Elvis Presley, Paul Anka, Los Plateros, Los Teen Tops, Neil Sedaka y Little Richard- junto con algunas composiciones propias, hábilmente intercaladas en los repertorios.

Todos a su vez interpretaban las canciones dentro de una superposición de estilos musicales, en los que el rock and roll se entremezclaba con los sonidos del rhythm and blues, el twist, la balada slow y el pop pegadizo de la nueva ola.

Los memoriosos seguramente podrían mencionar muchos de los grupos que comenzaron a circular por las noches de la ciudad y la región, en una interminable caravana de recitales en clubes, confiterías, salones de baile y fiestas privadas, siempre con lleno total.

Para evocarlos basta con repasar las páginas de La Nueva Provincia de la época: cada fin de semana se anunciaban las presentaciones de Las Cuatro Monedas, Los Vagabundos, The Rangers, Terrón de Azúcar, The Wolf, Las Vestias, Los Tic Tac y Los Rebeldes, por mencionar sólo algunos de los numerosos avisos publicados en aquellos años.

Y entre todas aquellas bandas iniciales, hubo una que bien podría ser calificada como pionera.

The Strangers Boys, en 1963

El relato debe situarse entre fines de 1962 y comienzos de 1963, cuando los músicos de Los Twist Boys -Luis Carlos Palma (batería), Alberto Guarda (guitarra), Luis Pasqualini (voz), Víctor Russin (bajo) y Carlos Cam (guitarra)- decidieron rebautizarse como The Strangers Boys justo antes de su actuación en los carnavales del club Olimpo.

“Cuando iniciaron los primeros ensambles, la línea musical se asemejaba a la de Los Cuatro Amigos. Pero por poco tiempo. El público los conoció con un estilo considerado en cierta manera como propio”, explicaba un artículo de este diario a principios de 1967.

Sus canciones -cercanas al beat, con influencias del twist y el surf rock- pronto comenzaron a destacarse en la cartelera local: a partir de una interpretación ajustada con buenos arreglos vocales y una imagen atildada, que incluía riguroso saco y corbata en escena, la carrera del grupo fue superando etapas casi sin dificultad.

Actuación en Telenueva

Luego de transitar los circuitos bailables de la ciudad, fueron invitados a presentarse en LU2 y Telenueva, realizaron giras por toda la región, llegaron a Mar del Plata y hasta participaron en 1965 de un festival solidario en el Luna Park, a beneficio de las víctimas de inundaciones en Chile.

El ansiado momento de la grabación, que en muchos casos era equivalente a una consagración, sucedió un año más tarde, cuando ingresaron a estudios para registrar “Vueltas y más vueltas con The Strangers Boys”, un doble de 33 rpm con cuatro canciones, editado por el sello Discosol.

El resultado final fue un álbum armónico, fresco y prolijo, claramente ubicado dentro del espectro del beat romántico.

En el Lado 1 del disco incluyeron “Vueltas y más vueltas” (una versión de “Turn, Turn, Turn”, del estadounidense Pete Seeger) y “Miénteme” (del compositor chileno Sergio Irostroza), mientras que en el Lado 2 registraron “Muchacho triste y solitario” (“Lonely blue boy”, de Ben Weisman y Fred Wise) y “Huli-Huli a Gogó” (adaptación de “Wooly Bully”, de Sam The Sham).

Aún con las limitaciones técnicas de la época -que pueden dejar en los oyentes la percepción de un sonido austero, con cierta falta de texturas- el trabajo tiene un valor excepcional: a menos que se demuestre lo contrario, “Vueltas y más vueltas con The Strangers Boys” es el primer disco de la historia del rock de Bahía Blanca.

Son escasos los datos existentes acerca de la grabación, en buena medida porque Discosol tuvo una corta trayectoria en la industria musical. En los pocos años que funcionó desde la localidad de Temperley, aproximadamente entre 1965 y 1968, el sello editó LPs, simples y dobles de artistas como Los 5 Griegos, Los Parcos, Jimmy Dreyan y Los Juniors, con una tirada promedio de 300 copias en cada caso.

La placa de los bahienses fue publicada bajo el número de catálogo 4004-66, con una foto de tapa en blanco y negro en la que aparecen todos sus integrantes parados sobre una escalera, trajeados y sonrientes, mientras tironean entre ellos con los mangos de sus paraguas.

“El juvenil conjunto The Strangers Boys, nacido en la muy importante ciudad de Bahía Blanca hace ya seis años. Sus componentes: Pocho (Batería), Beto (1ra. Guitarra), Rony (2da. Guitarra), Vikingo (Bajo eléctrico) y Yany (Vocalista) contaban para triunfar musicalmente con tres factores decisivos: talento, voluntad y entusiasmo. Fue por ello que en poco tiempo, superando el ámbito local, fueron conquistando el aplauso de todos los públicos que gustaron y siguen gustando su exquisito arte y magníficas interpretaciones”, se anuncia orgullosamente desde la contratapa del disco.

 

“Hoy, el conjunto rítmico The Strangers Boys, por intermedio de la empresa grabadora argentina Discosol, se acerca a través del disco, poniéndose en contacto con nuestra maravillosa juventud de todo el país para brindarle cuatro hermosos temas, que sin lugar a dudas, se constituirán en cuatro impactos musicales. Muchas gracias”, completa el texto de la discográfica.

Entre las pocas copias que aún existen, una se encuentra a buen resguardo en la colección del reconocido musicalizador Carlos Rivas Wilsen, quien define a The Strangers Boys como "una banda pionera" en la historia musical de la ciudad.

"Sonaban muy parecido a The Shadows, un grupo inglés anterior a Los Beatles. Inclusive tocaban un tema instrumental de ellos, Estrella azul. Recuerdo haberlos visto en el salón Bariloche de Olimpo, la confitería La Central y en el club Social de Monte Hermoso", enumera. 

Tras la publicación del disco, el grupo retomó sus presentaciones en vivo, a la vez que comenzó a preparar el material para una segunda grabación, programada para marzo de 1967. Pero los planes debieron modificarse inesperadamente: la firma Eurotel, propietaria de una cadena de hoteles en Europa, los contrató para actuar en diferentes regiones de España durante ocho meses.

El debut fue el 25 de marzo en Palma de Mallorca y continuó por Madrid, Barcelona, Zaragoza y Valencia, con buena recepción del público y los medios.

Es interesante observar que los bahienses iniciaron una gira internacional casi cuatro meses antes de que el rock argentino tuviera su bautismo oficial con el simple de "La Balsa".

La gira por España en 1967

Pese al éxito obtenido en los escenarios españoles, el tour marcó el final de la trayectoria de The Strangers Boys: algunos de sus integrantes, como Luis Pasqualini, Víctor Russín y Luis Palma, decidieron radicarse en Europa.

La misión musical, de todos modos, ya estaba lograda.

El rock de Bahía Blanca había demostrado que estaba para quedarse.