Un casona que respira cultura
Conocida como La Casa de la Cultura, la propiedad fue adquirida en 1956 por la Cooperadora de la Universidad Nacional del Sur
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
Hace 67 años, en agosto de 1956, la Cooperadora de Estudiantes de la Universidad Nacional del Sur (UNS) anunció la compra de la casona ubicada sobre la avenida Alem al 900, en un terreno de 4 mil m2 y con una superficie cubierta de 750 m2.
Desde el momento de decidirse su adquisición, el inmueble ya tuvo fijado su destino: ser destinado a la instalación del Instituto de Edafología e Hidrología de la universidad. En ese mismo lugar se guardaría todo el material e instrumental científico adquiridos también por esa entidad, al tiempo de servir de residencia para los profesionales edafólogos que viniesen a trabajar a la ciudad.
La adquisición se hizo en 730 mil pesos y al igual que con otros bienes adquiridos, la Cooperadora lo cedería a la UNS apenas obtuviese la propiedad definitiva.
La casona en cuestión, que en la época se mencionó como “un antiguo pero bien conservado edificio” había sido adecuada por el arquitecto Manuel Mayer Méndez a fines de la década del 40, luego de ser adquirida por el abogado Mario Olaciregui, que decidió acondicionar lo que era parte del antiguo casco de la quinta Coelho con un lenguaje neocolonial, muy de boga en la época. Muros blancos, cubierta de tejas, una rica rejería, revestimientos cerámicos, patios con pisos de baldosas rojas son algunas de las características propias de ese estilo. Olaciregui bautizó al lugar como “El buen retiro”.
A principios de la década del 80, la universidad decidió darle un nuevo uso y destino al lugar. Para eso realizó un importante trabajo de puesta en valor, suprimió intervenciones interiores inadecuadas y decidió que el sitio sirviera para la realización de eventos culturales, de allí el nombre de Casa de la cultura, que lleva desde entonces, además de ser sede de la Fundación de la UNS.