Bahía Blanca | Viernes, 12 de agosto

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124 años apostando a la calidad de los contenidos

Hoy, en medio de esta revolución digital, no hay dudas de que una sociedad sin medios profesionales es una sociedad muda y confundida por el ruido de las redes y las falsedades. 

Fotos: Emmanuel Briane-La Nueva.

   Las tecnologías revolucionan constantemente el mundo del periodismo.

   Como consecuencia a esta digitalización, se han producido numerosos cambios en el sector tradicional. Esto alberga desde la forma de trabajar a la manera de organizarse.

   No obstante, la tecnología también supone una ventaja para los profesionales, ya que les proporciona mayor rapidez a la hora de analizar y buscar información, que luego se vuelca en las distintas plataformas actuales.

   La Nueva es la única publicación local que ha puesto sus pies y sus letras en tres siglos distintos. La primera edición salió a las polvorientas calles bahienses un lunes, el primero de agosto de 1898. La última hoy, un domingo de 2022.

   Su aparición no fue el principio del periodismo bahiense, pero si el de su consolidación, a partir de un estilo, de una seriedad y de una continuidad hasta entonces ausente.

   Para Bahía Blanca es además un documento de valor inconmensurable, sobre todo asumiendo aquella sentencia que indica que el periodismo escribe (y publica) el primer borrador de la historia.

   O como señaló Albert Camus, el periodista es, acaso sin saberlo, el historiador del instante. Ese instante que registra, con sus ojos, con su interpretación, con su afán informativo, es el sitio al que recurren los historiadores a la hora de escribir sus libros y analizar hechos, pesares y glorias.

   A lo largo de más de un siglo, La Nueva ha tratado siempre de estar a la vanguardia tecnológica en etapas de grandes cambios: la impresión en off set, la incorporación del color o la llegada pionera, en 1996, de nuestra página web, que desde entonces ha acumulado millones y millones de visitas, replicando en el plano digital la calidad de referente indiscutido que siempre ha tenido la edición impresa del diario.

   Hoy, fieles a nuestro espíritu de superación, seguimos avanzando en uno de los procesos de modernización más profundos: el desafío que impone y, a la vez permite, el mundo digital.

   Como todos los diarios del mundo, La Nueva está atravesando la muy profunda y, por momentos, muy ardua transformación que ha impuesto el tsunami digital que comenzó como una brisa hace 25 años y que se aceleró a una velocidad impensada durante los últimos cinco a partir de los dispositivos móviles.

   Bajo un renovado ímpetu y el talento y el trabajo de nuestra gente, en La Nueva se transita el camino de las principales empresas periodísticas del mundo, invirtiendo recursos para atender las necesidades de información de sus lectores tradicionales y de sus lectores-usuarios digitales, de la forma y en el instante en que ellos lo prefieran.

   Sabemos que no es lo mismo leer el diario en papel, mirar una computadora de escritorio, usar un teléfono o disfrutar de una tableta cómodamente en casa. Cada uno de estos medios tiene sus propios usuarios, su propio lenguaje para conversar con ellos: su forma de ser.

   La Nueva, entonces, es cambio pensando en sus lectores, pero también es otra cosa. Ahora más que nunca, es una decisión. La decisión de volver, como hace más de cien años, a poner la confianza, la tenacidad y los recursos acá, en nuestra ciudad, en nuestra zona, al servicio de nuestros vecinos y del desarrollo.

   Lo esencial de La Nueva es su apuesta al futuro común, que se resume en que nosotros, los periodistas, podamos ofrecer la información que ustedes necesitan, cuando la necesitan y dónde la necesitan, en búsqueda del crecimiento común.

  Y la realidad hoy indica, claramente, que la enorme mayoría de los lectores en el mundo prefieren las plataformas digitales para informarse y que es allí donde el futuro de la industria periodística se ve más despejado y donde existe un fuerte compromiso para seguir alimentando las necesidades informativas y de entretenimiento de nuestras audiencias que crecen día a día.

   Por supuesto, el formato impreso sigue siendo el núcleo de nuestro ADN periodístico, de manera que el esfuerzo por hacer el mejor diario papel posible se mantendrá inclaudicable como hace 124 años, gracias a la calidad de nuestros periodistas y demás personal.

   En La Nueva estamos convencidos de que una ciudad requiere de un medio tradicional que la interprete porque de lo contrario perderá su voz en las mesas de discusiones que ocurren más allá de sus fronteras.

  En un mundo invadido por la circulación de informaciones falsa, inútiles, irrelevantes o maliciosas, tomar decisiones es más riesgoso, y, en consecuencia, nosotros, los medios profesionales, mucho más necesarios.

   Nunca el periodismo profesional fue más relevante para los ciudadanos y la República que hoy, al punto que no es exagerado decir que podríamos estar en el inicio de una enorme época dorada del periodismo de calidad.

   Desde este convencimiento, en La Nueva estamos comprometidos en seguir honrando la confianza que nuestros lectores depositan en nosotros, independientemente de la plataforma que utilicen para leernos, una computadora, un teléfono inteligente o el muy querido y todavía vigente “diario de papel”.

   Hoy, en medio de esta revolución digital, no hay dudas de que una sociedad sin medios profesionales es una sociedad muda y confundida por el ruido de las redes y las falsedades.

   Desde La Nueva creemos que esto debería ser comprendido por el conjunto de los actores públicos y privados, en momentos en que los vaivenes económicos y la crisis del modelo publicitario tradicional pone en jaque a la mayoría de los medios y periodistas profesionales que, aun así, siguen apostando a la calidad de sus contenidos, impulsados por su ineludible responsabilidad institucional.