Bahía Blanca | Sabado, 24 de febrero

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En un abrir y cerrar de polvos

El sexo para que sea algo así como de calidad requiere conocimiento y comprensión de los gustos y ritmos del otro.

   Al momento de mantener un encuentro sexual y especialmente en los momentos previos las expectativas, las ilusiones y hasta las esperanzas juegan un rol clave, porque si bien el deseo y las ganas son los que motorizan la acción, aspectos subjetivos entran en juego.

   Cuando se conoce a alguien y se decide tener un encuentro sexual de forma casi inmediata todos estos factores se potencian, lo mismo sucede con quienes establecen citas de manera online. Las expectativas parecieran mayores porque se desconoce al otro, y generalmente preferimos imaginarnos siempre lo mejor.

   Es habitual imaginarse que el encuentro será de largo aliento, es decir que la mente tiende a suponer que habrá juegos, reciprocidad, varios orgasmos, un sueño y consecuentemente despertar con un buen mañanero.

   Pero ¿qué pasa cuando sucede todo lo contrario y prácticamente no hay registro? ¿Cómo manejarse cuando la relación es unidireccional o netamente machista y se persigue el propio placer? Y lo peor ¿qué hacer cuando al cabo de dos o tres envestidas, como si fuera literalmente un conejo, se desploma?

   Una cosa es la eyaculación precoz, que ocurre a los dos minutos de penetrar a la pareja y se la considera una disfunción, pues no se la puede controlar y ante el mínimo estímulo se acaba. Distinto es cuando de forma premeditada realiza un acto como un trámite exprés. No es agradable quedar en la cama con el otro derrumbado encima y la mujer todavía siquiera comenzó.

   El sexo para que sea algo así como de calidad requiere conocimiento y comprensión de los gustos y ritmos del otro. En pleno siglo XXI sigue siendo habitual esta modalidad de penetrar sin cuidado, sin lubricación, acabar y echarse a dormir.

  Machismo, egoísmo, ignorancia, falta de comunicación son algunas de las características, si bien cada mente es un mundo cada pene y cada vagina también. Si bien cada uno debe tratar de alcanzar su propio orgasmo y siempre promuevo el autoconocimiento, muy desagradable es yo acabo y vos arréglate.

   Si el hombre es de tiempo corto, y se maneja como conejo es algo que debiera comunicar o al menos actuar de forma tal que la otra parte disfrute, experimente placer, alcance el orgasmo tal vez por el uso de juguetes, de sexo oral o de los dedos y luego ahí empezar con la penetración.

   Seguramente en más de una ocasión pensás "¿qué hago acá?” y el deseo es el de salir corriendo; habrá que evaluar si se dedica tiempo a la comunicación y los acuerdos o que el evento pase al olvido en un cerrar y abrir de polvos.

   Hasta el próximo encuentro. Lic. Magda.