Bahía Blanca | Viernes, 09 de diciembre

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Perillo y Marcovecchio, los investigadores de la ciudad que eligió la Academia Nacional de Ciencias

Poseen una extensa trayectoria en el Conicet, el IADO y la UNS. Están relacionados con la oceanografía, la geología y las ciencias biológicas con orientación marina. Serán distinguidos en 2023

Los Dres. Gerardo Perillo (izq.) y Jorge Marcovecchio, en la biblioteca del diario La Nueva. / Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   “Es un orgullo que muchos de los chicos que se iniciaron con nosotros, que ya son investigadores principales, o independientes, están en niveles más altos de nuestro escalón”, dice el Dr. Gerardo Miguel Eduardo Perillo.

   “Eso indica que el trabajo ha valido la pena, porque si hubiera sido importante pero cerrara en nosotros mismos, no serviría de nada. La idea es hacer historia hacia adelante y dejar grupos funcionando para cuando no estemos. Eso le da sentido a todo”, añade el Dr. Jorge Eduardo Marcovecchio.

   Se trata de investigadores que interactúan en distintos organismos científicos de nuestro medio y que fueron elegidos como Académicos Correspondientes por la Academia Nacional de Ciencias. Se prevé que el acto se celebre luego de marzo de 2023.

   Como se aprecia, ante la distinción, los científicos eligen ponderar el legado.

   Perillo —nominado en representación de Bahía Blanca, aunque nació en Buenos Aires— es licenciado en Ciencias Geológicas, Investigador Superior (Conicet) en el Instituto Argentino de Oceanografía (IADO) y profesor extraordinario consulto en la Universidad Nacional del Sur. Sus áreas de investigación son la geomorfología y la dinámica de los ambientes costeros y continentales (estuarios, humedales, playas, ríos y lagos) y la dinámica del transporte de sedimentos.

   Como licenciado en Ciencias Biológicas con Orientación Marina de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Marcovecchio —fue elegido en representación de aquella ciudad, donde mayormente reside— obtuvo el doctorado en Ciencias Biológicas en la misma institución. Luego realizó el posdoctorado de Química Ambiental en la Universidad Ehime, en Japón. Actualmente, es director del Instituto Argentino de Oceanografía (IADO), que interactúa con el Conicet y de la UNS en Bahía Blanca.

Dr. Jorge E. Marcovecchio.

   “¿Si me sorprendí con la elección? Claro. Siempre sucede con estas situaciones porque vos no te proponés para esto, sino que lo hacen tus pares”, sostuvo Marcovecchio.

—¿Qué cambia en sus vidas a partir de ahora?

—JM: No mucho. Por ahí uno puede tener algo más de responsabilidad. Y es una instancia interesante para cuando ya no esté en el Conicet o en la universidad. En la ANC uno trabaja ad honorem y no tiene plazos; es otro ámbito.

   “También es estar relacionados con los científicos más destacados de la Argentina de todas las disciplinas. A veces estamos muy contactados con los nuestros, pero en la ANC los tenés a todos. Es una forma de oír otras voces; eso también te abre (sic) la cabeza”.

   —GP: Hay otras distinciones a nivel internacional, pero creo que en la Argentina la Academia Nacional de Ciencias es la más prestigiosa que existe. Fue la primera que se formó, la fundó (Domingo Faustino) Sarmiento en 1869 y reúne a gente de todas las disciplinas.

   —JM: Otra dimensión sobre la ANC es que Charles Darwin fue elegido miembro (NdR: 1878-1882).

—¿Qué hace exactamente un científico?

—JM: A esta altura mi tarea es de coordinación con el grupo de investigadores. Pero a lo largo de la vida hacemos trabajo de campo; salimos en una lancha o vamos a una playa o muelle y tomamos muestras. Luego volvemos al IADO, donde trabajamos en laboratorios y estudios y, finalmente, nuestra forma de transmitir los conocimientos es a través de publicaciones científicas.

“Aún me quedan cosas por hacer, pero necesitaría un par de reencarnaciones para poder concretarlas”, dijo el Dr. Perillo.

   “Tenemos una actuación importante en recursos humanos. Trabajamos con becarios, que son los futuros investigadores y que, probablemente, lleguen a doctorarse. También actuamos junto a quienes se inician; dirigimos tesis doctorales; y damos cursos de grado y posgrado, siempre relacionados con nuestra propia línea de investigación”.

   —GP: Es algo semejante, a excepción del laboratorio. Trabajamos más con procesos físicos y con datos. Ahora estamos con un número importante de gente, de alrededor de 30 personas entre investigadores, becarios y personal de apoyo del IADO, del Conicet y de la UNS. Trabajamos en equipo con mi esposa, la Dra. (María Cintia) Piccolo, desde hace 46 años en forma simultánea en proyectos nacionales e internacionales.

   “Esto nos ha permitido avanzar en forma significativa en nuestras carreras y, lo más importante, haber hecho crecer a los jóvenes que se iniciaron”.

—¿Cómo se trabaja en ambientes como el IADO, el Conicet, la UNS y otras instituciones?

—JM: Bahía Blanca tiene algo muy singular para la Argentina: aquí están desarrolladas todas las disciplinas. Entonces, interactuar hace la tarea más fácil. Todo está cerca y el tamaño de la ciudad lo permite; en Buenos Aires es más complejo.

“Bahía Blanca tiene algo muy singular para la Argentina: aquí están desarrolladas todas las disciplinas", señaló el Dr. Marcovecchio. 

   “Además, el nivel de los investigadores es muy alto. Cuando uno mira los registros de publicaciones del Conicet o de la UNS comprueba que los grupos de trabajo son muy buenos. De la mano de quienes están al lado es más fácil crecer; por el contrario, ni hablar de intentar hacerlo en un mismo ámbito y te hacen la contra”.

   —GP: Cuando existe un buen equipo no es uno más uno o dos más dos, sino 2 al cuadrado o 2 al cubo. Es decir, se lograr mucho más. Incluso, esto nos ha permitido trabajar en áreas interrelacionadas.

   “Cuando empecé nunca me imaginé que trabajaría con un biólogo, pero con el tiempo aprendí que si no atacaba el problema tanto del aspecto físico, geológico como químico y biológico, desde distintas visiones, no tendría éxito. Este formato se potenció muchísimo.

  “Lo mismo pasó cuando empezamos a integrar economistas, geólogos, sociólogos y antropólogos y se sumó el trabajo con las comunidades. Ahora se llama ciencia ciudadana y tiene la intención de que las comunidades se desarrollen a partir de encontrar soluciones a sus propios problemas. Es decir, que ellos se las aporten a quienes toman decisiones. Esto me impactó; tampoco pensé que iba a poder lograr la transmisión de lo que estábamos haciendo en forma directa a la comunidad.

   “Ahora tenemos un proyecto financiado por Pampa Azul. Es un programa del ministerio de Ciencia y Tecnología, en el cual trabajamos con 16 organizaciones, asambleas y oenegés de la provincia de Buenos Aires, a partir de la toma de datos en la costa bonaerense. Obtener la información por sí mismo es muy importante, e invaluable cuando uno analiza trayectorias, porque no queda solo en un conjunto de papers que leen 20, 30 o 50 personas nivel mundial”.

   —JM: Como no soy de acá (NdR: nació en Mar del Plata) aporto otra visión sobre algo que percibí en forma rápida. Históricamente, la sociedad de Bahía Blanca ha tomado a los científicos y a los profesores de la universidad como referentes. Esta particular característica ha permitido que el conocimiento se vuelque a la sociedad.

   “Hoy se trata de una política que se intenta implantar en todo el país, pero acá sucede desde hace décadas. Esto es, se decidió hacer sin que nadie lo implementara”.

—¿Cuáles son los proyectos a futuro?

—JM: Mi deseo es poder trabajar sin líneas de tiempo, sin obligaciones de cumplir para tal día, y hacerlo abiertamente y en forma libre. Y tengo un viejo proyecto de escribir un libro sobre el Antropoceno, el período geológico con el hombre en la tierra, del cual tengo borradores desparramados por varios lados y que, alguna vez, reuniré y le daré forma a una publicación. Y también quisiera empezar a viajar por placer, y no por trabajo, como lo he hecho en este tiempo.

Dr. Gerardo M.E. Perillo.

   —GP: En realidad, el trabajo científico es un hobbie para mí, pero tengo un hobbie de mi hobbie: las playas. En los últimos años, mientras estaba activo formalmente, fui preparando todo para mantener los proyectos de investigación a partir de los procesos dinámicos. Hoy estoy en Pehuen Co, que es mi lugar en el mundo, donde incluso tengo una casa. Otro tema: Empecé como cinco veces un libro sobre playas y, alguna vez, me gustaría terminarlo. 

   “También me interesa el secuestro de carbono en planicies de marea. El estuario de Bahía Blanca principalmente lo es. Lamentablemente, en los estudios no se ha tratado lo suficiente sobre cuánto es el secuestro de carbono, pero en los últimos años hemos descubierto que el nivel es tan grande como el de las marismas y de los manglares”.

De quiénes se trata

—Gerardo Miguel Eduardo Perillo (71) está casado con María Cintia Piccolo, investigadora superior del Conicet. Son los padres de Mauricio (38), licenciado en Física y doctorado en Geología y que reside en los Estados Unidos, y de Vanesa (35), quien es doctorada en Biología del Conicet y vive en nuestra ciudad.

—Jorge Eduardo Marcovecchio (67) está casado con Silvia de Marco, quien es profesora de Biología. Son los padres de Diego (34), licenciado en Ciencias de la Computación, quien reside en Buenos Aires; de Santiago (32), que está relacionado con la industria alimenticia (Agustín, de 8, y Donato, de 10 meses, son sus hijos) y de Federico (31), vinculado a la informática, ambos con residencia en Mar del Plata.