Horas decisivas, con teléfonos calientes y roscas subterráneas

24/7/2021 | 07:00 |

La columna semanal de Ricardo Salas, corresponsal de La Nueva. en la capital provincial.

Archivo La Nueva.

Por
Ricardo Salas

   La presentación de las listas de candidatos echó a correr el reloj de la carrera electoral que finalizará en las elecciones generales de noviembre, previa parada en las PASO una suerte de “semifinal” prevista para el 12 de septiembre. 

   Las llamadas elecciones de renovación legislativa, de medio término, se darán en un contexto de pandemia y crisis económica, con el fin de año como telón de fondo.  

   Para esa fecha el gobierno bonaerense de Axel Kicillof habrá transcurrido la mitad de su mandato, con el objetivo de mejorar las condiciones políticas que le permitan transitar más cómodo los dos próximos años de gobierno. 

   Hasta ahora el kirchnerismo debió gobernar la Provincia con una piedra en el zapato, que es la mayoría que ostenta la oposición de Juntos por el Cambio -ahora "Juntos"- en el Senado bonaerense, clave a la hora de tratar las leyes claves de la gestión, y sobre todo, los acuerdos para la designación de los funcionarios de la justicia, entre otros. 

   Por su parte la tarea de la oposición no será sencilla, porque deberá evitar que el gobernador logre llegar a la mayoría legislativa propia, y para ello tendrá que competir contra sí misma, buscando revalidar la elección de 2017, cuando la entonces alianza de Juntos por el Cambio logró la mejor performance, por encima de la que la depositó en el poder en 2015. 

   Hoy por hoy es muy temprano para hacer pronósticos, y más aún cuando en una de las coaliciones seguramente tendrá compulsa interna. Esta confrontación doméstica le dará a Juntos un mayor volumen político, pero habrá que ver al final de la carrera si los pedazos se vuelven a unir. 

   Por ahora, lo único cierto es que, según las primeras encuestas que se conocen en las diagonales, la pelea en la Provincia está pareja, con una leve ventaja para el oficialismo gobernante, pero lejos de los guarismos que dejó la elección de 2019. 

  La ventaja comparativa que tiene el Frente de Todos frente a la oposición, es que, pese a su heterogeneidad de origen, cuenta con un elemento central y ordenador, que es la figura de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. 

   En principio, el oficialismo gobernante parece estar más ordenado, pero no habría que descartar alguna sorpresa. Se sabe, sobre la mesa chica de definiciones políticas, CFK tiene un protagonismo adicional y es “amiga de las sorpresas”.  Claramente, son horas de teléfonos calientes y roscas subterráneas por el armado de las nóminas seccionales para las legislativas bonaerenses. 

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   Si bien la intención del gobernador Kicillof es tocar lo menos posible su gabinete, se sospecha que “un par” de ministros puede tener que aportar para ir a “jugar” en las legislativas. De hecho, desde usinas internas de la Casa Rosada se dejó trascender que la platense Victoria Tolosa Paz ya tendría quién la secunde en la lista de diputados nacionales por la Provincia y, que el elegido sería el ministro de Salud, Daniel Gollan, para representar durante la campaña electoral todo lo relacionado a la respuesta sanitaria estatal ante la amenazante pandemia. 

   A diferencia de la oposición, la gobernación de calle 6 remarcan estar enfrentando una situación de “doble pandemia”; con el plan de vacunación se está atacando el Covid-19 y al mismo tiempo, la crisis económica y social que, afirman, dejaron Mauricio Macri y María Eugenia Vidal en la Provincia. 

   En la vereda de enfrente la olla está en ebullición, y varios proyectos presidenciales conviven y compiten. Habrá que ver finalmente si las PASO logran definir nuevos liderazgos. ¿Será el proyecto del jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, el que logre imponerse finalmente? ¿O será un nuevo renacer del radicalismo, con Facundo Manes y Martín Lousteau como banderas? ¿Podrá colarse algún gobernador, como el jujeño Gerardo Morales? 

   Estas preguntas comenzarán a develarse en septiembre. Y otra pregunta podría hacerse, en virtud de los números parejos que marcan la interna de Juntos. ¿Si gana el neurocientífico Manes, estará dispuesto el PRO a acompañar un proyecto político que no tenga el liderazgo “amarillo” de uno de los suyos? 

   Por eso, todos los caminos dentro de la principal alianza opositora en territorio bonaerense, ahora denominada Juntos, parecen conducir a una competitiva confrontación interna entre Manes, el médico radical, y el vicejefe de gobierno porteño, Diego Santilli, en una elección que, a priori, se definirá “por puntos”.  

   Sin dudas, la nota de color política semanal fue, sin dudas, la foto con el color de pelo de Santilli que la dirigencia del PRO se encargó de viralizar por redes sociales para anunciar la precandidatura del “colorado” en la Provincia. 

   Finalmente, y más allá de estas especulaciones sobre quiénes liderarán la política de los próximos años, lo cierto es que el destino de la Provincia más importante del país, parece estar supeditado a una estrategia nacional, que se cocina a fuego lento en los restaurantes de la Ciudad de Buenos Aires. Y acá no hay diferencia de partidos.   

   En este contexto preelectoral, ambas coaliciones coinciden en algo: que no quieren ser gobernadas por la otra. La política se juega de esa manera y ya se percibe una vibración energética distinta porque se abren las puertas de par en par para las campañas electorales. 

   Se sabe, la pandemia agravó y visibilizó la crisis social, Eso sumado a la inflación y la falta de trabajo, por ahora provoca cierta apatía ciudadana por concurrir a las urnas.

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