El adios al cine Astral
Fue parte de la oleada de cierres de cines en los 60 y 70.
Mario Minervino / mminervino@lanueva.com
Hace 54 años, en diciembre de 1967, cerró sus puertas el cine Astral –Brown 182—una de las salas tradicionales de la ciudad.
La historia del Astral se inició en 1908, como sala “Coliseo”, mencionada como “el pequeño teatrito de la calle Brown”, donde los bahienses concurrían en buen número a presenciar una interesante variedad de espectáculos.
En 1922 la sala fue adquirida por el empresario porteño Max Glucksman, propietario de una cadena de cines en todo el país, quien modernizó el lugar con calefacción, ventilación artificial y “piso en pendiente, con lo cual responde a nuestra moderna sociedad”.
Lo rebautizó Palace Theatre y lo estrenó con el filme Los enredos de Anatolie. En 1924, Glucksman presentó en el lugar al cantor Carlos Gardel, uno de los artistas que representaba a través de su sello Odeón.
El Palace Theatre fue vendido en 1928 a Miranda Bini y Ru y en 1936 pasó a manos de Enrique Andrenacci, quien le cambió su nombre por el de Cine Astral. En 1943 fue adquirido por Samuel Scheines.
A principios de la década del 60, Scheines reacondicionó la sala para funcionar como teatro, de manera de ofrecer una alternativa diferente. Para ello, renovó las 500 butacas, colocó una “adecuada calefacción” y contrató, para la función inicial, a Los Cantores del Alba.
Pero el esfuerzo no fue suficiente para evitar el final: el 17 de diciembre de 1967, el Astral terminó su historia, como resultado de un conjunto de factores entre los cuales se incluyó, por cierto, la aparición de la TV.
Fue la cuarta sala en cerrar sus puertas en esa época, luego del Odeón, el Gloria y el Rossini. Anticipándose al Ocean, el Palacio del Cine, el Grand Splendid, el Bahía y el cine Unión.
Lo hizo con el film The Vikings, protagonizada por Kirk Douglas y Tony Curtis, en una programación continuada de 14 a 24