Bahía Blanca | Miércoles, 29 de junio

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Casas que se despiden

   Un modesto frente, una medida ornamentación. Una de las tantas viviendas que van dejando su lugar, luego de un siglo de existencia. Zelarrayán 254.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com / Twitter: @mrminervino1

   Calle Zelarrayán 254. Una fachada modesta, simple, de poco frente y una entrada lateral para el carruaje. Es simple advertir que data de principios del siglo XX y que fue construida específicamente para alojar un local comercial en su planta baja.

   Una foto de 1939 (gentileza Archivo de la Memoria de la UNS) da cuenta de la presencia de una "panadería y facturería". Con el tiempo fue innumerable la cantidad de negocios que la ocuparon.

   Tiene sobre la parte alta un frontis curvo e interrumpido, estética heredada del barroco, que se encargó de dar movimiento y tensión a un elemento clásico como es el frontis de los templos griegos originados por la cubierta de doble agua y recuperados como ornamento por los arquitectos del Renacimiento.

   En el remate una serie de ornamentos, atractivos y curiosos, parte de la voluntad de asumir que una fachada era un elemento artístico, que ameritaba ser decorado, a veces con más simpleza, a veces con menos.

   Ya está en pleno proceso de demolición, sin cartel de obra que indique quien es responsable, sin cumplir la normativa en la materia. En pocos días será apenas un recuerdo. Por eso estas fotografías, con su capacidad de materializar “estar aquí de lo que ya no está”.

   No es una casa de valor patrimonial. Se demolición es parte del ritmo propio de las ciudades que crecen, se modernizan, generan nuevos espacios. Lo cual no significa que no merezca este pequeño homenaje. Son muros de ladrillos y cubiertas de chapa, que generaron espacios que contuvieron historias, alojaron proyectos y familias. Es algo más que un inmueble. También despide historias de vida. Fue parte del paisaje urbano durante más de un siglo.